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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Dios es la fuente de la vida y, cuando confiamos en nosotros mismos o en los demás, nuestras vidas se tornan vacías o secas.
Jueves de la 16ta. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de Santa Brígida, Religiosa
Julio 23, 2026
Jeremías 2, 1-3.7-8.12-13
Salmo 36 (35), 6-11
Mateo 13, 10-17
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072326.cfm
¿Estás en el pozo?
Algunas personas cavan sus propios pozos y luego caen en ellos. Al considerar el significado de la primera lectura de hoy para nuestras necesidades diarias, la cisterna puede representar nuestros propios esfuerzos para hacer que nuestra vida sea buena. Dios es la fuente - el agua - que alimenta una vida verdaderamente buena. Él es la fuente de la vida, como dice el salmo responsorial de hoy y cuando confiamos en nosotros mismos u otros recursos que no sean Dios, nuestra vida se convierte en vacía y seca. Quedamos secos por las grietas de nuestro quebrantamiento.
¿Puedes recordar un momento en que sentías entusiasmo por confiar en Jesús? Todos hemos estado emocionados con el Señor, por lo general justo después de cualquier tipo de experiencia de conversión. En esos momentos, estábamos totalmente dedicados a amar a Dios y a aprender todo lo que pudiéramos sobre la fe. Queríamos agradarle, queríamos ser santos.
Pero ¡vaya! Nos tropezamos y caímos en un agujero. El camino no era tan suave como pensamos que sería. El viaje se hizo más difícil y dijimos: "¡Hey, no me gusta el trabajo duro de la santidad!" Y así nos fuimos a otro lado en busca de aguas refrescantes. Cavamos un hoyo para recopilar de esta otra agua y luego caímos en él para descubrir que era bastante seco o que el "agua" era realmente agua residual.
Cuando recibimos el Sacramento de la Reconciliación, Jesús nos levanta, nos saca, nos limpia la suciedad y pone nuestros pies en el camino nuevamente. Luego nos dice que sigamos adelante ("ve y no peques más"). Pero ¿qué pasa si no queremos humillarnos y utilizar este sacramento? ¿Qué pasa si tratamos de salir de nuestros agujeros sin las gracias especiales que vienen con la ayuda sacramental de Dios?
Rasgamos los lados del agujero en una desesperada búsqueda de puntos de apoyo, pero esto en realidad lo agranda. Podríamos pedirle a Jesús que nos ayude, pero si no tenemos ningún deseo de cambiar, sólo estamos aferrándonos a las herramientas que apartan los costados y hacen el agujero más grande.
Cuanto más tiempo permanecemos en esta condición más profundo cavamos. Cuando las personas caen y tocan fondo es porque han estado excavando durante mucho tiempo. Afortunadamente, entre más profundo es el hoyo, menos se puede ver la superficie fuera del agujero y, eventualmente (si no han cerrado sus ojos a la verdad), lo único que serán capaces de ver es la mano de Jesús llegando a ellos. Entonces la única opción es elegir el camino de Dios hacia afuera o seguir enterrados en el barro.
Un cristiano que se hunde en un agujero es alguien que escucha a Dios, pero no logra comprender. La humildad nos permite aceptar lo que no entendemos y esto abre los ojos a la mano de Jesús llegando hasta nosotros. En humildad, tenemos que pedir al Espíritu Santo que nos explique la verdad y cambiar nuestra mente. Hasta que no confiemos en Dios de esta manera y miremos atentamente no vamos a ver la verdadera forma de salir de nuestros pozos.
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© por Terry A. Modica (Por favor, compártelo intacto.)
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Jueves de la 16ta. Semana del Tiempo Ordinario
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Julio 23, 2026
Jeremías 2, 1-3.7-8.12-13
Salmo 36 (35), 6-11
Mateo 13, 10-17
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¿Estás en el pozo?
Algunas personas cavan sus propios pozos y luego caen en ellos. Al considerar el significado de la primera lectura de hoy para nuestras necesidades diarias, la cisterna puede representar nuestros propios esfuerzos para hacer que nuestra vida sea buena. Dios es la fuente - el agua - que alimenta una vida verdaderamente buena. Él es la fuente de la vida, como dice el salmo responsorial de hoy y cuando confiamos en nosotros mismos u otros recursos que no sean Dios, nuestra vida se convierte en vacía y seca. Quedamos secos por las grietas de nuestro quebrantamiento.
¿Puedes recordar un momento en que sentías entusiasmo por confiar en Jesús? Todos hemos estado emocionados con el Señor, por lo general justo después de cualquier tipo de experiencia de conversión. En esos momentos, estábamos totalmente dedicados a amar a Dios y a aprender todo lo que pudiéramos sobre la fe. Queríamos agradarle, queríamos ser santos.
Pero ¡vaya! Nos tropezamos y caímos en un agujero. El camino no era tan suave como pensamos que sería. El viaje se hizo más difícil y dijimos: "¡Hey, no me gusta el trabajo duro de la santidad!" Y así nos fuimos a otro lado en busca de aguas refrescantes. Cavamos un hoyo para recopilar de esta otra agua y luego caímos en él para descubrir que era bastante seco o que el "agua" era realmente agua residual.
Cuando recibimos el Sacramento de la Reconciliación, Jesús nos levanta, nos saca, nos limpia la suciedad y pone nuestros pies en el camino nuevamente. Luego nos dice que sigamos adelante ("ve y no peques más"). Pero ¿qué pasa si no queremos humillarnos y utilizar este sacramento? ¿Qué pasa si tratamos de salir de nuestros agujeros sin las gracias especiales que vienen con la ayuda sacramental de Dios?
Rasgamos los lados del agujero en una desesperada búsqueda de puntos de apoyo, pero esto en realidad lo agranda. Podríamos pedirle a Jesús que nos ayude, pero si no tenemos ningún deseo de cambiar, sólo estamos aferrándonos a las herramientas que apartan los costados y hacen el agujero más grande.
Cuanto más tiempo permanecemos en esta condición más profundo cavamos. Cuando las personas caen y tocan fondo es porque han estado excavando durante mucho tiempo. Afortunadamente, entre más profundo es el hoyo, menos se puede ver la superficie fuera del agujero y, eventualmente (si no han cerrado sus ojos a la verdad), lo único que serán capaces de ver es la mano de Jesús llegando a ellos. Entonces la única opción es elegir el camino de Dios hacia afuera o seguir enterrados en el barro.
Un cristiano que se hunde en un agujero es alguien que escucha a Dios, pero no logra comprender. La humildad nos permite aceptar lo que no entendemos y esto abre los ojos a la mano de Jesús llegando hasta nosotros. En humildad, tenemos que pedir al Espíritu Santo que nos explique la verdad y cambiar nuestra mente. Hasta que no confiemos en Dios de esta manera y miremos atentamente no vamos a ver la verdadera forma de salir de nuestros pozos.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Si nuestra suciedad es fertilizada y regada, nos convertimos en tierra rica y producimos una cosecha enorme y fructífera.
Viernes de la 16ta. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de de San Chárbel Makhluf, presbítero
Julio 24, 2026
Jeremías 3, 14-17
Jeremías 31, 10.11-12ab.13
Mateo 13, 18-23
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072426.cfm
¿Cómo está tu suciedad?
Cuando mi hijo, David, tenía diez años, me informó que su hermana pasó todo el día tratando de encontrar maneras para hacerlo parecer como un "montón de tierra". Cuando los dos se metieron en problemas, según su perspectiva, el terminó siendo el único castigado.
Su hermana, Tammy, sabía cómo encantar a sus padres con una sonrisa que decía: "Bien, aprendí mi lección. Ahora pasaré a la siguiente actividad, porque soy una joya en tu corazón indulgente". Para un hermano rival, ese es un intento descarado en una pila de tierra.
Pero oigan, Jesús nos llamó "suciedad" en la lectura del Evangelio de hoy. Bueno, dijo, "suelo", pero el punto es que si nuestra tierra es fertilizada y regada, nos volvemos un suelo rico y daremos una cosecha enorme y fructífera. No está mal pensar en nosotros mismos como suciedad, siempre que recordemos que queremos ser labrados y sembrados.
Si nuestra suciedad ha sido pisoteada por personas que caminaron cruelmente sobre nosotros, haciéndonos sentir duros y nuestros corazones cínicos, y si permanecemos sin sanar de este trato degradante, las semillas de amor que Dios siembra en nosotros son fácilmente robadas por el diablo quien nos dice que no merecemos un mejor trato o que debemos buscar venganza.
Si nuestra tierra está incrustada con rocas, si somos duros de cabeza y duros de corazón, y si nos gusta tirarle palabras duras a los demás, las semillas de amor que Dios siembra en nosotros no llegarán al suelo blando por debajo del lugar donde las raíces pueden crecer. Necesitamos ser pulverizados por las dificultades de la vida (y pensaste que tu vida no debería ser tan dramática). Los reveses y las persecuciones que tan fácilmente nos hacen vacilar en nuestra fe nos endurecerán o nos enseñarán compasión, es nuestra elección.
Si nuestra tierra produce aguijones hirientes y picudos y estamos causando que otros sufran, las semillas del amor se ahogan por nuestra obstinada indiferencia hacia los sentimientos y las necesidades de los demás. Al preferir el egocentrismo, nos estrangulan las ansiedades, el estrés y la soledad. Tenemos que podar las zarzas y quemar las espinas al humildemente acudir a Jesús en busca de ayuda en el Sacramento de la Reconciliación y, cuando sea posible, al reconciliarnos personalmente con los que hemos herido.
Si nuestra tierra es tierra fértil para un nuevo crecimiento, y si dejamos que Dios nos alimente con su Palabra y nos refresque con sus aguas sanadoras, el amor de Dios brotará dentro de nosotros, nuestra conciencia de ser amado crecerá y florecerá y produciremos una abundante cosecha de gran amor para los demás.
¿Cómo está tu suciedad? La próxima vez que te sientas avergonzado por algo que has hecho (la próxima vez que te sientas sucio), pregúntate qué tipo de tierra es esta. Si dejas que Dios te adentre, pronto estarás generando semillas que eventualmente bendecirán a muchas personas.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Si nuestra suciedad es fertilizada y regada, nos convertimos en tierra rica y producimos una cosecha enorme y fructífera.
Viernes de la 16ta. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de de San Chárbel Makhluf, presbítero
Julio 24, 2026
Jeremías 3, 14-17
Jeremías 31, 10.11-12ab.13
Mateo 13, 18-23
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¿Cómo está tu suciedad?
Cuando mi hijo, David, tenía diez años, me informó que su hermana pasó todo el día tratando de encontrar maneras para hacerlo parecer como un "montón de tierra". Cuando los dos se metieron en problemas, según su perspectiva, el terminó siendo el único castigado.
Su hermana, Tammy, sabía cómo encantar a sus padres con una sonrisa que decía: "Bien, aprendí mi lección. Ahora pasaré a la siguiente actividad, porque soy una joya en tu corazón indulgente". Para un hermano rival, ese es un intento descarado en una pila de tierra.
Pero oigan, Jesús nos llamó "suciedad" en la lectura del Evangelio de hoy. Bueno, dijo, "suelo", pero el punto es que si nuestra tierra es fertilizada y regada, nos volvemos un suelo rico y daremos una cosecha enorme y fructífera. No está mal pensar en nosotros mismos como suciedad, siempre que recordemos que queremos ser labrados y sembrados.
Si nuestra suciedad ha sido pisoteada por personas que caminaron cruelmente sobre nosotros, haciéndonos sentir duros y nuestros corazones cínicos, y si permanecemos sin sanar de este trato degradante, las semillas de amor que Dios siembra en nosotros son fácilmente robadas por el diablo quien nos dice que no merecemos un mejor trato o que debemos buscar venganza.
Si nuestra tierra está incrustada con rocas, si somos duros de cabeza y duros de corazón, y si nos gusta tirarle palabras duras a los demás, las semillas de amor que Dios siembra en nosotros no llegarán al suelo blando por debajo del lugar donde las raíces pueden crecer. Necesitamos ser pulverizados por las dificultades de la vida (y pensaste que tu vida no debería ser tan dramática). Los reveses y las persecuciones que tan fácilmente nos hacen vacilar en nuestra fe nos endurecerán o nos enseñarán compasión, es nuestra elección.
Si nuestra tierra produce aguijones hirientes y picudos y estamos causando que otros sufran, las semillas del amor se ahogan por nuestra obstinada indiferencia hacia los sentimientos y las necesidades de los demás. Al preferir el egocentrismo, nos estrangulan las ansiedades, el estrés y la soledad. Tenemos que podar las zarzas y quemar las espinas al humildemente acudir a Jesús en busca de ayuda en el Sacramento de la Reconciliación y, cuando sea posible, al reconciliarnos personalmente con los que hemos herido.
Si nuestra tierra es tierra fértil para un nuevo crecimiento, y si dejamos que Dios nos alimente con su Palabra y nos refresque con sus aguas sanadoras, el amor de Dios brotará dentro de nosotros, nuestra conciencia de ser amado crecerá y florecerá y produciremos una abundante cosecha de gran amor para los demás.
¿Cómo está tu suciedad? La próxima vez que te sientas avergonzado por algo que has hecho (la próxima vez que te sientas sucio), pregúntate qué tipo de tierra es esta. Si dejas que Dios te adentre, pronto estarás generando semillas que eventualmente bendecirán a muchas personas.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Cuanto más amamos a Cristo y seguimos sus caminos, más fácil es identificar lo que es realmente valioso y usar todo lo demás para sus propósitos.
17mo. Domingo del Tiempo Ordinario
Julio 26, 2026
1 Reyes 3, 5.7-12
Salmo 119 (118), 57.72.76-77.127-130
Romanos 8, 28-30
Mateo 13, 44-52
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072626.cfm
Los Tesoros del Reino de Dios
En la lectura del Evangelio de este domingo, Jesús nos dice que el reino de Dios es como un tesoro enterrado, una perla comprada a toda costa y una red de la que se sacará la mala pesca y se valorará la buena pesca.
En otras palabras, nuestra vida cristiana es una gran cantidad de objetos de valor. Si nuestro cofre del tesoro tiene basura sin valor, la basura tiene que ser arrojada lejos para hacer sitio para más objetos de valor. Algunos de nuestros tesoros tienen sólo valor temporal y terrenal y, en última instancia, serán inútiles a menos que sean usados para el reino de Dios.
La lectura de Romanos nos dice que todas las cosas obran para el bien de los que aman a Dios. Al purificar nuestras vidas de falsas perlas y peces muertos, nos volvemos más parecidos a nuestro Señor. Nos volvemos más útiles al Reino de Dios. Incluso las cosas malas que nos pasan, bajo la mano creativa de nuestro Dios todopoderoso y misericordiosamente amoroso, se ponen a buen uso como telas pulidoras que abrillantan nuestras perlas y sacan de nosotros un mejor brillo.
En la primera lectura, Salomón podría haber pedido a Dios grandes riquezas y las habría recibido, pero pidió un corazón comprensivo para que tuviera sabiduría para gobernar bien a la nación. A pesar de que gobernó imperfectamente, su reputación como el rey más sabio en la tierra se extendió por todo el mundo conocido y acumuló gran riqueza.
Esto es para enseñarnos que cuando buscamos primero los tesoros del Reino de Dios, entonces podemos usar con seguridad los tesoros de la tierra, porque la sabiduría de Dios nos guía a usarlos para el beneficio de su reino. Cuanto más amamos a Cristo y seguimos sus caminos, más fácil es identificar lo que es realmente valioso, separar la basura que no pertenece a Dios y usar todo lo demás para sus propósitos.
Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Qué tesoros están enterrados dentro de ti? ¿Qué perlas de sabiduría has ganado y cuánto te costó aprender esto? Escribe una lista de tus muchas cualidades. ¿Cómo demuestran que la presencia del Señor está dentro de ti?
Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
Elige un tesoro, un regalo o una perla que Dios te ha dado - algo que revela el reino de Dios. ¿Cómo lo descubriste o lo ganaste? ¿Qué efecto tiene en los demás?
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Cuanto más amamos a Cristo y seguimos sus caminos, más fácil es identificar lo que es realmente valioso y usar todo lo demás para sus propósitos.
17mo. Domingo del Tiempo Ordinario
Julio 26, 2026
1 Reyes 3, 5.7-12
Salmo 119 (118), 57.72.76-77.127-130
Romanos 8, 28-30
Mateo 13, 44-52
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Los Tesoros del Reino de Dios
En la lectura del Evangelio de este domingo, Jesús nos dice que el reino de Dios es como un tesoro enterrado, una perla comprada a toda costa y una red de la que se sacará la mala pesca y se valorará la buena pesca.
En otras palabras, nuestra vida cristiana es una gran cantidad de objetos de valor. Si nuestro cofre del tesoro tiene basura sin valor, la basura tiene que ser arrojada lejos para hacer sitio para más objetos de valor. Algunos de nuestros tesoros tienen sólo valor temporal y terrenal y, en última instancia, serán inútiles a menos que sean usados para el reino de Dios.
La lectura de Romanos nos dice que todas las cosas obran para el bien de los que aman a Dios. Al purificar nuestras vidas de falsas perlas y peces muertos, nos volvemos más parecidos a nuestro Señor. Nos volvemos más útiles al Reino de Dios. Incluso las cosas malas que nos pasan, bajo la mano creativa de nuestro Dios todopoderoso y misericordiosamente amoroso, se ponen a buen uso como telas pulidoras que abrillantan nuestras perlas y sacan de nosotros un mejor brillo.
En la primera lectura, Salomón podría haber pedido a Dios grandes riquezas y las habría recibido, pero pidió un corazón comprensivo para que tuviera sabiduría para gobernar bien a la nación. A pesar de que gobernó imperfectamente, su reputación como el rey más sabio en la tierra se extendió por todo el mundo conocido y acumuló gran riqueza.
Esto es para enseñarnos que cuando buscamos primero los tesoros del Reino de Dios, entonces podemos usar con seguridad los tesoros de la tierra, porque la sabiduría de Dios nos guía a usarlos para el beneficio de su reino. Cuanto más amamos a Cristo y seguimos sus caminos, más fácil es identificar lo que es realmente valioso, separar la basura que no pertenece a Dios y usar todo lo demás para sus propósitos.
Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Qué tesoros están enterrados dentro de ti? ¿Qué perlas de sabiduría has ganado y cuánto te costó aprender esto? Escribe una lista de tus muchas cualidades. ¿Cómo demuestran que la presencia del Señor está dentro de ti?
Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Cuanto más santos somos, más santa es la Iglesia y eso impacta al mundo a nuestro alrededor.
Lunes de la 17ma. Semana del Tiempo Ordinario
Julio 27, 2026
Jeremías 13, 1-11
Deuteronomio 32, 18-21
Mateo 13, 31-35
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072726.cfm
¿Está creciendo tu santidad?
En la primera lectura de hoy, Dios nos advierte que el orgullo echa a perder nuestra relación con él. Incluso si vamos a la iglesia, incluso si oramos, incluso si pensamos que estamos espiritualmente bien, si servimos a cualquier maestro que no sea Dios o si nos negamos a escuchar a nuestro Salvador sobre cualquier asunto, nuestro orgullo espiritual y nuestra actitud de hacer-como-me-parece deteriora nuestra unidad con él.
Aunque realmente amamos a Jesús, algo en nuestra santidad, que nos fue dado por Dios en nuestro bautismo, queda enterrado en la oscuridad húmeda donde comienza a echarse a perder. Cuanto más tiempo permanezcamos en esta condición, más peligroso se vuelve para nuestro espíritu y para la Iglesia (el Cuerpo terrenal de Cristo). Cuanto más santos somos, más santa es la Iglesia y esto impacta en el mundo que nos rodea.
Es verdad también que si usamos mal o no usamos los dones y talentos que Dios nos ha llamado a compartir para la edificación de la Iglesia y del mundo: nuestra mediocridad deteriora nuestra unidad con los sueños y deseos de Cristo de hacer del mundo un lugar mejor y más santo.
Si el Señor nos señala un área de pecado y nos rehusamos a ir al Sacramento de la Reconciliación o si nos olvidamos de hacer el trabajo duro de purificar nuestras vidas, la oscuridad que preferimos corroe nuestra unidad con el Espíritu de Santidad de Cristo. ¿Es eso lo que realmente queremos?
En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús nos invita a crecer de nuevo donde nos hemos estado pudriendo, a crecer tan rápido y tan grande como una planta de mostaza. Una forma de hacerlo es leer las vidas de los Santos. Al igual que nosotros, ellos tenían áreas de podredumbre en sus vidas. Al igual que nosotros, querían acercarse íntimamente con el Señor. Como nosotros, querían agradar al Señor, porque lo amaban y apreciaban lo que él había hecho por ellos. Y, como nosotros, necesitaban crecer en santidad.
¿Qué estás haciendo hoy que pudiera arruinar tu relación con Dios? ¿Los programas de televisión y el material de lectura que eliges o las amistades que tienes trabajan en contra de la unión íntima con Cristo?
¿Qué funciona como levadura en la masa de tu fe Cristiana?
Hace muchos años, una lesión en la espalda me confinó a la cama durante tres días. Utilicé ese tiempo para leer un libro, de principio a fin, sobre las vidas de los Santos, y emergí de este "retiro de dormitorio" como una persona cambiada. Antes de este incidente, le había estado pidiendo a Jesús que me enseñara a amar a todos como él ama a todos. Al leer las historias de los Santos, todos los cuales amaban a los demás apasionadamente, la semilla de mostaza de este deseo fue regada y fertilizada. Creció como un árbol de mostaza en solo tres días. No podemos sumergirnos en las vidas de Santo tras Santo sin ganar un nuevo crecimiento en santidad.
Deja a un lado todo lo que te distraiga de tu relación con Cristo. Lo admitamos o no, todo lo que tenemos en nuestras mentes nos afecta. O dejamos que se sequen nuestros árboles de mostaza o los alimentamos.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Cuanto más santos somos, más santa es la Iglesia y eso impacta al mundo a nuestro alrededor.
Lunes de la 17ma. Semana del Tiempo Ordinario
Julio 27, 2026
Jeremías 13, 1-11
Deuteronomio 32, 18-21
Mateo 13, 31-35
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¿Está creciendo tu santidad?
En la primera lectura de hoy, Dios nos advierte que el orgullo echa a perder nuestra relación con él. Incluso si vamos a la iglesia, incluso si oramos, incluso si pensamos que estamos espiritualmente bien, si servimos a cualquier maestro que no sea Dios o si nos negamos a escuchar a nuestro Salvador sobre cualquier asunto, nuestro orgullo espiritual y nuestra actitud de hacer-como-me-parece deteriora nuestra unidad con él.
Aunque realmente amamos a Jesús, algo en nuestra santidad, que nos fue dado por Dios en nuestro bautismo, queda enterrado en la oscuridad húmeda donde comienza a echarse a perder. Cuanto más tiempo permanezcamos en esta condición, más peligroso se vuelve para nuestro espíritu y para la Iglesia (el Cuerpo terrenal de Cristo). Cuanto más santos somos, más santa es la Iglesia y esto impacta en el mundo que nos rodea.
Es verdad también que si usamos mal o no usamos los dones y talentos que Dios nos ha llamado a compartir para la edificación de la Iglesia y del mundo: nuestra mediocridad deteriora nuestra unidad con los sueños y deseos de Cristo de hacer del mundo un lugar mejor y más santo.
Si el Señor nos señala un área de pecado y nos rehusamos a ir al Sacramento de la Reconciliación o si nos olvidamos de hacer el trabajo duro de purificar nuestras vidas, la oscuridad que preferimos corroe nuestra unidad con el Espíritu de Santidad de Cristo. ¿Es eso lo que realmente queremos?
En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús nos invita a crecer de nuevo donde nos hemos estado pudriendo, a crecer tan rápido y tan grande como una planta de mostaza. Una forma de hacerlo es leer las vidas de los Santos. Al igual que nosotros, ellos tenían áreas de podredumbre en sus vidas. Al igual que nosotros, querían acercarse íntimamente con el Señor. Como nosotros, querían agradar al Señor, porque lo amaban y apreciaban lo que él había hecho por ellos. Y, como nosotros, necesitaban crecer en santidad.
¿Qué estás haciendo hoy que pudiera arruinar tu relación con Dios? ¿Los programas de televisión y el material de lectura que eliges o las amistades que tienes trabajan en contra de la unión íntima con Cristo?
¿Qué funciona como levadura en la masa de tu fe Cristiana?
Hace muchos años, una lesión en la espalda me confinó a la cama durante tres días. Utilicé ese tiempo para leer un libro, de principio a fin, sobre las vidas de los Santos, y emergí de este "retiro de dormitorio" como una persona cambiada. Antes de este incidente, le había estado pidiendo a Jesús que me enseñara a amar a todos como él ama a todos. Al leer las historias de los Santos, todos los cuales amaban a los demás apasionadamente, la semilla de mostaza de este deseo fue regada y fertilizada. Creció como un árbol de mostaza en solo tres días. No podemos sumergirnos en las vidas de Santo tras Santo sin ganar un nuevo crecimiento en santidad.
Deja a un lado todo lo que te distraiga de tu relación con Cristo. Lo admitamos o no, todo lo que tenemos en nuestras mentes nos afecta. O dejamos que se sequen nuestros árboles de mostaza o los alimentamos.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Podemos apoyarnos en Jesús cuando nos quedamos cortos de justicia.
Martes de la 17ma. Semana del Tiempo Ordinario
Julio 28, 2026
Jeremías 14, 17-22
Salmo 79 (78), 8.9.11.13
Mateo 13, 36-43
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072826.cfm
¿Cómo podemos brillar como el sol?
¿Sabes si vas a llegar al cielo? Muchos católicos dicen que, aunque lo esperan, no están seguros. Tienen miedo de arruinar su salvación entre el ahora y el día de su muerte.
Jesús dice en el Evangelio de hoy: "Los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre." Así que vamos a cambiar la pregunta a: ¿Eres justo?
Dios todavía no ha eliminado de la tierra todas las malas hierbas que estrangulan nuestra justicia, pero ciertamente que quiere eliminar su influencia sobre nosotros. Esta es la razón por la que nos ha dado su Espíritu Santo. Podemos apoyarnos en Jesús cuando nos quedamos cortos de justicia.
Además, podemos pedir a Jesús que nos dé ángeles santos que nos ayudarán a distinguir entre el bien y el mal, la verdad y el engaño, la buena semilla y la mala semilla. No tenemos que estar conscientes de su presencia para ser guiados por ellos. Ellos son muy capaces de protegernos de las infecciones de los malhechores, siempre y cuando nos mantengamos humildemente corregibles.
Aquí está una oración maravillosa que puede ayudar con esto:
Letanías de la Humildad
(escrita por el Cardenal Merry del Val)
Oh Jesús, manso y humilde de corazón,
óyeme.
Del deseo de ser estimado,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser amado,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser exaltado,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser honrado,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser alabado,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser preferido a los demás,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser consultado,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser aceptado,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser humillado,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser despreciado,
líbrame, Jesús.
Del temor a ser reprendido,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser calumniado,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser olvidado,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser puesto en ridículo,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser injuriado,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser juzgado con malicia,
líbrame, Jesús.
Que otros sean más amados que yo.
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros sean más estimados que yo.
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros crezcan en la opinión del mundo y que yo me eclipse.
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros sean elegidos y que yo sea descartado.
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros sean alabados y que yo pase desapercibido.
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros sean preferidos a mí en todo.
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que deba ser.
Jesús dame la gracia de desearlo.
¡Amén!
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© Terry A. Modica, Good News Ministries (Por favor, compártelo intacto.)
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Podemos apoyarnos en Jesús cuando nos quedamos cortos de justicia.
Martes de la 17ma. Semana del Tiempo Ordinario
Julio 28, 2026
Jeremías 14, 17-22
Salmo 79 (78), 8.9.11.13
Mateo 13, 36-43
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072826.cfm
¿Cómo podemos brillar como el sol?
¿Sabes si vas a llegar al cielo? Muchos católicos dicen que, aunque lo esperan, no están seguros. Tienen miedo de arruinar su salvación entre el ahora y el día de su muerte.
Jesús dice en el Evangelio de hoy: "Los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre." Así que vamos a cambiar la pregunta a: ¿Eres justo?
Dios todavía no ha eliminado de la tierra todas las malas hierbas que estrangulan nuestra justicia, pero ciertamente que quiere eliminar su influencia sobre nosotros. Esta es la razón por la que nos ha dado su Espíritu Santo. Podemos apoyarnos en Jesús cuando nos quedamos cortos de justicia.
Además, podemos pedir a Jesús que nos dé ángeles santos que nos ayudarán a distinguir entre el bien y el mal, la verdad y el engaño, la buena semilla y la mala semilla. No tenemos que estar conscientes de su presencia para ser guiados por ellos. Ellos son muy capaces de protegernos de las infecciones de los malhechores, siempre y cuando nos mantengamos humildemente corregibles.
Aquí está una oración maravillosa que puede ayudar con esto:
Letanías de la Humildad
(escrita por el Cardenal Merry del Val)
Oh Jesús, manso y humilde de corazón,
óyeme.
Del deseo de ser estimado,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser amado,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser exaltado,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser honrado,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser alabado,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser preferido a los demás,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser consultado,
líbrame, Jesús.
Del deseo de ser aceptado,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser humillado,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser despreciado,
líbrame, Jesús.
Del temor a ser reprendido,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser calumniado,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser olvidado,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser puesto en ridículo,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser injuriado,
líbrame, Jesús.
Del temor de ser juzgado con malicia,
líbrame, Jesús.
Que otros sean más amados que yo.
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros sean más estimados que yo.
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros crezcan en la opinión del mundo y que yo me eclipse.
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros sean elegidos y que yo sea descartado.
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros sean alabados y que yo pase desapercibido.
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros sean preferidos a mí en todo.
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que deba ser.
Jesús dame la gracia de desearlo.
¡Amén!
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Las respuestas de Dios a nuestras oraciones, siempre son exactamente aquello que es mejor, cuando es mejor y de la manera más amorosa.
Memorial de Santa Marta, María y Lázaro
Julio 29, 2026
Jeremías 26, 1-9
Salmo 68, 38.8-10.14
Juan 11, 19-27 o Lucas 10, 38-42
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072926.cfm
Oración activa y escucha contemplativa
Las hermanas Marta y María tenían dos maneras distintas de buscar la ayuda de Jesús. Marta era activa; le dijo a Jesús exactamente qué necesitaba de él, qué situación mala debía ser corregida y quién debería ser sanado. Y María era contemplativa: ella escuchaba en silencio.
En una de las opciones de hoy para la lectura del Evangelio (Juan 11, 19-27), Jesús llega después que Lázaro ha muerto. Marta sale apresuradamente a decirle a Jesús, sin términos medios, que la vida de su hermano podría haberse salvado si él hubiera llegado antes. María, sin embargo, permaneció en su casa.
En la otra opción para la lectura del Evangelio de hoy (Lucas 10, 38-42), Marta es una buena anfitriona. Ella cuida de todos con bondad, un regalo para Jesús, mientras María se sienta a sus pies para aprender de él. Marta, la hacendosa, le dice a él que necesita ayuda y que María no está haciendo lo que le corresponde.
Hablar con Dios acerca de las injusticias, contarle nuestras necesidades, y pedirle ayuda es correcto y bueno. Pero cuando la petición viene con la insinuación de que Dios no entiende la situación, estamos siendo ansiosos como Marta. Cuando pensamos que Dios está atrasado, no estamos confiando en él. Cuando oramos repetida y persistentemente en un estado de ansiedad, es el momento de sentarnos y escuchar, como la tranquila María.
Fíjate lo que Marta hizo después de hacer sus demandas: también escuchó. En ese momento se dio cuenta que Jesús comprendía mucho más las circunstancias que ella.
Durante las oraciones de intercesión de la Misa, cuando decimos: "Señor escucha nuestra oración" o "Escúchanos Señor" siento que le estoy diciendo a Dios que escuche, como si no lo estuviera haciendo. En realidad, él está tratando que yo escuche. Él jamás deja de escuchar y preocuparse. Él conoce nuestras necesidades, mucho antes que empecemos a pedir por ellas. Tenemos que recordar que: "Señor escucha nuestra oración", significa realmente "Señor, recibe este regalo de oración. Gracias por escucharnos. Ayúdanos a escuchar tu respuesta."
La ansiedad y las preocupaciones nos llevan a: "Dios no está convencido aún, así que tendré que seguir pidiendo, y si no actúa lo suficientemente rápido, ¡uy!, demasiado tarde, ya se murió Lázaro." Observa la confianza que Jesús trató de infundir en Marta cuando llegó cuatro días tarde. Fíjate como manejó amorosamente su ansiedad, y mira cómo te trata a ti de la misma manera.
¡Dios nunca llega tarde! Sus tiempos son siempre perfectos. Sus respuestas a nuestras oraciones son siempre, exactamente, lo que es mejor y cuando es mejor, y de la manera más amorosa. Para calmarnos y descansar en esta verdad, tenemos que sentarnos calladamente y tomar conciencia, calladamente, de la bondad de Dios.
Shhh ... Siéntate en silencio ... Escucha ... ¡Él está aquí! ...
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Memorial de Santa Marta, María y Lázaro
Julio 29, 2026
Jeremías 26, 1-9
Salmo 68, 38.8-10.14
Juan 11, 19-27 o Lucas 10, 38-42
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Oración activa y escucha contemplativa
Las hermanas Marta y María tenían dos maneras distintas de buscar la ayuda de Jesús. Marta era activa; le dijo a Jesús exactamente qué necesitaba de él, qué situación mala debía ser corregida y quién debería ser sanado. Y María era contemplativa: ella escuchaba en silencio.
En una de las opciones de hoy para la lectura del Evangelio (Juan 11, 19-27), Jesús llega después que Lázaro ha muerto. Marta sale apresuradamente a decirle a Jesús, sin términos medios, que la vida de su hermano podría haberse salvado si él hubiera llegado antes. María, sin embargo, permaneció en su casa.
En la otra opción para la lectura del Evangelio de hoy (Lucas 10, 38-42), Marta es una buena anfitriona. Ella cuida de todos con bondad, un regalo para Jesús, mientras María se sienta a sus pies para aprender de él. Marta, la hacendosa, le dice a él que necesita ayuda y que María no está haciendo lo que le corresponde.
Hablar con Dios acerca de las injusticias, contarle nuestras necesidades, y pedirle ayuda es correcto y bueno. Pero cuando la petición viene con la insinuación de que Dios no entiende la situación, estamos siendo ansiosos como Marta. Cuando pensamos que Dios está atrasado, no estamos confiando en él. Cuando oramos repetida y persistentemente en un estado de ansiedad, es el momento de sentarnos y escuchar, como la tranquila María.
Fíjate lo que Marta hizo después de hacer sus demandas: también escuchó. En ese momento se dio cuenta que Jesús comprendía mucho más las circunstancias que ella.
Durante las oraciones de intercesión de la Misa, cuando decimos: "Señor escucha nuestra oración" o "Escúchanos Señor" siento que le estoy diciendo a Dios que escuche, como si no lo estuviera haciendo. En realidad, él está tratando que yo escuche. Él jamás deja de escuchar y preocuparse. Él conoce nuestras necesidades, mucho antes que empecemos a pedir por ellas. Tenemos que recordar que: "Señor escucha nuestra oración", significa realmente "Señor, recibe este regalo de oración. Gracias por escucharnos. Ayúdanos a escuchar tu respuesta."
La ansiedad y las preocupaciones nos llevan a: "Dios no está convencido aún, así que tendré que seguir pidiendo, y si no actúa lo suficientemente rápido, ¡uy!, demasiado tarde, ya se murió Lázaro." Observa la confianza que Jesús trató de infundir en Marta cuando llegó cuatro días tarde. Fíjate como manejó amorosamente su ansiedad, y mira cómo te trata a ti de la misma manera.
¡Dios nunca llega tarde! Sus tiempos son siempre perfectos. Sus respuestas a nuestras oraciones son siempre, exactamente, lo que es mejor y cuando es mejor, y de la manera más amorosa. Para calmarnos y descansar en esta verdad, tenemos que sentarnos calladamente y tomar conciencia, calladamente, de la bondad de Dios.
Shhh ... Siéntate en silencio ... Escucha ... ¡Él está aquí! ...
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