Quitando la paja del ojo ajeno

Reflexiones de las Buenas Nuevas:
Haciendo que las escrituras sean significativas
para tu vida diaria.
por Terry Modica

Dios, que es el único juez plenamente santo, se abstiene de dictar sentencia hasta el último momento posible.
Reflexión de las Buenas Nuevas para:
Lunes de la 12da. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de San Paulino de Nola, Obispo
Junio 22, 2026
Oración para hoy:
Perdóname, Padre, por las veces que juzgué a los demás. Te pido la gracia de ser misericordioso como lo eres tú, para detestar el pecado pero amar y desear rescatar al pecador. Amén.
¡MEJORA TU DÍA!
Poderosas oraciones católicas con la reflexión diaria están disponibles en nuestro canal de YouTube en español.
Lecturas de hoy:
2 Reyes 17, 5-8.13-15a.18
Salmo 59, (7b) 3-5.12-13
Mateo 7, 1-5
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/062226.cfm
Quitando la paja del ojo ajeno
En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús nos advierte que no debemos juzgar. Él está hablando del pecado de pretender ser Dios cuando él es el único que conoce lo que hay en los corazones y en las mentes y cuáles son las motivaciones de los pecadores.
Los jueces condenan a los malhechores y Dios, que es el único juez totalmente santo, se abstiene de la sentencia hasta el último momento posible. Pero tú y yo somos rápidos para condenar a la gente a todo tipo de castigos (por ejemplo: “Ella no merece mi tiempo” o “Él es el único culpable y debe solucionar este problema, no yo”).
Sin embargo, se supone que debemos juzgar entre el bien y el mal; este es el don de discernimiento que viene del Espíritu Santo. Y se supone que debemos juzgar que un pecado es malo y que una buena acción es santa, como nos dicen Las Escrituras. Lo que nunca podemos juzgar, porque no somos omniscientes, es hasta qué punto los pecadores comprenden que lo que están haciendo está mal.
Esta advertencia de Jesús es paralela a esa parte del “Padre Nuestro” en la que pedimos a Dios que “nos perdone, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Podemos reconocer cuando otros han pecado contra nosotros y por lo tanto necesitan nuestro perdón, pero también hay que reconocer que somos pecadores y también necesitamos ser perdonados.
Si juzgamos que otros son indignos de nuestro perdón, estamos cometiendo un pecado mayor que el de ellos: los estamos condenando a la ausencia de nuestro amor mientras nos glorificamos a nosotros mismos como superiores a ellos. Lo que es peor, nuestro orgullo está bloqueando el amor de Dios para que les llegue a través de nosotros.
Piensa en alguien que a menudo te irrita. ¡Oh, cómo nos gustaría poder cambiar a gente como esa! Queremos que se den cuenta que lo que están haciendo está mal. La verdad es que tenemos motivos egoístas: por supuesto que queremos que cambien para su propio beneficio, pero la razón por la que estamos irritados es porque los queremos cambiar para nuestro beneficio, para hacer más fácil nuestra vida – como si ellos fueran la verdadera fuente de nuestra alegría, en lugar de Dios.
¿Cómo podemos ayudar a estas personas sin pecar contra ellas? Jesús lo explica al final de este pasaje del Evangelio. Él no nos prohíbe que reconozcamos los defectos de los demás. Él no nos dice que no quitemos la paja de sus ojos. Lo que sí dice es que primero debemos reconocer nuestra propia pecaminosidad. Entonces podremos acercarnos a ellos con humildad en lugar de superioridad.
Piensa en las diversas formas en que otros te han ayudado en tu viaje espiritual. Ahora imagina aplicar las mismas actitudes, las mismas palabras, la misma paciencia, etc., hacia cualquier persona que te podría irritar en la actualidad.
Al hacer este ejercicio mental se hace más fácil obedecer el mandato de Cristo. Es un ensayo que puede ayudarte a manejar situaciones con la misericordia de Dios, en lugar de la irritabilidad y con tus ideas sobre cómo ayudarlos.
Lee también nuestro PalabrasVivas: “¿Amable o Profeta?” en https://buenasnuevascatolicas.org/profundiza-tu-fe/amable-o-profeta/
© Terry A. Modica, Good News Ministries
