Reflexiones Diarias - BNC
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Al fijar nuestros ojos en Jesús en lugar de en aquellos que no nos aman plenamente, su amor por nosotros llena nuestros corazones hasta desbordar.

18vo. Domingo del Tiempo Ordinario
Agosto 2, 2026

Isaías 55, 1-3
Salmo 145 (144), 8-9.15-18
Romanos 8, 35.37-39
Mateo 14, 13-21
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/080226.cfm

¿Estás insatisfecho por alguien?

Las lecturas para este domingo me dan sed y hambre! ¿Podemos ir a cenar después de la Misa?

Como decimos en el Salmo Responsorial: "La mano del Señor nos alimenta; él satisface todas nuestras necesidades." Sin embargo, a pesar de saber esto, pensamos que nunca tenemos lo suficiente. No estamos contentos con lo que tenemos.

Incluso cuando las cosas van bien, no estamos plenamente satisfechos. Queremos más, especialmente en las relaciones. Sentimos que estamos hambrientos de más afecto, anhelamos más atención, nuestro ser íntimo se queja por no tener suficiente apoyo y aprobación de aquellos que deberían dárnoslo.

Cada persona en nuestra vida ha sido llamada por Dios a ser un proveedor de su amor y preocupación por nosotros. Pero nadie nos ama plena y perfectamente y, algunos, rechazan este llamado totalmente. Si, por esto, vivimos en un estado de frustración e ira, cinismo o aislación para protegernos, siempre estaremos hambrientos.

Cuando, en cambio, elegimos perdonar a las personas imperfectas y volvernos a Jesús, él multiplica milagrosamente lo poco en mucho. Al mantener nuestros ojos en Jesús en lugar de en aquellos que no pueden amarnos plenamente, su amor por nosotros llena nuestros corazones hasta desbordar.

Sentirse insatisfecho es signo de que Jesús está tratando de llamar nuestra atención, hay algo que él desea darnos que aún no estamos abiertos a recibir. Nuestro problema es: ¿Cómo va a darnos Jesús lo que necesitamos si no podemos verlo y sentirnos tocados por él?

Para sentirnos satisfechos por un Dios invisible, tenemos que estar conectados muy cercanamente a él en oración y en la comunidad cristiana que él nos ha dado. Tenemos que prestar atención a lo que él está haciendo y a través de quién él ha elegido hacerlo. ¡Eso significa estar más involucrado y esperando lo inesperado!

Preguntas para la Reflexión Personal:
¿De qué tienes hambre? ¿Quién no está dándote suficiente cantidad de lo que necesitas? ¿Cómo puedes encontrar otras formas de recibirlo, con la ayuda de Dios?

Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
Describe el momento en que Dios satisfizo tus necesidades de maneras inesperadas. ¿De quién esperabas recibirlo y cómo sucedió que lo recibieras de otro lado? ¿Recibiste más, o menos, que lo que deseabas? ¿Fue satisfactorio?

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Debemos saber con certeza qué es la verdad. No podemos mantenernos firmes si estamos temblorosos.

Lunes de la 18va. Semana del Tiempo Ordinario
Agosto 3, 2026

Jeremías 28, 1-17
Salmo 118, 29.43.79-80.95.102
Mateo 14, 22-36
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/080326.cfm

¿Cuán firme es tu postura frente a la verdad?

¿Eres un camaleón? ¡Todos tenemos un poco de camaleón en nosotros! Un camaleón cambia de colores según la superficie sobre la que está parado. Se mimetiza para su preservación.

Nosotros también preferimos mezclarnos en nuestro ambiente para protegernos. Nos escondemos de un posible ridículo y persecución. Mientras estamos en la iglesia nos gusta parecer piadosos. Cuando estamos rodeados de cristianos llenos de fe, nos sentimos libres de que brillen nuestros colores de fe. Pero, cuando estamos mezclados con no creyentes ¡cambiamos! A menudo lucimos y sonamos como ellos.

¿Cuán mundana es nuestra elección de palabras, estados de ánimo y nuestras formas de lidiar con el estrés?

Es difícil ser coherente con nuestra fe porque, cada vez que lucimos diferentes (cada vez que sostenemos una postura moral impopular, por ejemplo) somos rechazados por aquellos que no son como nosotros. Pero, cuando nos mezclamos entre ellos ¿vale la pena realmente? Si Jesús entrara a la habitación mientras nos estamos mezclando entre ellos, ¿nos reconocería como uno de sus amigos?

En la primera lectura de hoy, el profeta Ananías era un camaleón. Se protegía a sí mismo diciéndole a la gente lo que querían escuchar. A su lado, Jeremías lucía muy diferente. Debemos preguntarnos: "¿Soy más parecido a Ananías o a Jeremías?" Cada vez que priorizamos nuestro deseo egoísta de tener una vida más fácil por encima del deseo de servir a Dios, rechazamos a Dios y engañamos a los demás ya que continúan viviendo en las mentiras en las que desean vivir.

No obstante, antes de poder ser como Jeremías, debemos saber con seguridad qué es la verdad. No podemos mantenernos firmes si estamos temblorosos. No hay excusas para la duda, porque podemos leer el Catecismo y otros escritos de la Iglesia que están todos basados y explicados en las escrituras.

¿Sabes por qué la Iglesia enseña que el control de la natalidad artificial es contrario al amor? ¿Puedes defender las razones de por qué los matrimonios deberían ser sacramentales y por qué las nulidades son valiosas? ¿Estás listo para explicar por qué únicamente los hombres pueden ser sacerdotes y por qué los sacerdotes están llamados a ser servidores de los laicos? ¡Oh no! ¡No dudes que pasamos momentos duros al ponernos firmes! Comprendemos tan poco. Estamos muriendo de hambre en medio de un abundante banquete.

¿Realmente creemos lo que proclamamos en nuestro Salmo Responsorial de hoy: "Enséñame tus caminos, Oh Señor"? ¡Sí! Tengo mucho más que aprender.

¿Y creo cuando dice: "Los pecadores esperan para destruirme, pero yo me atengo a tus decretos."? ¡Ayúdame a mantenerme firme, Oh Dios! Amén.

Más sobre este tema en nuestro PalabrasVivas: "'No temas' hablar de la verdad" en https://buenasnuevascatolicas.org/espiritusanto/no-temas-decir-la-verdad/.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Como hijos de Dios tenemos su amor y preocupación, lo merezcamos o no.

Martes de la 18va. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de San Juan María Vianney, Presbítero
Agosto 4, 2026

Jeremías 30, 1-2.12-15.18-22
Salmo 102, 16-23.29
Mateo 14, 22-36 (o Mateo 15, 1-2.10-14)
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/080426.cfm

Cómo caminar sobre el agua o volar como una mariposa

La lectura de Mateo 14, 22-36 nos enseña que para mantenernos sobre el agua debemos mantener nuestros ojos en Jesús en lugar de ponerlos en los problemas que están ahogándonos. ¿Te has preguntado alguna vez por qué no es suficiente sólo con creer en Jesús?

El problema radica en no saber quiénes somos realmente. ¿Cómo podemos seguir a Jesús por encima de las olas sacudidas por la tormenta si no nos damos cuenta que somos los hijos amados del Padre? Nos hundimos porque dudamos de que Dios nos va a proteger y la duda surge de no estar seguros de este amor por nosotros, de su generosidad o de sus sueños para nosotros. Pensamos que, como no somos lo suficientemente buenos como para merecer este cuidado amoroso, él retira su compasión de nosotros. Las tormentas y las olas parecen ser la evidencia de que él no se preocupa por nosotros o de que no nos aprueba.

Entonces, ¡por supuesto que nos hundimos en aguas problemáticas!

De lo que no nos damos cuenta es de que, como hijos de Dios, tenemos su amor y preocupación, lo merezcamos o no y, como seguidores de Jesús, vamos por encima de las olas. Como seguidores de Jesús, debemos salir del bote y caminar sobre el agua, siguiéndolo donde él vaya, haciendo lo que él nos diga. Para los cristianos, la vida es toda una aventura.

Permíteme que explique esto con una pequeña parábola sobre la tierra seca.

Parábola de la Pequeña Oruga Marrón

Había una vez, en un gran bosque, al pie de un árbol muy alto, se deslizaba sobre la tierra blanda, sucia y oscura, una oruga marrón, gorda y blanda. Su nombre era Bumpadú.

Lo extraño de Bumpadú era que él no sabía que era una oruga. Él creía que era un gusano. Por eso es que se deslizaba al pie de un árbol muy alto en vez de trepar ese árbol, seguir por sus ramas hasta las yemas, saliendo al brillante sol para disfrutar del banquete de verdes y abundantes hojas.

Bumpadú no siempre vivió en la suciedad. Mucho tiempo atrás, había seguido su verdadera naturaleza desde el árbol hasta las hojas y había comido al sol, había crecido, engordado y se había vuelto más feliz, tal como debía suceder al comer mucho, mucho alimento verde y bueno. Pero vino un viento, sopló por las ramas del árbol y sacudió las hojas poderosamente. Bumpadú creyó que se iba a caer. Bumpadú pensó que iba a morir, entonces, salió corriendo por las hojas, por las ramas y bajó por la corteza del árbol, hacia la seguridad de la tierra quieta, tranquila y sucia.

En la tierra se encontró con otras criaturas que se deslizaban por donde a él le gustaba. Se llamaban gusanos y, ya que a Bumpadú le gustaba la tranquilidad y la quietud de la tierra sucia, comenzó a pensar que él también era un gusano. Con el tiempo olvidó cómo habían sido de sabrosas las abundantes y verdes hojas. Olvidó lo hermoso que lucía el bosque cuando lo veía desde la altura de un alto árbol y olvidó que la vida era más que desplazarse por la sucia tierra como un gusano.

Un lúgubre y lluvioso día, en la tranquila y barrosa tierra, Bumpadú escuchó, repentinamente, que algo rebotaba con un pequeño ruido. Sacó su cabeza de la tierra para ver qué había sucedido y se encontró, cara a cara, con un gran gusano que lucía exactamente como él -- marrón, gordo y blando.

"¿Quién eres?" preguntó Bumpadú.
"¡Oh no! ¿Dónde estoy?" exclamó la extraña. "Estaba mascando mi cena," dijo ella, "colgándome como podía de la hoja mojada y resbalosa, un viento vino, me sacudió, caí y aquí estoy, ¿dónde estoy?"

"¡Estás conmigo!" dijo Bumpadú. "Pero no sé tu nombre. ¿Me lo podrías decir? Soy un gusano llamado Bumpadú."

"Oh, mis disculpas, olvidé mis modales," dijo la extraña. "Es un placer conocerte. Mi nombre es Faddawolladee. Soy una oruga y debo trepar nuevamente al árbol hasta el lugar donde vivo." Miró hacia arriba, arriba, arriba de su árbol muy alto.

Bumpadú se rió. "¿Una oruga dices? Pero te pareces a mí. Debes ser un gusano como yo."

Faddawolladee volvió su mirada a Bumpadú. Lo miró detenidamente. "Sí, nos parecemos mucho. Eso significa que tú no eres un gusano. Eso significa que tú eres una oruga."

Bumpadú sacudió la cabeza de su cuerpo gordo y blando y dijo: "Tú y yo no podríamos ser orugas. Las orugas son criaturas gloriosas que viven en los árboles en lugar de la tierra y que construyen capullos en las hojas, transformándose así en hermosas mariposas. Tú eres sólo un gusano como yo. Ven, sígueme y te mostraré dónde puedes encontrar un poco de mugre riquísima para revolcarte."

Faddawolladee contestó: "¡Oh no, mi amigo! Yo soy verdaderamente una oruga. En realidad justo iba a comenzar a construir mi capullo cuando vino esta tormenta de lluvia con sus vientos y no pude sostenerme lo suficiente, entonces me caí."

Su actitud sorprendió a Bumpadú. "¡Qué arrogante de tu parte pretender ser una oruga!" dijo. "Me estás diciendo que eres mejor que yo, sin embargo somos iguales."

Faddawolladee suspiró. "Tú no eres un gusano, mi amigo. Tú eres una oruga como yo. Deberías estar disfrutando el banquete de abundantes hojas verdes que hay allá arriba en el árbol alto. Comenzaré el largo camino hacia arriba exactamente ahora. ¿Por qué no vienes conmigo?"

"¿Cómo puedes decir que no soy un gusano?" insistió Bumpadú. "¿No puedes ver que vivo y me desplazo y como en la tierra blanda y sucia? Y tú, ciertamente, no eres mejor que yo. ¡No tienes derecho a decir que tú eres una oruga y, con esa expresión, querer decir que algún día tú te convertirás en una hermosa mariposa!"

Faddawolladee miró intensa y silenciosamente a Bumpadú. Luego, se volvió y comenzó a trepar el árbol. "Es una escalada larga hasta las hojas," dijo ella, "pero es un camino que debo tomar. No puedo forzarte a que vengas conmigo, no puedo hacerte creer que yo soy una oruga y que tú también lo eres. Sí puedo decirte que arriba, en el árbol, un largo camino desde aquí, hay abundantes hojas verdes y deliciosas bajo el brillante sol, pero no puedo hacerte entender cuán deliciosas que son. Vale la pena todo el esfuerzo desde aquí. Te invito a que vengas -- pero la elección es tuya."

Bumpadú miró hacia arriba, arriba, arriba hacia el techo del bosque. "¿No tienes miedo de caer nuevamente cuando regrese el viento?" preguntó. "Un gusano que piensa que puede vivir allí, comer y no caerse está viviendo una ilusión."

Faddawolladee apoyó su pie en la base del árbol. "La caída no es lo que deberíamos temer," dijo. "Quedarnos en la suciedad después de la caída – eso sí que debería hacernos temblar como para movernos a hacer todo lo que sea necesario para convertirnos en las mariposas para las que fuimos creados." Y con una última mirada hacia Bumpadú, dijo: "Tú no puedes ver quién soy realmente, tampoco puedes ver quién eres realmente, a menos que lo intentes con este árbol."

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Una maravilla del Reino de Dios es que, cuanto más abandonados nos sentimos, más está tratando Él de ayudarnos.

Miércoles de la 18va. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de la Dedicación de la Basílica Santa María la Mayor
Agosto 5, 2026

Jeremías 31, 1-7
Jeremías 31, 10-13
Mateo 15, 21-28
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/080526.cfm

Encontrando a Dios en el desierto


¿Alguna vez has escapado o resuelto un conflicto, sólo para encontrarte sintiéndote solo y cansado, como si estuvieras transitando por un desierto? El Señor parece tan lejano. Te ayudó a pasar por la prueba pero ahora, ¿dónde está? Así es cómo se sintieron los israelitas en la primera lectura. Luego de haber sido esclavizados, oprimidos y conquistados en la guerra, se sentían más derrotados que amados por Dios; necesitaban su consuelo.

Una gran maravilla del Reino de Dios es que, cuanto más abandonados nos sentimos, más está él tratando de ayudarnos. Cuando estamos cansados por nuestros problemas, Dios tiene la restauración que buscamos. Pero, como parece tan lejano, tomamos los problemas en nuestras manos. En esta escritura leemos que "se nos dará descanso." Para recibirlo, sólo debemos detenernos. Detén cualquier cosa que estés haciendo. Deja de correr hacia lo que creas que necesitas. Deja de quejarte. Deja de reaccionar según tus sentimientos como si ellos retrataran la verdad tal como es.

Fue en el desierto donde los israelitas fueron fortalecidos y preparados para la Tierra Prometida; tuvieron que dejar de correr hacia su destino y vagar lentamente por el desierto; deteniéndose por largos períodos de tiempo. Fue en el desierto que Jesús fue fortalecido y preparado para su batalla contra Satanás; tuvo que tomarse 40 días sabáticos para estar listo para su ministerio público.

"Te restauraré, te reconstruiré," nos dice Dios en esta lectura. El tiempo de desierto es un período de descanso antes de la reconstrucción. Si creemos la Palabra de Dios, deberíamos estar celebrando con panderetas (o guitarras o pianos o CDs o lo que tengamos), gritando de gozo, proclamando la bondad de Dios.

En el Salmo responsorial de hoy, ¡Dios nos recomienda que dancemos y nos regocijemos! ¿Por qué? Porque él nos está cuidando como un pastor. En Tierra Santa, los pastores aún guían sus rebaños por el desierto. Hay largas caminatas entre las parcelas de alimento, por lo tanto, se lo toman con calma, no hay apuro. El apuro aumentaría su sed y los desgastaría bajo el ardiente sol. Las ovejas no se pelean locamente buscando satisfacer sus necesidades como lo hacemos nosotros. Simplemente confían en su pastor.

Dios es un gran Pastor, se preocupa por nosotros más de lo que un pastor humano se preocupa por sus ovejas. Él está con nosotros en cada paso del camino. Si entramos en pánico y corremos, él no corre con nosotros porque no está con pánico, por eso es que lo sentimos tan lejano. Pero, ni bien nos detenemos -- tan pronto como nos atrevemos a confiar en nuestro Pastor y nos permitimos descansar, aceptando las condiciones del desierto en lugar de lanzarnos por este camino o aquel, buscando paisajes diferentes -- podremos notar su cercanía llena de paz.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: La Transfiguración tiene lugar una y otra vez -- hoy, en nuestro interior -- cada vez que escuchamos a Jesús y le permitimos que nos ilumine.

Fiesta de la Transfiguración del Señor
Agosto 6, 2026

Daniel 7, 9-10.13-14
Salmo 96, 1-2.5-6.9
2 Pedro 1, 16-19
Mateo 17, 1-9
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/080626.cfm

La abrumadora luz de la verdad

Piensa en un área de tu vida que está en la oscuridad, confusión, o agitación. ¿Qué puede transformar esto en santidad, claridad de entendimiento, y paz?

La lectura del Evangelio de hoy nos muestra la respuesta: la luz de Cristo. Su transfiguración en el monte Tabor, fue una forma visible de su santidad perfecta, su amor puro, y su humanidad completamente viva y unida a su divinidad.

Cuando permitimos que su santa luz exponga las áreas de nuestras vidas que están en pecado, la oscuridad rápidamente se disipa. ¿Por qué? Se debe a que la oscuridad es mucho más débil que la luz. El pecado -- aún nuestro pecado más terco -- es mucho más débil que el Espíritu Santo que mora en nosotros.

Frecuentemente, la razón por la que no enfrentamos nuestros pecados y no trabajamos para superarlos se debe a que ignoramos cuánta ayuda nos dará Dios. Queremos ser santos, pero admitir nuestros pecados es como una batalla, una lucha difícil entre el llamado Cristiano a ser como Jesús y las tendencias vergonzosas de nuestra naturaleza carnal. No estamos a la altura, pensamos que no tenemos la fuerza santa necesaria para ganar esta pelea.

Incorrecto. ¡Si la tenemos! Esta batalla ya se ganó hace más de 2000 años, cuando Jesucristo se levantó de la muerte y destruyó el poder del pecado. Como dice la primera lectura de hoy: el "Hijo del hombre", Jesucristo, tiene un poder eterno que no pasará, y su reinado jamás será destruido. Su luz divina, que penetra nuestras almas humanas, conquistará rápidamente la oscuridad y restaurará el Reino de Dios en nosotros.

¿Por qué? Porque realmente deseamos escucharlo, como nos lo dijo el Padre cuando confirmó el señorío de Cristo en el monte Tabor.

La Transfiguración tiene lugar una y otra vez -- hoy, en nuestro interior -- cada vez que escuchamos a Jesús y le permitimos que nos ilumine.

¿Cuál es la fuente de oscuridad en tu vida? Pídele a Jesús que penetre con su luz de la verdad, la que liberará tu alma para ser santa. Algunas veces esto significa que hay que ahondar más y más para descubrir la raíz que causa nuestra tendencia al pecado. Capa por capa, Jesús te va a liberar.

¿Qué te roba tu paz? Pídele a Jesús que haga brillar su perfecta luz de amor sobre ello, y acepta su abrazo. ¿Por qué te da miedo admitir y llevar tus pecados al Sacramento de la Reconciliación para que sean sanados con poder? Deja que la luz de la misericordia de Cristo te transfigure.

Tu transfiguración personal, es la liberación de tu naturaleza bautismal, la presencia divina de Dios en ti. Recuerda, fuiste creado a su imagen, y los Sacramentos son gracias de Dios para restaurar totalmente la vida que él creó para que tú vivas. Sé fiel a ti mismo. Hazte disponible para el poder transformador de Cristo.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Si queremos tener paz y una buena vida debemos dejar de salvarnos a nosotros mismos y dejar que Dios lo haga por nosotros.

Viernes de la 18va. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de San Cayetano
Agosto 7, 2026

Nahúm 2, 1.3; 3, 1-3.6-7
Deuteronomio 32, 35cd-36ab.39.41
Mateo 16, 24-28
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Cuestión de vida o muerte


"Soy yo el que da la vida o la muerte," dice el Señor en el salmo responsorial de hoy. En la primera lectura leemos: "¡Mira sobre las montañas, viene el que trae la buena noticia, el que anuncia la paz!" No hay mayor paz que dejar a Dios estar a cargo, completamente, de cada una de nuestras decisiones, nuestra comprensión y nuestra falta de comprensión, nuestro descubrimiento de la verdad y nuestra vida.

Jesús, que es el portador de las buenas noticias, lo explica en la lectura del Evangelio de hoy: si queremos tener paz y una buena vida, debemos dejar de salvarnos a nosotros mismos y dejar que Dios lo haga por nosotros.

No somos capaces de asegurar nuestra propia felicidad aquí en la tierra ¡ni qué pensar eternamente en el cielo! No entendemos qué está pasando, aunque tratamos y en nuestros intentos por sentirnos seguros en nuestra visión de la vida, creemos en nuestras percepciones limitadas -- en detrimento nuestro.

Si pudiéramos ser transportados en oración, aunque sea por un momento, hacia la eternidad y pudiéramos ver todo desde la perspectiva del cielo, golpearíamos nuestras frentes y diríamos: "¡Pero! ¿Cómo no me di cuenta de eso antes?"

Sólo Dios ve el panorama completo, la verdadera ruta hacia la felicidad y la paz, y nunca nos lo comunica a nosotros únicamente. No somos lo suficientemente inteligentes para escucharlo correctamente por nosotros mismos. Necesitamos la ayuda de una comunidad: un director espiritual, amigos cristianos, un confesor, etc. Y, también, necesitamos confiar en el Espíritu Santo que nos hablará a nosotros en nuestros corazones y luego lo confirmará a través de otros.

Confiar en el Señor significa aceptar que somos tontamente estúpidos, comparados con su sabiduría y conocimiento. No debemos confiar en nuestras propias habilidades para tomar decisiones acertadas sin su consejo, ni podemos confiar en nuestra habilidad para discernir correctamente esa guía. En la humildad de ese descubrimiento, abrimos nuestras vidas a la divina dirección e intervención.

Una de mis oraciones favoritas es: "Señor, agárrame de los tobillos hoy y no me dejes deambular fuera del camino que tú deseas para mí." No puedo confiar en mí misma para saber dónde me está llevando el Señor pero puedo confiar en que el Señor es más fuerte y grande que yo. Todo lo que necesita de mí es mi deseo de ser guiada por él. En sus manos estoy segura. Él me corrige cuando me equivoco, me re-direcciona hacia conclusiones correctas e incluso me detiene en mi camino, cuando mi tonto cerebro testarudamente se rehúsa a prestar atención.

Esto es abandonar nuestras vidas por el bien de encontrar vida. ¿Da miedo? ¡Claro! Negarnos a nosotros mismos (dejar de lado nuestros caminos, nuestras ideas de cómo encontrar la felicidad) para confiar en Dios es, verdaderamente, una pérdida que finalmente nos da la mejor de las ganancias y es una cuestión de vida o muerte.

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