¿Amar más a Dios que a nuestros seres queridos?

Todo está cumplido

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Muchas veces leemos en las Sagradas Escrituras frases de Jesús que, a primera vista, parecen muy duras. Por ejemplo, cuando nos dicen que debemos amar más a Dios que a nuestros seres queridos. Sin embargo, cuando profundizamos en ellas, descubrimos una expresión maravillosa de invitación al amor de Dios. Este es el caso del Evangelio de Mateo 10, 37 donde Jesús dice, en forma terminante y sin dejar dudas, que debemos amarlo a Él por sobre nuestros seres queridos.  Inmediatamente nos surgen preguntas como: ¿será posible que esté pidiendo esto?, o ¿cómo podría yo hacer esto?

En este encuentro, Fernando nos comparte una vivencia personal sobre esta Palabra y cómo es posible encontrar el precioso tesoro que guarda para nuestra vida de fe.

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Recuerdo que cuando era muy joven había una palabra de Jesús en los Evangelios que, al escucharla o leerla, me producía un sentimiento de tristeza: “El que no me ama más que a su padre, a su madre, a su hijo, a su hija, no es digno de mi” (Mateo 10, 37). ¿Amar más a Dios que a mis seres queridos? ¿Cómo podía yo amar a Dios a quien no veo, más que a mis padres o mis hermanos a quienes sí veía y sentía?

Aún no había entendido que Jesús con esta palabra, en realidad me estaba señalando un camino liberador: el de hacerlo Señor de toda mi vida y dejarlo a Él llevar tantas cargas que eran o son demasiado grandes para cualquier persona. Jesús siempre alivia y libera, nunca condena. Él no nos pide que experimentemos por Él un sentimiento más fuerte que el que tenemos por nuestros seres queridos (aunque es posible llegar a esto con el tiempo).

Recordemos que cuando necesitamos solucionar un problema con algo que nos supera, recurrimos a un especialista y decidimos confiar en él y esperamos una respuesta. De la misma manera, Jesús nos está pidiendo que le confiemos todo, especialmente lo que más amamos. Él será de ahora en más el mejor cuidador. Con esa actitud, le estaremos dando lugar al plan que Dios Padre tiene para todos, un plan que nadie podría mejorar.

Por eso, qué importante es recordar siempre que ”amar a Dios sobre todas las cosas” es poner en sus manos absolutamente todo, incluyendo mi propia vida y la de los demás. Si practicamos esto, podremos notar que comienza a construirse en nosotros una relación especial con Jesús, con Dios Padre y con el Espíritu Santo. Una relación de profunda confianza y asombro al ver cómo se encaminan las cosas. Te invitamos a que dejes reinar a Jesús sobre tus relaciones con tus seres queridos y, por sobre todo, sobre aquello que más quieres. 


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