¿En qué estación está tu alma?

Reflexiones Diarias

Reflexiones de las Buenas Nuevas:
Haciendo que las escrituras sean significativas
para tu vida diaria.

por Terry Modica

“Hemos sido resucitados a la vida eterna aceptando el sacrificio de muerte de Jesús por nuestros pecados.”

Reflexión de las Buenas Nuevas para:

Viernes de la 34ta. Semana del Tiempo Ordinario
Noviembre 25, 2022

Oración para hoy:

Señor: dame tu luz para discernir tu paso por mi vida. Enséñame a reconocer tu voz y con tu gracia te seguiré, donde Tú quieras llevarme. Amén.

SaintsCitas de Santos:
gnm-es.org/SaintQuotes/

Lecturas de hoy:

Apocalipsis 20, 1-4.11–21, 2
Salmo 84 (83), 3-6a.8a (con Ap 21, 3b)
Lucas 21, 29-33
bible.usccb.org/es/bible/readings/112522.cfm

¿En qué estación está tu alma?

El Año Litúrgico es una serie de temporadas espirituales. Estamos por comenzar la Temporada de Adviento, la cual nos impulsa a un nuevo año espiritual al prepararnos para el renacimiento de Cristo en nuestras vidas. La Temporada de Navidad, la cual comienza en la víspera de Navidad y termina con el Bautismo del Señor, nos recordará que Jesús se convirtió en uno de nosotros para mostrarnos el camino al cielo.

Luego comienza una nueva temporada del “Tiempo Ordinario”. En realidad no es nada “ordinario”; es “ordenado” para ser una temporada de enseñanzas con Jesús como nuestro maestro. La Cuaresma pronto interrumpe esto para darnos una temporada hecha para examinar qué tan bien estamos viviendo lo que Jesús enseña. Esto nos lleva a la Semana Santa, cuando le entregamos a Jesús todas las maneras en que hemos rechazado sus enseñanzas.

El domingo de Pascua entramos en una temporada hecha para celebrar nuestra victoria sobre el pecado mientras continuamos nuestro viaje de santidad. Esta temporada termina con Pentecostés, cuando nos volvemos a comprometer con la vida interior del Espíritu Santo de Cristo, quien nos da el poder para aprender más y vivir de mejor manera los caminos de la santidad. Es entonces que las lecciones del Tiempo Ordinario vuelven a comenzar hasta el fin del Año Litúrgico.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos da la higuera como una ayuda visual para entender las temporadas de nuestra fe. Las higueras producen frutos tanto en primavera como en otoño. Ya que los discípulos, como otros judíos, creían que el Mesías traería el Reino de Dios durante el tiempo de Pascua, Jesús usó la higuera para remarcar una idea puntual: Su sacrificio de muerte el día después de la Pascua judía sería la primera cosecha del Reino de Dios. Su fruto es nuestra liberación de las consecuencias mortales del pecado.

La segunda cosecha es el fruto del otoño. Vemos una imagen hermosa de esto en la primera lectura del día de hoy. Su fruto es el cielo. Hemos resucitado a la vida eterna al aceptar el sacrificio de muerte de Jesús por nuestros pecados.

Por contraste, aquellos que rechazan el sacrificio de Jesús y continúan en sus pecados auto-destructivos hasta el final, no tienen vida eterna en ellos. No hay nada para cosechar.

Cuando no estamos contentos por el crecimiento espiritual de otra persona, debemos acordarnos de que todos estamos en diferentes temporadas de nuestras almas.

¿En qué temporada estás tú? ¿Es la temporada del invierno de morir a ti mismo porque tus pecados te han dejado frío y casi sin vida? ¿Es tu fe una semilla que está esperando para brotar en primavera? ¿Eres un árbol cristiano joven que está empezando a ganar fuerzas? ¿Está tu relación con Cristo proveyendo la sombra veraniega donde los demás encuentran refugio? ¿Están tus ramas alcanzando a los demás? ¿Has comenzado a dar frutos sirviendo en un ministerio?

Recuerda la necesidad de cada temporada. Aún los tiempos que parecen más muertos tienen sus propósitos divinos.

Para leer más sobre este tema, usa nuestro PalabrasVivas: “Cómo la sequía produce un nuevo crecimiento” en gnm-es.org/momentos-franciscanos/nuevo-crecimiento/.

© 2022 por Terry A. Modica

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