Reflexiones Diarias - BNC
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Cuando liberamos a los demás por lo que nos adeudan por habernos lastimado, ¡nos liberamos nosotros y NUESTRA sanación comienza!

24to. Domingo del Tiempo Ordinario
Septiembre 13, 2026

Sirácides 27, 30--28, 9
Salmo 103 (102), 1-4.9-12
Romanos 14, 7-9
Mateo 18, 21-35
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/091326.cfm

La libertad del perdón

El mensaje de Jesús en la lectura del Evangelio de este domingo explica una línea de la oración del "Padre Nuestro" que había enseñado anteriormente (Mateo 6, 12): "Perdona nuestras ofensas al igual que nosotros perdonamos a los que nos ofenden".

La palabra más fuerte aquí es "COMO" – tal como, al igual que, en igual medida.

Si hay alguien que no hayamos perdonado, si hay alguien por quien no podemos orar con amor, es mejor que mantengamos la boca cerrada durante esta parte de la oración a nuestro Padre, que es el Padre de todos.

A veces, es difícil perdonar porque creemos que "perdonar" significa "olvidar". Jesús nunca dijo que debemos olvidar lo que el deudor debe. Perdonar significa recordar - y aprender del recuerdo - sin exigir el pago o la retribución.

La falta de perdón es una forma de castigo: es tiempo de cobrar. Por ejemplo, si seguimos enfadados, esperamos que nuestra ira o frialdad de alguna manera castiguen al pecador y lo hagan arrepentirse. Bien, adivina qué. Eso nunca funciona.

Aquí hay algo más que hacemos que nunca funciona: mantener rencor para protegernos de que nos hagan daño de nuevo. Los resentimientos no nos liberan del dolor de los malos recuerdos. Nos encadena a ellos.

Cuando liberamos a otros de las deudas que nos deben por hacernos daño (si lo buscan o no, si siguen vivos o no), nos liberamos y nuestra curación comienza - ¡NUESTRA curación!

Es el regalo más amoroso que podemos darnos a nosotros mismos, ya que es un regalo de amor a los demás. Incluso cuando no reconocen nuestro obsequio, Dios lo hace.

Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Quién te enoja porque no merecen tu perdón? ¿Qué estás ganando con la falta de perdón y el resentimiento? ¿Qué perderás si perdonas?

Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
¿Cuál es la parte más difícil del perdón? ¿Qué pasos tomas para empujarte a abandonar la falta de perdón para que puedas encontrar la sanación? ¡Compartir esto con otros difundirá buenas ideas que podrían cambiar la vida de alguien!

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: El amor nunca fracasa en continuar amando.

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
Septiembre 14, 2026

Números 21, 4b-9
Salmo 78 (77), 1bc-2.34-38 (con 7b)
Filipenses 2, 6-11
Juan 3, 13-17
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/091426.cfm

La Santa Cruz se eleva sobre la destrucción

La fe se prueba y fortalece en las crisis. El crecimiento espiritual no sucede, generalmente, en tiempos fáciles y confortables. No podemos subir hasta reinos superiores si primero no nos damos cuenta de que hay algo de lo que tenemos que alejarnos.

Conocemos muy bien el sentimiento de la primera línea de la primera lectura de hoy: nuestra paciencia se ha agotado en el trayecto. Nos quejamos a Dios. Mientras soportamos las pruebas, nos quejamos porque debería contestar nuestras oraciones más rápidamente o de manera diferente, porque no nos gusta esperar y no nos gusta el esfuerzo extra que se necesita para que nuestros sufrimientos finalicen.

Las quejas están basadas en la falta de esperanza y confianza en Dios. Las quejas están basadas en lo que vemos con nuestros ojos -- como si pudiéramos confiar en que nuestros ojos ven el panorama completo. La fe nos dice que hay un cuadro mucho mayor que el que podemos conocer o comprender. La fe nos dice que Dios ha estado trabajando un plan -- su propia estrategia -- para transformar nuestros sufrimientos en un bien mayor.

Como se nos recuerda en el pasaje del Evangelio de hoy, la cura para el desastre en que cayeron los israelitas es, también, la cura para nosotros hoy. El mismo signo del desastre se transforma en lo que nos salva. ¡Que tengamos ojos para ver la Cruz de Cristo elevada sobre los desastres que han estado acaeciendo en nuestras propias vidas, sobre nuestros temores, dolores y rencores!

En cada crisis, transitamos un proceso de dolor. Descubrir el triunfo de la Cruz sobre el mal requiere tiempo de llanto y trabajo, pasando por 5 etapas:

1) Negación: ¿Puede estar sucediendo esto realmente? ¡No a mí, Señor!

2) Regateo: si rezo más rosarios, tal vez se detengan las cosas malas.

3) Depresión: me siento tan vacío, desesperado, solo, ignorado por Dios.

4) Enojo: aquellos que causaron este sufrimiento deberían ser castigados. ¡Estás equivocado al decir que debo amarlos!

5) Aceptación: sucedió, pero Dios aún es Dios. Él sigue en control. Sigue estando a cargo. Hará que algo bueno salga de esta tragedia y quiero crecer a partir de estas pruebas, tornándome más fuerte en la fe y en el amor.

El Padre le dio a Jesús ángeles que lo sirvieron cuando cargó su Cruz. El Padre te ha dado a ti ángeles y también te ha dado a su Hijo.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: María llora por ti cuando te alejas de su Hijo.

Memorial de Nuestra Señora de los Dolores
Septiembre 15, 2026

1 Corintios 12, 12-14.27-31
Salmo 99, 2-5
Juan 19, 25-27 o Lucas 2, 33-35
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Dios te quiere abrazar en tus dolores

¿Cuál es el propósito de tus lágrimas cuando lloras? Por lo general, mis lágrimas significan que quiero que algo cambie y yo no voy a ser feliz hasta que no cambie. Pero eso sólo se traduce en ojos hinchados y pañuelos sucios.

¡Pero si lo convertimos en oración nuestro dolor se vuelve muy valioso!

Es saludable ser emocional y verter nuestra tristeza en una conversación con Dios. Nuestras lágrimas no son balas que disparan nuestras frustraciones hacia el cielo, a fin de obligar a Dios a darse prisa y hacer mejorar las cosas - a pesar de que se puede sentir de esa manera. En nuestros dolores, cada lágrima es, en sí misma, una oración. Cuando estás cansado de usar palabras, sólo llora.

Si las lágrimas no fueran diamantes-oraciones, ¿por qué nuestra Madre Santísima lloraría en el cielo? ¿Por qué sería nuestra Señora de los Dolores? ¿No es el cielo un lugar de alegría, donde no hay más dolor? Sin embargo, María llora porque las personas están siendo perjudicadas por el pecado en el mundo. Ella llora por ti cuando te apartas de su Hijo. Ella llora contigo cuando lloras por los pecados de los demás.

Las lágrimas derramadas durante el tiempo de oración son valiosas para Dios, porque este es un momento de rendición. Hemos dejado de tratar de cambiar lo que no podemos cambiar. Todavía podríamos desearlo pero, mientras estamos llorando, hemos dejado de intentarlo. En esa humilde entrega le damos a Dios la autorización para entrar y consolarnos.

Cuando el Padre escuchó las oraciones de su hijo en el jardín de Getsemaní no cambió lo que Jesús tendría que soportar, pero él lo consoló. Abrazó a su Hijo con tierna compasión y solidaridad. Le envió ángeles para apoyo adicional. Esto le dio a Jesús la fuerza para elegir obedecer y decir: "Hágase tu voluntad, no la mía" y soportar sus sufrimientos.

Jesús sabía desde los Salmos, que había memorizado de niño, que Dios lo rescataría. Ahora, también lo sabía en su corazón mientras lloraba. La resurrección vendría, las promesas se cumplirían y mediante la entrega a la fuerza consoladora del Padre, Jesús sería capaz de viajar por el camino de dolor que eventualmente conduciría a la victoria prometida.

En la lectura del Evangelio de hoy vemos cómo se repite el abrazo reconfortante en la relación entre María y el discípulo Juan. Este fue el momento de mayor dolor de María; ella se lamentaba con una angustia que sólo las madres pueden saber. Juan se lamentaba por el sufrimiento y la pérdida de su amigo más querido. Jesús, a pesar de su propio dolor lleno de tristeza, pasó a su madre y a su amigo, la herencia consoladora de su Padre uniéndolos permanentemente, en su abrazo mutuo, en un vínculo de apoyo y amistad.

Es en la comunidad cristiana que recibimos el consuelo de Dios. Él te da amigos solidarios que te abrazan con su amor. Si tú no sabes quiénes son estos compañeros de consuelo, mira más de cerca y sal a buscarlos; ellos están aquí para ti. Dios te quiere abrazar a través de ellos para darte su tierna compasión y simpatía.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Creer en Dios y amarlo sin amar también a todos los que él ama, es una fe incompleta.

Miércoles de la 24ta. Semana del Tiempo Ordinario
Santos Cornelio, Papa y Cipriano, Obispo, Mártires
Septiembre 16, 2026

1 Corintios 12, 31--13, 13
Salmo 33, 2-5. 12,22
Lucas 7, 31-35
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El amor nunca falla


Ser cristiano es, como dice San Pablo en la primera lectura de hoy, "luchar con entusiasmo por los grandes dones espirituales." Y el mejor, dice, es la excelencia en el amor. Hagamos lo que hagamos, sin amor no tiene sentido.

La fe sin amor no es una fe verdadera. ¿Por qué? Porque Dios es amor, y hagamos lo que hagamos sin él no tiene sentido. Creer en él y amarlo sin amar también todos los que él ama (que es todo el mundo, no importa lo malo que alguien sea) es una fe insuficiente.

Qué tan bien amamos es medido por lo mucho que nos preocupamos por las personas que nos hacen infelices - los que nos rechazan, hieren nuestros sentimientos, o nos dan razones para temerles, o aquellos que ponen obstáculos en nuestro camino espiritual o se oponen a nosotros en otra maneras. (¡Ey! ¡No hay nadie que sea fácil de amar todo el tiempo!) Y sin embargo, nos preocupamos por ellos. ¿Cierto?

Para ser un cristiano maduro, tenemos que dejar a un lado las cosas infantiles de las que Pablo habla. ¿Cómo manejan los niños a los acosadores? Huyen de miedo. O se retiran en una depresión y se esconden en mundos de fantasía. O se quejan de lo cruelmente que fueron tratados, hablando mal del agresor cada vez que pueden. O encuentran maneras de tomar represalias e infligir venganza.

¿Cómo manejamos a los acosadores los cristianos maduros? Corremos a Dios para la curación de las heridas y el calmante de nuestros dolores. Aprendemos de su Palabra cómo proteger con justicia nuestros corazones sin aislarnos. Y encontramos maneras de amar a los demás en los mismos momentos en que se están comportando como enemigos, incluso unirnos a Jesús en la cruz cuando es el momento para eso. (Recuerde que a veces Jesús se alejó.)

Negarse a amar a los agresores hasta que nos traten muy bien es romper nuestra unión con Dios. Pablo enumera algunas de las maneras en que podemos hacer esto: la impaciencia, comportamientos poco amables, los celos, el orgullo y la pomposidad, haciéndonos parecer mejores que otros, la grosería, insistiendo en nuestra propia manera, ser iracundo, murmurando sobre cómo hemos sido heridos, alegrarnos cuando algo malo le sucede a los que fueron malos con nosotros, negarnos a soportar todas las cosas incluyendo el tratamiento injusto, rechazando lo que la Biblia y las enseñanzas de la Iglesia dicen sobre el amor incondicional, olvidando a la esperanza de la victoria de Cristo, y renunciar cuando nuestro amor por los demás no produce los resultados que queremos.

¡Guau! ¡Qué lista! Resuena con nuestras vidas demasiado. Parece que es hora de volver al Sacramento de la Reconciliación o volver a misa donde el Rito de la Penitencia nos restaura a la unión con Dios y entre hermanos.

El amor nunca deja de seguir amando. Cuando caminamos con Jesús todo el camino a través del valle de la tristeza y el dolor, caminamos con el amor, llevando a Jesús con nosotros. Incluso cuando los demás no logran ser convertidos por la presencia de Cristo en nosotros, su amor nunca deja de sanarnos y aumentar en nosotros su propia santidad.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Dios aprecia nuestro deseo de crecer en santidad.

Jueves de la 24ta. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de Santa Hildegarda de Bingen, virgen y doctora de la Iglesia
Septiembre 17, 2026

1 Corintios 15, 1-11
Salmo 118, 1-2,16ab-17.28
Lucas 7, 36-50
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Honestidad sobre nuestra vulnerabilidad al pecado

En el pasaje del Evangelio de hoy Jesús dice: "El que es perdonado poco, poco ama." En otras palabras, aquellos que no piden perdón muy a menudo tienen poco amor genuino por los demás.

Estamos todos ciegos hasta cierto punto, a los pecados que cometemos. No queremos verlos. Tenemos miedo de que admitir nuestros pecados demostrará que no merecemos ser amados o que Dios nos va a castigar al hacernos miserables. Así que sin pensar en ello (lo cual nos abriría a la verdad), nos centramos en los pecados de otros. Nosotros racionalizamos nuestra propia pecaminosidad. Defendemos nuestras acciones. Nos justificamos a nosotros mismos, olvidando que Jesús ya nos justifica en la cruz.

Estamos controlados por la idea inconsciente: "Si yo no sé cuáles son mis pecados, entonces Dios tampoco." Seguimos siendo el niño que robó un dulce en la habitación de papá justo antes de la cena y se lo comió en un armario oscuro para evitar ser descubierto, sin darse cuenta de que las envolturas caídas en el suelo expondrán nuestro secreto. Bueno adivinen qué, nuestro omnisciente Papá celestial no está interesado en castigarnos.

Hace unos días, describí el pecado como "errar el blanco", es decir, fallar al amar de todo corazón. Como seguidores de Cristo hemos sido redimidos del poder del pecado. Se nos ha renacido como "santos" y ya no somos "pecadores". Sin embargo, pecamos todos los días porque todavía no amamos a Dios y a todos los demás. Nuestro viaje diario hacia el cielo implica mejorar nuestra puntería de manera que le acertemos en el centro del blanco con más frecuencia. Esta es la vida como un santo terrenal.

Dios aprecia nuestro deseo de crecer en la santidad. Considera qué persona en la lectura de hoy disfrutó más de la presencia de Jesús: ¿Simón el Fariseo o la mujer pecadora? Cuando somos como Simón, atrapado en el autoengaño de creer que somos mejores que las personas cuyos pecados son claramente visibles, realmente estamos tratando de protegernos de ser castigados. Este enfoque en uno mismo interfiere con nuestro objetivo: Estamos condenando a los demás como inferiores, no los estamos amando.

Cuando somos como la mujer pecadora, honestos con nosotros mismos acerca de no dar en el blanco, descubrimos un amor más grande: Descubrimos la profundidad a la que Dios se preocupa por nosotros. Apreciamos lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz. Disfrutamos de su presencia ¡oh, mucho más!

La Misa tiene una oportunidad incorporada para buscar el perdón por las veces que hemos perdido la marca, lo que nos permite recibir el amor que está disponible para nosotros en la Palabra y en la Eucaristía. A principios de la liturgia es el rito penitencial; El sacerdote nos da la absolución de cualquier pecado venial (*) que podemos traer a la mente. Sin embargo, esto ocurre demasiado rápido para un buen examen de conciencia en el acto. Tenemos que prepararnos para ello siendo honestos con nosotros mismos antes de la Misa.

Y cuando no podemos pensar en nuevos pecados, podemos decirle a Dios: "Perdóname por ser ciego - y por querer ser ciego - a mis pecados." Es un buen comienzo para el baño de los pies cansados de Jesús con nuestras lágrimas.
(* Venial significa "menor"; un pecado venial ha roto nuestra unidad con Dios, pero no ha destruido toda nuestra relación con Dios. Un pecado "mortal" es un rechazo total de Dios y que entendemos perfectamente lo que estamos haciendo. Esto requiere todos los beneficios del Sacramento de la Reconciliación para la restauración de nuestras almas.)

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Jesús es la razón de tu esperanza, no las circunstancias o las personas de tu vida.

Viernes de la 24ta. Semana del Tiempo Ordinario
Septiembre 18, 2026

1 Corintios 15, 12-20
Salmo 16, 1bcd.6-8b.15
Lucas 8, 1-3
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Encontrar esperanza en medio del desaliento

¿Te sientes desanimado? ¡Entonces pon tu atención de nuevo en Jesús!

Jesús es la razón de tu esperanza, no las circunstancias o las personas de tu vida. Dios es más grande que tu peor problema y le importas - él realmente, realmente se preocupa por ti. Pero él no tiene una varita mágica para hacer que todo de repente se convierta en fácil, agradable y feliz. ¿Qué santidad aprenderíamos de eso? ¿Y cómo las personas que nos están causando problemas ganarían humildad?

Si pudiéramos visitar el lejano futuro, ver hacia atrás este momento y ver dos rutas opcionales - una en la que Dios nos lleva con un atajo hasta el final de nuestros problemas y, otra, en la que caminamos todo el trayecto a través del valle de sombras con Jesús - sin duda preferiríamos la segunda. ¡Hay tanto que podemos obtener! Más bendiciones, más triunfos, más crecimiento espiritual, más beneficios para los que están en el viaje con nosotros, más ministerio que brota de él para que podamos hacer una diferencia grande ayudando a los demás y, así, sucesivamente, mucho más.

Sin embargo, morir a nuestro deseo de que todo sea fácil, agradable y feliz en este momento es, para nosotros, una muerte difícil. Vamos a llorar, pero el duelo nos va a ayudar a llegar más allá de la alegría de la resurrección que surge de las penurias.

Todas nuestras muertes (nuestros sufrimientos, humillaciones, rechazos, persecuciones, falsas acusaciones contra nosotros, pérdida de las personas que amamos, etc.) siempre resultarán en resurrecciones si seguimos de cerca a Jesús. Pero en medio del desaliento y la depresión parece imposible, ¿verdad? Eso es porque, antes de que ocurra la resurrección, no podemos imaginar cómo Dios va a convertir nuestras muertes diarias en una nueva vida.

Para que Jesús sea nuestra fuente de esperanza tenemos que colocarlo directamente frente a nosotros y debemos mantener nuestros ojos en él. Tenemos que dejar que bloquee nuestra visión de lo que está mal y lo que tememos que podría salir mal. Tenemos que dejar que su crucifixión absorba el dolor que estamos sintiendo. Cuando conectamos nuestros sufrimientos al sacrificio de Cristo, también conectamos nuestras vidas a su resurrección.

Como dice San Pablo en la primera lectura de hoy, ¿cómo puedes decir que no habrá resurrección para ti? Si no hay resurrección, Cristo mismo no ha resucitado y nuestra fe es inútil, sin sentido.

En lugar de ver la evidencia del sufrimiento y la muerte y usarlas como prueba de que nuestras vidas no van a mejorar, tenemos que esperar el tiempo perfecto de Dios para la nueva vida que comienza. Al confiar en Él y seguir su guía en cada paso del camino, podemos cantar con el salmista en nuestro Salmo responsorial de hoy, "¡Señor, cuando tu gloria aparezca, mi gozo será completo!"

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