Reflexiones Diarias - BNC
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Tú eres parte de esa "gran multitud" cuando alabas a Dios con entusiasmo.
 
Solemnidad de Todos los Santos
Noviembre 1, 2026
 
Apocalipsis 7, 2-4.9-14
Salmo 23, 1-6
1 Juan 3, 1-3
Mateo 5, 1-12a
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/110126.cfm
 
Tu propia santidad
 
TÚ eres santo. No discutas conmigo, sé que eres santo porque santo es aquel que está, o en el cielo o camino al cielo, por seguir a Cristo. En el Credo Apostólico decimos: "Creo en la comunión de los santos…" ¡Eso te incluye a ti! Es toda la comunidad de los seguidores de Cristo.
 
Como seguidores de Cristo, hemos sido redimidos del poder del pecado, hemos renacido como "santos" y ya no somos "pecadores". Sí, pecamos todos los días, no hemos perfeccionado nuestra santidad aún, por eso es porque crecemos en santidad al convertirnos cada vez más en quienes verdaderamente somos. Esta es la vida de un santo en la tierra.
 
Mira la primera lectura de hoy. Podemos ver esto como una enorme reunión de oración en el cielo, pero no se trata solamente de la vida después de la muerte. Tú, justamente ahora, eres parte de esa "gran multitud" cuando adoras a Dios con entusiasmo. Cada vez que alabamos a Dios, nos estamos uniendo a toda la comunión de los santos, incluyendo a nuestros seres queridos que han dejado la tierra en los brazos del Señor.
 
También nos unimos a ellos después que son absueltos nuestros pecados en la misericordia de Dios mediante el Sacramento de la Reconciliación porque, en ese momento, nosotros también "hemos lavado nuestra ropa y la hemos dejado blanca en la sangre del Cordero." Hasta la próxima vez que pequemos, estamos en la montaña del Señor, parados en un lugar santo porque nuestras manos no tienen pecado, nuestros corazones están limpios y no estamos deseando lo que es vano (como dice el Salmo responsorial).
 
La misma unidad ocurre cuando recibimos la Eucaristía luego de haber hecho nuestra peregrinación por las oraciones de arrepentimiento y los pedidos de perdón que nos da la Iglesia en cada Misa. (Epa, hasta que nos enloquecemos con esa persona en el aparcamiento que brevemente bloquea nuestra salida de la iglesia hacia el mundo.)
 
Como lo señala la segunda lectura, somos santos porque somos hijos de Dios. Los santos en el cielo tienen la ventaja de estar libres de pecado mientras que nosotros vivimos en un mundo lleno de pecado. Pero fíjate cómo nos purificamos: la esperanza (es decir, creer en la promesa de Dios) que, eventualmente, seremos como Cristo todo el tiempo, debería darnos fuerza para purificar nuestras vidas ahora de todo aquello que no es santo. Esta esperanza está basada en el conocimiento de que Cristo nos redime del pecado, el Padre nos perdona y, después de la muerte, cualquier limpieza que quede pendiente, se realizará gracias al purgatorio.
 
La lectura del Evangelio nos recuerda que somos santos porque somos bendecidos. ¿Acaso no es santo todo lo que Dios bendice? Por lo tanto, cualquier persona a la que Dios bendiga es hecha santa por su amor: los pobres de espíritu, los que sufren y reciben el consuelo del Espíritu Santo, los mansos que se someten a la voluntad de Dios y así hasta el final de la lista de las bienaventuranzas. Medita en cada bendición y mira tu santidad y el desafío de ser más santo mejorando cómo vives la verdad de cada bienaventuranza.
 
La Iglesia canoniza santos para que podamos tener modelos y, así, sabemos que están disponibles para apoyarnos con la oración en nuestro camino al cielo. Sin embargo, no deberíamos comparar nuestras vidas con la de ellos porque todos tenemos circunstancias diferentes en las cuales crecer en santidad. Sólo podemos compararnos con lo que solíamos ser. Mientras tanto, podemos orar con los santos y aceptar su guía espiritual.
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Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Has crecido en santidad a lo largo de los años? Elije una forma de crecer en santidad esta semana.
 
Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
¿Cuál es tu Santo favorito en el cielo? ¿Por qué? Nombra a alguien que tú conoces que es un buen modelo de santidad. ¿Qué hay de santo en esa persona?
 
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Dios Padre te ha entregado a Jesús, para que Jesús pueda dirigirte al cielo.
 
Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos
Noviembre 2, 2026
 
Sabiduría 3, 1-9
Salmo 27 (26), 1.4.7.8b.9a.13-14
Romanos 5, 5-11 o Romanos 6, 3-9
Juan 6, 37-40
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/110226.cfm
 
¿Llegarás al cielo?

¿Te preguntas a veces si arruinarás tu salvación y nunca llegarás al cielo?  En Juan 6, 37-40, Jesús dice: "Todo lo que me da el Padre vendrá a mí."
 
¡Él se está refiriendo a ti!  Dios Padre te ha entregado a Jesús, para que Jesús te pueda llevar al cielo.
 
Durante tu bautismo, nuestro Padre en el cielo le dijo a Jesús: "Hijo, cuídale mucho. Asegúrate que él/ella llegue bien a su casa en el cielo."
 
Jesús le respondió, "Al que venga a mí yo no lo rechazaré, porque hago tu voluntad".
 
El Padre obtiene lo que quiere, a menos que los destinatarios de su amor rechacen todos sus esfuerzos para llevarlos al cielo.
 
Esto también se aplica a tus seres queridos difuntos.  Si ellos tenían el deseo de estar con Jesús mientras estaban en la tierra, entonces ellos, por supuesto, más que nunca, querrán estar con él en el momento de su muerte, al verle frente a ellos en la plenitud de su amor.
 
Cuando nos encontremos con Jesús cara a cara, todo se aclarará. Nos arrepentiremos de los pecados que aún no hemos purificado de nuestras vidas y Jesús nos permitirá elegir el purgatorio como un proceso de purificación completamente exhaustivo de modo que podamos vivir eternamente en la plenitud del amor de Dios.
 
Sin embargo, tengamos presente que el fuego del amor de hoy y a través de nuestra vida terrenal es más santificador que el fuego del purgatorio. Al purificar la perfección de nuestro amor ahora, amando a los demás incluso cuando es difícil, perdonando a los demás cada vez que pecan y entregándonos generosamente a las necesidades de los demás - nos unimos al amor de Dios.
 
Santa Teresa de Lisieux decía que Dios preferiría que nunca experimentemos los sufrimientos del purgatorio.  "Tan pronto como tratas de complacerle en todo y tienes una confianza inquebrantable, él te purifica cada instante en su amor y no permite que el pecado permanezca. Entonces puedes estar seguro que no tendrás que ir al purgatorio."

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: No hay buenas excusas para decir que no a Dios.
 
Martes de la 31ra. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de San Martín de Porres, religioso
Noviembre 3, 2026
 
 
Filipenses 2, 5-11
Salmo 21, 26-32
Lucas 14, 15-24
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/110326.cfm
 
Tu invitación a la fiesta de Dios
 
Jesús disfrutaba de ir a las cenas. Nunca rechazó una invitación, incluso cuando significaba cenar con hipócritas estudiosos de la ley y fariseos, que es donde la lectura del Evangelio de hoy se llevó a cabo. Las fiestas le daban la oportunidad de mezclarse, y cuando se mezclaba, atendía a las personas. Aquí, él aprovechó la ocasión para enseñar la importancia de aceptar todas las invitaciones que nos vienen de Dios.
 
Tal vez alguien te ha invitado a levantarte un poco más temprano e ir a Misa diaria; este es Dios con la esperanza de que llegarás a su banquete de desayuno. O tal vez tu sacerdote ha enviado una invitación general a un evento especial de la iglesia. O ¿te han solicitado para enseñar a los niños o a cantar en el coro? Algunos de mis lectores han sido invitados al sacerdocio o a una orden religiosa. ¿Qué has hecho con la invitación de Dios?
 
No todas las invitaciones son de Dios. ¿Cómo sabemos qué invitaciones aceptar? En mi propia vida, me resulta útil pedir al Espíritu Santo para que aumente en mí el deseo de hacer lo que Él me estáinvitando que haga y para disminuir todos los demás deseos. Entonces espero a ver qué pasa.
 
Por ejemplo, si hay una opción de dos actividades en el mismo fin de semana, ¿debo hacer las dos cosas? Dios quiere que me pase algo del tiempo descansando en su regazo. Por lo tanto, voy a elegir sólo una, pero ¿cuál? Yo oro: "Señor, la que sea tu voluntad de estas dos oportunidades, aumenta mi deseo y energía para hacerla y hazme sentir letárgico e inquieto por la otra y si ambas son agradables a ti, ayúdame a tomar la mejor decisión para este fin de semana".
 
Entonces, confío en cómo cambian mis sentimientos, y también confío en que si malinterpreto a Dios, él sacará algo bueno, porque mis motivos eran correctos: yo quería hacer su voluntad.
 
El discernimiento sólo funciona si rendimos nuestra voluntad e ideas a Dios, dándole permiso para cambiarnos, y escuchando en silencio los codazos del Espíritu Santo en nuestro interior. No hay buenas excusas para decir no a Dios.
 
Hay una cosa extraña acerca del reino de Dios: la forma de entrar en la fiesta no es como un invitado especial que debe ser atendido, sino siendo como Jesús, nuestro anfitrión, quien, como vemos en la primera lectura de hoy, "se despojó a sí mismo y tomó la forma de siervo". Por ello, muchos se alejan de las invitaciones de Dios.
 
Cada invitación a la fiesta de Dios se parece a un trabajo, un servicio, de algún tipo, y que a menudo parece difícil y desagradable. "Querido amigo," la tarjeta de invitación dice: "por favor, únete a mí en la celebración que he planeado. Es una cena a la canasta, así que trae algo para compartir."
 
Ugh. Tenía la esperanza de que esto fuera una celebración con servicio.
 
Pero ¿sabes qué? Una vez que nos metemos en la tarea que Dios nos invita a hacer, descubrimos que viene con muchas bendiciones. Cobramos vida con la satisfacción personal y la energía renovada, porque lo estamos haciendo con Jesús.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Murmurar es otro obstáculo que se interpone en nuestra relación con Dios.
 
Miércoles de la semana 31 del Tiempo Ordinario
Memorial de San Carlos Borromeo, obispo
Noviembre 4, 2026
 
Filipenses 2, 12-18
Salmo 27, 1, 4, 13-14
Lucas 14, 25-33
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/110426.cfm
 
Limpiar el desorden espiritual
 
 
En el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús no nos está diciendo que dejemos de amar a nuestros familiares, ni quiere que los rechacemos o ignoremos sus sentimientos y sus necesidades. La palabra griega original utilizada aquí, que traducimos como "odio" en realidad significa "amar menos". Para ser discípulos de Cristo, tenemos que amarlo más que a nadie. Nuestra relación personal con Dios es nuestra principal prioridad.
 
Tampoco nos dice Jesús que vaciemos nuestras casas y cuentas bancarias para darlo todo a los pobres. Más bien, nos está avisando de no dejar que el deseo de poseer se interponga en el camino de nuestra relación con él. Si tenemos algo que podemos compartir y vemos a alguien que lo necesita, pero nos aferramos a ello, no estamos aferrados a Jesús que ha venido a nosotros en la forma de esa persona necesitada.
 
¿Te preocupas más por tener la aprobación de los demás que la aprobación de Dios? Si es así, no estás siguiendo a Jesús. ¿Dispones de un patrón o hábito destructivo? Probablemente está llenando un vacío en tu vida, porque no has llevado a Jesús hasta allí. Una vez tuve un amigo que fumaba cigarrillos porque sus padres lo hicieron a pesar de que sufrieron y murieron a causa de enfermedades relacionadas con el tabaquismo. A pesar de que se consideraba ser pro-vida, se negó a dejar de fumar y lentamente se quitó la vida, porque le hacía sentirse "más cerca" de mamá y papá.
 
¿Qué estorba en tu relación con Dios? Cualquier cosa a la que nos aferramos porque nos parece importante, si no nos está ayudando a acercarnos más a Dios y si no se puede utilizar para sus propósitos, es basura sin valor y se interpone en nuestro camino. No tiene sentido, incluso cuando le damos una gran importancia.
 
¿Y si el sacerdote pide un aumento de las donaciones? ¿Es fácil para nosotros dar más, o el dinero está interponiéndose en el camino de nuestra confianza en Jesús? La Primera lectura de hoy nos dice que todo lo que hacemos, debemos hacerlo sin quejarnos. Sin embargo, nos quejamos cuando el pastor pide un incremento de las donaciones. Nos quejamos cuando un pariente molesto necesita nuestra ayuda. Nos quejamos cuando sale el sol y nos enfrentamos a la carga de trabajo del día. Nos quejamos cuando no podemos trabajar y alguien nos pide utilizar nuestro tiempo libre en un ministerio parroquial que nunca hemos hecho antes.
 
Quejarse es otro obstáculo que se interpone en el camino de nuestra relación con Dios. ¿Quejarse ha ayudado realmente alguna vez? ¿Y qué clase de testigo es este? ¿Crecen las personas que deben escucharlo? Presta atención a las quejas que hagas hoy. A menos que se las estés diciendo a una especie de consejero, es probable que no ayude a crecer emocional o espiritualmente. ¡Jesús soportó el peor dolor de todos y sin embargo él nunca pronunció una palabra de queja!
 
"Porque Dios es el que, por su buena voluntad y planes, trabaja en ti y a través de ti. Haz todo lo que te pide que hagas, sin quejarte ni cuestionarlo." Cuando nuestra amistad con Jesús es verdaderamente nuestra más alta prioridad, no sólo cuando es conveniente o se siente bien, sino todo el tiempo, nuestra confianza en él se perfecciona y lo seguimos donde quiera que vaya, sin cuestionar sus propósitos o quejarnos de sus planes.
 
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: La única vergüenza está en racionalizar nuestros pecados al llamarlos buenos.
 
Jueves de la 31ra. Semana del Tiempo Ordinario
Noviembre 5, 2026
 
Filipenses 3, 3-8a
Salmo 104, 2-7
Lucas 15, 1-10
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/110526.cfm
 
Superando la vergüenza de nuestros pecados
 

¿Por qué tenemos tantas dificultades para admitir nuestros propios pecados? ¿Por qué es tan difícil pedir perdón? ¿Por qué nos resistimos a confesarnos aun cuando sabemos que nos dará la gracia para resistir el pecado en el futuro? ¿Por qué no estamos compartiendo con otros nuestra historia de superación de un pecado personal como testimonio del crecimiento cristiano?
 
Es porque nos sentimos muy avergonzados de hacer frente a la reacción de los demás. Estamos en esta situación porque hemos sido juzgados injustamente por otros, nos hemos juzgado a nosotros mismos implacablemente y esto nos ha hecho tener miedo de enfrentar nuestros pecados y, mucho más, hablar abiertamente de ellos. Necesitamos misericordia, pero nos sentimos condenados.
 
Peor aún, nosotros mismos hemos sido críticos hacia los demás e, inconscientemente, asumimos que lo que hemos hecho a los demás se nos hará a nosotros. Sabemos que si somos capaces de hacerlo, también lo es la persona a nuestro lado. Por lo tanto, optamos por mantener en secreto esta parte de nuestras vidas espirituales.
 
Y, sin embargo, al abrirnos y hablar honestamente acerca de cómo hemos pecado (apropiadamente, por supuesto) agregando por qué lo lamentamos y cómo Jesús nos ha ayudado a superarlo, nos convertimos en una ayuda en el crecimiento espiritual de los que escuchan. Los demás adquieren valor para enfrentar su propio pecado, porque les hemos dado esperanza: la misericordia que anhelan realmente existe; arrepentirse y cambiar realmente es posible.
 
Esto es mucho más importante que la desaprobación de los que nos condenan. No es su opinión la que importa de todos modos. Es la de Dios ¡y sólo la de Dios! El problema es que hemos sido heridos por el juicio de los seres humanos, por lo que esperamos que Dios sea crítico también. Nos olvidamos de la misericordia que está disponible en el Sacramento de la Reconciliación. Y juzgamos al sacerdote en el confesionario como si no tuviera misericordia (o tal vez le juzgamos por sus propios pecados sin arrepentimiento) y, por lo tanto, nos negamos a nosotros mismos la oportunidad de encontrarnos con Cristo en ese sacerdote.
 
Mira lo que la lectura del Evangelio de hoy dice acerca de esto. ¡Los ángeles se regocijan cuando un pecador se arrepiente! No hay vergüenza en arrepentirse. La única vergüenza es racionalizar nuestros pecados llamándolos buenos, negándonos a examinarnos a nosotros mismos para ver si necesitamos cambiar.
 
Cuando nos damos cuenta de que hemos estado justificando un pecado como aceptable o necesario o mejor que lo que enseña la Iglesia, podemos ser como la mujer que perdió la moneda. Al encontrar el precioso tesoro del perdón, podemos convocar a nuestros amigos y vecinos, y decir: "¡Alégrense conmigo! ¡Hagamos una fiesta!" Porque ahora nos estamos pareciendo más a Cristo.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Benditos los mansos que establecen límites saludables, incluso cuando causan problemas.
 
Viernes de la 31ra. Semana del Tiempo Ordinario
Noviembre 6, 2026
 
Filipenses 3, 17 a -4, 1
Salmo 121, 1-5
Lucas 16, 1-8
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/110626.cfm
 
¿Puede la astucia ser buena?
 

 
En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús nos da una parábola acerca de la astucia: un rico hombre de negocios elogia a su empleado deshonesto por ser emprendedor. ¿Por qué? Debido a que los que son del mundo tienen más iniciativa que los cristianos en el trato con sus semejantes. ¿Por qué? Supongo que es porque los cristianos son demasiado mansos. "Bienaventurados los mansos," dijo Jesús y "perdona setenta veces siete", por lo que tranquilamente nos escapamos de las oportunidades para hacer frente a las injusticias de los demás cristianos.
 
Ser humilde no significa ser débil. Las escrituras nos dicen que Jesús era "manso y humilde de corazón". ¿Fue débil Jesús? ¿Fue manso cuando se puso de pie frente a los fariseos y les corrigió?
 
La mansedumbre a la manera de Cristo significa tener un enfoque firme en hacer la voluntad de Dios. Significa enfrentar a la oposición firmemente pero sin menospreciar a los demás, sin arrojarles piedras, y sin desear su desaparición.
 
La parábola de Jesús expresa que debemos ser firmes y fuertes en el manejo de problemas. Se supone que tenemos que encontrar una manera ingeniosa para esquivar los obstáculos que interfieren con la realización de la voluntad de Dios. Es mejor ser engañosos que renunciar. Dios quiere que seamos emprendedores. Ser como Jesús es atacar los problemas con entusiasmo.
 
¿Dónde debemos trazar la línea entre la astucia inteligente y la falta de honradez del pecado? En el Amor. Ahí está el límite.
 
Si podemos hablar de lo que está bien con amor y compasión, sin condena y sin sentirnos superiores, ¡entonces tenemos que hablar! Cuando alguien nos da un cachetazo en nuestras notorias mejillas, debemos mantenernos firmes en nuestro lugar y usar esa posición para evitar mayor daño, mientras perdonamos al que nos está lastimando. Cuando la puerta de la oportunidad de servir al Señor es cerrada de golpe en nuestra cara, con amor por aquellos que están trabajando en contra de los deseos de Dios, elegimos no luchar contra ellos, pero no nos quedamos quietos. Buscamos una puerta diferente que dará lugar a una nueva oportunidad.
 
Sin amor, la astucia es repugnante.
 
Quizás un ejemplo ayude. Mi marido y yo teníamos un amigo que era alcohólico y lujurioso. En su enfermedad, que causó un gran daño, a menudo se comportaba, como se dice en la primera lectura de hoy, como un enemigo de la cruz de Cristo, a pesar de que él era un líder cristiano. Durante un tiempo, Dios quiso que camináramos una milla más con él para señalarle el camino al arrepentimiento y la recuperación. Pero él continuó eligiendo el camino de la destrucción. Rechazó nuestra firme posición sobre la verdad.
 
Se hizo evidente que el mayor acto de amor que podríamos ofrecerle era denunciarlo a las autoridades, una decisión "tortuosa", con las mismas lágrimas que derramó Pablo por aquellos que tienen la mente ocupada con cosas terrenales.
 
El amor es a veces un límite muy tortuoso. Bienaventurados los mansos, que ponen límites saludables, incluso cuando causan problemas.
 
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