Esta reflexión es de Good News Ministries @ https://buenasnuevascatolicas.org/reflexiones-de-las-buenas-nuevas/2026-09-10
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Al dar a otros el amor de Cristo, sin importar cómo nos traten, nos sumergimos nosotros mismos, plenamente, en el amor de Cristo.
Jueves de la 23ra. Semana del Tiempo Ordinario
Septiembre 10, 2026
1 Corintios 8, 1-13
Salmo 138, 1-3.13-14.23-24
Lucas 6, 27-38
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/091026.cfm
El gozo de amar a tus enemigos*
¿Quién te maldijo? ¡Bendícelo! ¿Quién te ha maltratado? ¡Reza por él! ¿Quién te ha quitado algo injustamente? ¡Dale más! ¿Quién ha sido un enemigo para ti? Ámalo como debería amarte pero no lo hace.
Ouch, no disfruto vivir así. Pero, ¿quién dice que se supone que debemos disfrutar de todo lo que hacemos? Jesús ciertamente no disfrutó su cruz. El camino de la cruz es lo que separa lo santo de lo terrenal. Como dice Jesús en la lectura del Evangelio de hoy, "Si amas a los que te aman, ¡gran cosa! Incluso los pecadores hacen eso". Somos santos, es decir, somos diferentes del mundo porque seguimos a Cristo, en la forma en que tratamos a los que no nos aman: la manera sana, la compasiva, la parecida a Cristo.
Jesús deletreó muy claramente que para ser hijos del Dios Altísimo, debemos ser amables con los ingratos y los malvados, al igual que nuestro Divino Padre. Tenemos que ser misericordiosos, al igual que nuestro Padre a cuya imagen fuimos creados.
Disfrutar de lo que hacemos no siempre es posible, pero la alegría sí lo es. La alegría cristiana (la alegría de Cristo) proviene de apoyarse en Cristo, porque él está lleno de amor por nosotros. Nunca seremos amados lo suficiente por otros, pero podemos estar llenos de amor, la elección es nuestra. Al dar el amor de Cristo a los demás sin importar cómo nos tratan, nos sumergimos completamente en el amor de Cristo. Lo que damos es lo que recibimos, porque Dios es amor, y cuando damos amor incluso a aquellos que no lo merecen, recibimos a Dios, ¡que es la única fuente de verdadero amor y verdadera alegría!
Jesús dijo que lo que medimos es la misma medida por la cual recibimos. Si medimos solo pequeñas dosis de amor (pequeños actos de bondad, perdón condicional, porciones sobrantes de nuestro dinero y posesiones, etc.), tenemos tan poca conexión con Dios que no estamos recibiendo todo lo que él puede dar. Pero si somos generosos, si el vaso medidor parece sin fondo, es porque estamos llenos de Dios. Su misericordia, su perdón, su amor, sus dones, su ayuda, todo se nos da en buena medida, amontonados, sacudidos y desbordados en las vidas de los demás.
No importa lo que otros nos hagan, Dios es bueno con nosotros. Cuando nos maldicen y los bendecimos, Dios nos bendice, y como lo que él bendice se convierte en santo, nos volvemos ¡guau! - santos. Cuando nos maltratan y oramos por ellos, Jesús ora por nosotros, por nuestras necesidades y por nuestra sanidad, y el Padre nunca le dirá que no a su Hijo. Cuando nos quitan injustamente y les damos más de lo que están exigiendo, Dios nos da más de lo que necesitamos.
¡Eso es lo mucho que Dios nos ama! ¡Oh qué alegría!
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© por Terry A. Modica (Por favor, compártelo intacto.)
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Jueves de la 23ra. Semana del Tiempo Ordinario
Septiembre 10, 2026
1 Corintios 8, 1-13
Salmo 138, 1-3.13-14.23-24
Lucas 6, 27-38
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El gozo de amar a tus enemigos*
¿Quién te maldijo? ¡Bendícelo! ¿Quién te ha maltratado? ¡Reza por él! ¿Quién te ha quitado algo injustamente? ¡Dale más! ¿Quién ha sido un enemigo para ti? Ámalo como debería amarte pero no lo hace.
Ouch, no disfruto vivir así. Pero, ¿quién dice que se supone que debemos disfrutar de todo lo que hacemos? Jesús ciertamente no disfrutó su cruz. El camino de la cruz es lo que separa lo santo de lo terrenal. Como dice Jesús en la lectura del Evangelio de hoy, "Si amas a los que te aman, ¡gran cosa! Incluso los pecadores hacen eso". Somos santos, es decir, somos diferentes del mundo porque seguimos a Cristo, en la forma en que tratamos a los que no nos aman: la manera sana, la compasiva, la parecida a Cristo.
Jesús deletreó muy claramente que para ser hijos del Dios Altísimo, debemos ser amables con los ingratos y los malvados, al igual que nuestro Divino Padre. Tenemos que ser misericordiosos, al igual que nuestro Padre a cuya imagen fuimos creados.
Disfrutar de lo que hacemos no siempre es posible, pero la alegría sí lo es. La alegría cristiana (la alegría de Cristo) proviene de apoyarse en Cristo, porque él está lleno de amor por nosotros. Nunca seremos amados lo suficiente por otros, pero podemos estar llenos de amor, la elección es nuestra. Al dar el amor de Cristo a los demás sin importar cómo nos tratan, nos sumergimos completamente en el amor de Cristo. Lo que damos es lo que recibimos, porque Dios es amor, y cuando damos amor incluso a aquellos que no lo merecen, recibimos a Dios, ¡que es la única fuente de verdadero amor y verdadera alegría!
Jesús dijo que lo que medimos es la misma medida por la cual recibimos. Si medimos solo pequeñas dosis de amor (pequeños actos de bondad, perdón condicional, porciones sobrantes de nuestro dinero y posesiones, etc.), tenemos tan poca conexión con Dios que no estamos recibiendo todo lo que él puede dar. Pero si somos generosos, si el vaso medidor parece sin fondo, es porque estamos llenos de Dios. Su misericordia, su perdón, su amor, sus dones, su ayuda, todo se nos da en buena medida, amontonados, sacudidos y desbordados en las vidas de los demás.
No importa lo que otros nos hagan, Dios es bueno con nosotros. Cuando nos maldicen y los bendecimos, Dios nos bendice, y como lo que él bendice se convierte en santo, nos volvemos ¡guau! - santos. Cuando nos maltratan y oramos por ellos, Jesús ora por nosotros, por nuestras necesidades y por nuestra sanidad, y el Padre nunca le dirá que no a su Hijo. Cuando nos quitan injustamente y les damos más de lo que están exigiendo, Dios nos da más de lo que necesitamos.
¡Eso es lo mucho que Dios nos ama! ¡Oh qué alegría!
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Para vencer al mal debemos ser flexibles para poder evadir sus obstáculos.
Viernes de la 23ra. Semana del Tiempo Ordinario
Septiembre 11, 2026
1 Corintios 9, 16-19.22b-27
Salmo 84, 3-6.12
Lucas 6, 39-42
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/091126.cfm
La flexibilidad es necesaria para difundir la Buena Nueva
En nuestra primera lectura de hoy, San Pablo nos muestra la importancia de la flexibilidad. Él era de una sola mente en su compromiso de difundir la Buena Nueva, pero era de mente abierta acerca de cómo hacerlo.
Después de 2000 años de reglas, normas y leyes canónicas es fácil olvidar dónde, en realidad, hay espacio para la flexibilidad. O tal vez tenemos miedo de cambios y adaptaciones, porque interpretamos la "flexibilidad" como una puerta abierta a los caminos del mundo - pero ese no es el tipo de flexibilidad que Pablo promovió.
Pablo mantiene una estricta obediencia a los mandatos de Dios y abrazó su obligación de predicar el Evangelio, sin embargo, permaneció flexible en la forma en que lo predicó. Su llamado es nuestro llamado también: todos debemos estar corriendo con pasión por el premio eterno que se da a los ganadores en la carrera contra el mal. Y, para derrotar el mal, tenemos que ser flexibles para que podamos evadir sus obstáculos.
Un ejemplo de flexibilidad Paulina es la forma en que predicaba sin cobrar una tarifa. Jesús dijo que los siervos de Dios deben ser pagados (véase Lucas 10: 7; Pablo lo reconoció en el versículo 14 de la lectura de hoy). ¿Quiere decir que estaba desobedeciendo a Cristo? Por supuesto que no, Pablo optó por obedecer la orden más alta de hacerse "esclavo de todos".
Y al convertirse en "todo a todos, para salvar al menos a algunos", se encontró con la gente donde estaban, compartió la Buena Nueva con ellos de una manera que pudieran entender.
Un buen ejemplo de esto es el ministerio de jóvenes adultos que utiliza las herramientas populares de la cultura de hoy, para atraer personas que están al borde de la creencia y que están desconectados de la Iglesia institucional. Podemos atraerlos al Evangelio invitando discusiones abiertas sin criticarlos por dónde están en sus caminos espirituales.
Por el bien de la salvación de una persona, estamos llamados a ser flexibles no esperando que se adhieran a cada regla de la Iglesia antes de enseñarlos cómo encontrar y abrazar a Jesús en esas reglas. No ayudamos a nadie cuando los condenamos por lo que están haciendo mal, pero ayudamos a alguien cuando lo invitamos a crecer a un ritmo que no los aparte.
Las personas sólo son responsables de sus pecados cuando saben que están pecando y eligen de todas formas libremente desobedecer. Nosotros, por el contrario, después de haber aprendido la verdad, somos responsables por el amor y el conocimiento que no somos capaces de darles. Como dice Jesús en el Evangelio de hoy, estamos siendo hipócritas, quejándonos por la paja de su responsabilidad, mientras que el enorme tronco de nuestra propia rendición de cuentas está atascando nuestra visión y nos ciega a la misericordia que Dios nos da a todos con flexibilidad.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Para vencer al mal debemos ser flexibles para poder evadir sus obstáculos.
Viernes de la 23ra. Semana del Tiempo Ordinario
Septiembre 11, 2026
1 Corintios 9, 16-19.22b-27
Salmo 84, 3-6.12
Lucas 6, 39-42
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/091126.cfm
La flexibilidad es necesaria para difundir la Buena Nueva
En nuestra primera lectura de hoy, San Pablo nos muestra la importancia de la flexibilidad. Él era de una sola mente en su compromiso de difundir la Buena Nueva, pero era de mente abierta acerca de cómo hacerlo.
Después de 2000 años de reglas, normas y leyes canónicas es fácil olvidar dónde, en realidad, hay espacio para la flexibilidad. O tal vez tenemos miedo de cambios y adaptaciones, porque interpretamos la "flexibilidad" como una puerta abierta a los caminos del mundo - pero ese no es el tipo de flexibilidad que Pablo promovió.
Pablo mantiene una estricta obediencia a los mandatos de Dios y abrazó su obligación de predicar el Evangelio, sin embargo, permaneció flexible en la forma en que lo predicó. Su llamado es nuestro llamado también: todos debemos estar corriendo con pasión por el premio eterno que se da a los ganadores en la carrera contra el mal. Y, para derrotar el mal, tenemos que ser flexibles para que podamos evadir sus obstáculos.
Un ejemplo de flexibilidad Paulina es la forma en que predicaba sin cobrar una tarifa. Jesús dijo que los siervos de Dios deben ser pagados (véase Lucas 10: 7; Pablo lo reconoció en el versículo 14 de la lectura de hoy). ¿Quiere decir que estaba desobedeciendo a Cristo? Por supuesto que no, Pablo optó por obedecer la orden más alta de hacerse "esclavo de todos".
Y al convertirse en "todo a todos, para salvar al menos a algunos", se encontró con la gente donde estaban, compartió la Buena Nueva con ellos de una manera que pudieran entender.
Un buen ejemplo de esto es el ministerio de jóvenes adultos que utiliza las herramientas populares de la cultura de hoy, para atraer personas que están al borde de la creencia y que están desconectados de la Iglesia institucional. Podemos atraerlos al Evangelio invitando discusiones abiertas sin criticarlos por dónde están en sus caminos espirituales.
Por el bien de la salvación de una persona, estamos llamados a ser flexibles no esperando que se adhieran a cada regla de la Iglesia antes de enseñarlos cómo encontrar y abrazar a Jesús en esas reglas. No ayudamos a nadie cuando los condenamos por lo que están haciendo mal, pero ayudamos a alguien cuando lo invitamos a crecer a un ritmo que no los aparte.
Las personas sólo son responsables de sus pecados cuando saben que están pecando y eligen de todas formas libremente desobedecer. Nosotros, por el contrario, después de haber aprendido la verdad, somos responsables por el amor y el conocimiento que no somos capaces de darles. Como dice Jesús en el Evangelio de hoy, estamos siendo hipócritas, quejándonos por la paja de su responsabilidad, mientras que el enorme tronco de nuestra propia rendición de cuentas está atascando nuestra visión y nos ciega a la misericordia que Dios nos da a todos con flexibilidad.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Cuando liberamos a los demás por lo que nos adeudan por habernos lastimado, ¡nos liberamos nosotros y NUESTRA sanación comienza!
24to. Domingo del Tiempo Ordinario
Septiembre 13, 2026
Sirácides 27, 30--28, 9
Salmo 103 (102), 1-4.9-12
Romanos 14, 7-9
Mateo 18, 21-35
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/091326.cfm
La libertad del perdón
El mensaje de Jesús en la lectura del Evangelio de este domingo explica una línea de la oración del "Padre Nuestro" que había enseñado anteriormente (Mateo 6, 12): "Perdona nuestras ofensas al igual que nosotros perdonamos a los que nos ofenden".
La palabra más fuerte aquí es "COMO" – tal como, al igual que, en igual medida.
Si hay alguien que no hayamos perdonado, si hay alguien por quien no podemos orar con amor, es mejor que mantengamos la boca cerrada durante esta parte de la oración a nuestro Padre, que es el Padre de todos.
A veces, es difícil perdonar porque creemos que "perdonar" significa "olvidar". Jesús nunca dijo que debemos olvidar lo que el deudor debe. Perdonar significa recordar - y aprender del recuerdo - sin exigir el pago o la retribución.
La falta de perdón es una forma de castigo: es tiempo de cobrar. Por ejemplo, si seguimos enfadados, esperamos que nuestra ira o frialdad de alguna manera castiguen al pecador y lo hagan arrepentirse. Bien, adivina qué. Eso nunca funciona.
Aquí hay algo más que hacemos que nunca funciona: mantener rencor para protegernos de que nos hagan daño de nuevo. Los resentimientos no nos liberan del dolor de los malos recuerdos. Nos encadena a ellos.
Cuando liberamos a otros de las deudas que nos deben por hacernos daño (si lo buscan o no, si siguen vivos o no), nos liberamos y nuestra curación comienza - ¡NUESTRA curación!
Es el regalo más amoroso que podemos darnos a nosotros mismos, ya que es un regalo de amor a los demás. Incluso cuando no reconocen nuestro obsequio, Dios lo hace.
Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Quién te enoja porque no merecen tu perdón? ¿Qué estás ganando con la falta de perdón y el resentimiento? ¿Qué perderás si perdonas?
Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
¿Cuál es la parte más difícil del perdón? ¿Qué pasos tomas para empujarte a abandonar la falta de perdón para que puedas encontrar la sanación? ¡Compartir esto con otros difundirá buenas ideas que podrían cambiar la vida de alguien!
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Cuando liberamos a los demás por lo que nos adeudan por habernos lastimado, ¡nos liberamos nosotros y NUESTRA sanación comienza!
24to. Domingo del Tiempo Ordinario
Septiembre 13, 2026
Sirácides 27, 30--28, 9
Salmo 103 (102), 1-4.9-12
Romanos 14, 7-9
Mateo 18, 21-35
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La libertad del perdón
El mensaje de Jesús en la lectura del Evangelio de este domingo explica una línea de la oración del "Padre Nuestro" que había enseñado anteriormente (Mateo 6, 12): "Perdona nuestras ofensas al igual que nosotros perdonamos a los que nos ofenden".
La palabra más fuerte aquí es "COMO" – tal como, al igual que, en igual medida.
Si hay alguien que no hayamos perdonado, si hay alguien por quien no podemos orar con amor, es mejor que mantengamos la boca cerrada durante esta parte de la oración a nuestro Padre, que es el Padre de todos.
A veces, es difícil perdonar porque creemos que "perdonar" significa "olvidar". Jesús nunca dijo que debemos olvidar lo que el deudor debe. Perdonar significa recordar - y aprender del recuerdo - sin exigir el pago o la retribución.
La falta de perdón es una forma de castigo: es tiempo de cobrar. Por ejemplo, si seguimos enfadados, esperamos que nuestra ira o frialdad de alguna manera castiguen al pecador y lo hagan arrepentirse. Bien, adivina qué. Eso nunca funciona.
Aquí hay algo más que hacemos que nunca funciona: mantener rencor para protegernos de que nos hagan daño de nuevo. Los resentimientos no nos liberan del dolor de los malos recuerdos. Nos encadena a ellos.
Cuando liberamos a otros de las deudas que nos deben por hacernos daño (si lo buscan o no, si siguen vivos o no), nos liberamos y nuestra curación comienza - ¡NUESTRA curación!
Es el regalo más amoroso que podemos darnos a nosotros mismos, ya que es un regalo de amor a los demás. Incluso cuando no reconocen nuestro obsequio, Dios lo hace.
Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Quién te enoja porque no merecen tu perdón? ¿Qué estás ganando con la falta de perdón y el resentimiento? ¿Qué perderás si perdonas?
Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
¿Cuál es la parte más difícil del perdón? ¿Qué pasos tomas para empujarte a abandonar la falta de perdón para que puedas encontrar la sanación? ¡Compartir esto con otros difundirá buenas ideas que podrían cambiar la vida de alguien!
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Buenas Nuevas Católicas
La libertad del perdón
Cuando liberamos a los demás por lo que nos adeudan por habernos lastimado, ¡nos liberamos nosotros y NUESTRA sanación comienza!
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: El amor nunca fracasa en continuar amando.
Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
Septiembre 14, 2026
Números 21, 4b-9
Salmo 78 (77), 1bc-2.34-38 (con 7b)
Filipenses 2, 6-11
Juan 3, 13-17
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/091426.cfm
La Santa Cruz se eleva sobre la destrucción
La fe se prueba y fortalece en las crisis. El crecimiento espiritual no sucede, generalmente, en tiempos fáciles y confortables. No podemos subir hasta reinos superiores si primero no nos damos cuenta de que hay algo de lo que tenemos que alejarnos.
Conocemos muy bien el sentimiento de la primera línea de la primera lectura de hoy: nuestra paciencia se ha agotado en el trayecto. Nos quejamos a Dios. Mientras soportamos las pruebas, nos quejamos porque debería contestar nuestras oraciones más rápidamente o de manera diferente, porque no nos gusta esperar y no nos gusta el esfuerzo extra que se necesita para que nuestros sufrimientos finalicen.
Las quejas están basadas en la falta de esperanza y confianza en Dios. Las quejas están basadas en lo que vemos con nuestros ojos -- como si pudiéramos confiar en que nuestros ojos ven el panorama completo. La fe nos dice que hay un cuadro mucho mayor que el que podemos conocer o comprender. La fe nos dice que Dios ha estado trabajando un plan -- su propia estrategia -- para transformar nuestros sufrimientos en un bien mayor.
Como se nos recuerda en el pasaje del Evangelio de hoy, la cura para el desastre en que cayeron los israelitas es, también, la cura para nosotros hoy. El mismo signo del desastre se transforma en lo que nos salva. ¡Que tengamos ojos para ver la Cruz de Cristo elevada sobre los desastres que han estado acaeciendo en nuestras propias vidas, sobre nuestros temores, dolores y rencores!
En cada crisis, transitamos un proceso de dolor. Descubrir el triunfo de la Cruz sobre el mal requiere tiempo de llanto y trabajo, pasando por 5 etapas:
1) Negación: ¿Puede estar sucediendo esto realmente? ¡No a mí, Señor!
2) Regateo: si rezo más rosarios, tal vez se detengan las cosas malas.
3) Depresión: me siento tan vacío, desesperado, solo, ignorado por Dios.
4) Enojo: aquellos que causaron este sufrimiento deberían ser castigados. ¡Estás equivocado al decir que debo amarlos!
5) Aceptación: sucedió, pero Dios aún es Dios. Él sigue en control. Sigue estando a cargo. Hará que algo bueno salga de esta tragedia y quiero crecer a partir de estas pruebas, tornándome más fuerte en la fe y en el amor.
El Padre le dio a Jesús ángeles que lo sirvieron cuando cargó su Cruz. El Padre te ha dado a ti ángeles y también te ha dado a su Hijo.
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Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
Septiembre 14, 2026
Números 21, 4b-9
Salmo 78 (77), 1bc-2.34-38 (con 7b)
Filipenses 2, 6-11
Juan 3, 13-17
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La Santa Cruz se eleva sobre la destrucción
La fe se prueba y fortalece en las crisis. El crecimiento espiritual no sucede, generalmente, en tiempos fáciles y confortables. No podemos subir hasta reinos superiores si primero no nos damos cuenta de que hay algo de lo que tenemos que alejarnos.
Conocemos muy bien el sentimiento de la primera línea de la primera lectura de hoy: nuestra paciencia se ha agotado en el trayecto. Nos quejamos a Dios. Mientras soportamos las pruebas, nos quejamos porque debería contestar nuestras oraciones más rápidamente o de manera diferente, porque no nos gusta esperar y no nos gusta el esfuerzo extra que se necesita para que nuestros sufrimientos finalicen.
Las quejas están basadas en la falta de esperanza y confianza en Dios. Las quejas están basadas en lo que vemos con nuestros ojos -- como si pudiéramos confiar en que nuestros ojos ven el panorama completo. La fe nos dice que hay un cuadro mucho mayor que el que podemos conocer o comprender. La fe nos dice que Dios ha estado trabajando un plan -- su propia estrategia -- para transformar nuestros sufrimientos en un bien mayor.
Como se nos recuerda en el pasaje del Evangelio de hoy, la cura para el desastre en que cayeron los israelitas es, también, la cura para nosotros hoy. El mismo signo del desastre se transforma en lo que nos salva. ¡Que tengamos ojos para ver la Cruz de Cristo elevada sobre los desastres que han estado acaeciendo en nuestras propias vidas, sobre nuestros temores, dolores y rencores!
En cada crisis, transitamos un proceso de dolor. Descubrir el triunfo de la Cruz sobre el mal requiere tiempo de llanto y trabajo, pasando por 5 etapas:
1) Negación: ¿Puede estar sucediendo esto realmente? ¡No a mí, Señor!
2) Regateo: si rezo más rosarios, tal vez se detengan las cosas malas.
3) Depresión: me siento tan vacío, desesperado, solo, ignorado por Dios.
4) Enojo: aquellos que causaron este sufrimiento deberían ser castigados. ¡Estás equivocado al decir que debo amarlos!
5) Aceptación: sucedió, pero Dios aún es Dios. Él sigue en control. Sigue estando a cargo. Hará que algo bueno salga de esta tragedia y quiero crecer a partir de estas pruebas, tornándome más fuerte en la fe y en el amor.
El Padre le dio a Jesús ángeles que lo sirvieron cuando cargó su Cruz. El Padre te ha dado a ti ángeles y también te ha dado a su Hijo.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: María llora por ti cuando te alejas de su Hijo.
Memorial de Nuestra Señora de los Dolores
Septiembre 15, 2026
1 Corintios 12, 12-14.27-31
Salmo 99, 2-5
Juan 19, 25-27 o Lucas 2, 33-35
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Dios te quiere abrazar en tus dolores
¿Cuál es el propósito de tus lágrimas cuando lloras? Por lo general, mis lágrimas significan que quiero que algo cambie y yo no voy a ser feliz hasta que no cambie. Pero eso sólo se traduce en ojos hinchados y pañuelos sucios.
¡Pero si lo convertimos en oración nuestro dolor se vuelve muy valioso!
Es saludable ser emocional y verter nuestra tristeza en una conversación con Dios. Nuestras lágrimas no son balas que disparan nuestras frustraciones hacia el cielo, a fin de obligar a Dios a darse prisa y hacer mejorar las cosas - a pesar de que se puede sentir de esa manera. En nuestros dolores, cada lágrima es, en sí misma, una oración. Cuando estás cansado de usar palabras, sólo llora.
Si las lágrimas no fueran diamantes-oraciones, ¿por qué nuestra Madre Santísima lloraría en el cielo? ¿Por qué sería nuestra Señora de los Dolores? ¿No es el cielo un lugar de alegría, donde no hay más dolor? Sin embargo, María llora porque las personas están siendo perjudicadas por el pecado en el mundo. Ella llora por ti cuando te apartas de su Hijo. Ella llora contigo cuando lloras por los pecados de los demás.
Las lágrimas derramadas durante el tiempo de oración son valiosas para Dios, porque este es un momento de rendición. Hemos dejado de tratar de cambiar lo que no podemos cambiar. Todavía podríamos desearlo pero, mientras estamos llorando, hemos dejado de intentarlo. En esa humilde entrega le damos a Dios la autorización para entrar y consolarnos.
Cuando el Padre escuchó las oraciones de su hijo en el jardín de Getsemaní no cambió lo que Jesús tendría que soportar, pero él lo consoló. Abrazó a su Hijo con tierna compasión y solidaridad. Le envió ángeles para apoyo adicional. Esto le dio a Jesús la fuerza para elegir obedecer y decir: "Hágase tu voluntad, no la mía" y soportar sus sufrimientos.
Jesús sabía desde los Salmos, que había memorizado de niño, que Dios lo rescataría. Ahora, también lo sabía en su corazón mientras lloraba. La resurrección vendría, las promesas se cumplirían y mediante la entrega a la fuerza consoladora del Padre, Jesús sería capaz de viajar por el camino de dolor que eventualmente conduciría a la victoria prometida.
En la lectura del Evangelio de hoy vemos cómo se repite el abrazo reconfortante en la relación entre María y el discípulo Juan. Este fue el momento de mayor dolor de María; ella se lamentaba con una angustia que sólo las madres pueden saber. Juan se lamentaba por el sufrimiento y la pérdida de su amigo más querido. Jesús, a pesar de su propio dolor lleno de tristeza, pasó a su madre y a su amigo, la herencia consoladora de su Padre uniéndolos permanentemente, en su abrazo mutuo, en un vínculo de apoyo y amistad.
Es en la comunidad cristiana que recibimos el consuelo de Dios. Él te da amigos solidarios que te abrazan con su amor. Si tú no sabes quiénes son estos compañeros de consuelo, mira más de cerca y sal a buscarlos; ellos están aquí para ti. Dios te quiere abrazar a través de ellos para darte su tierna compasión y simpatía.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: María llora por ti cuando te alejas de su Hijo.
Memorial de Nuestra Señora de los Dolores
Septiembre 15, 2026
1 Corintios 12, 12-14.27-31
Salmo 99, 2-5
Juan 19, 25-27 o Lucas 2, 33-35
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/091526.cfm
Dios te quiere abrazar en tus dolores
¿Cuál es el propósito de tus lágrimas cuando lloras? Por lo general, mis lágrimas significan que quiero que algo cambie y yo no voy a ser feliz hasta que no cambie. Pero eso sólo se traduce en ojos hinchados y pañuelos sucios.
¡Pero si lo convertimos en oración nuestro dolor se vuelve muy valioso!
Es saludable ser emocional y verter nuestra tristeza en una conversación con Dios. Nuestras lágrimas no son balas que disparan nuestras frustraciones hacia el cielo, a fin de obligar a Dios a darse prisa y hacer mejorar las cosas - a pesar de que se puede sentir de esa manera. En nuestros dolores, cada lágrima es, en sí misma, una oración. Cuando estás cansado de usar palabras, sólo llora.
Si las lágrimas no fueran diamantes-oraciones, ¿por qué nuestra Madre Santísima lloraría en el cielo? ¿Por qué sería nuestra Señora de los Dolores? ¿No es el cielo un lugar de alegría, donde no hay más dolor? Sin embargo, María llora porque las personas están siendo perjudicadas por el pecado en el mundo. Ella llora por ti cuando te apartas de su Hijo. Ella llora contigo cuando lloras por los pecados de los demás.
Las lágrimas derramadas durante el tiempo de oración son valiosas para Dios, porque este es un momento de rendición. Hemos dejado de tratar de cambiar lo que no podemos cambiar. Todavía podríamos desearlo pero, mientras estamos llorando, hemos dejado de intentarlo. En esa humilde entrega le damos a Dios la autorización para entrar y consolarnos.
Cuando el Padre escuchó las oraciones de su hijo en el jardín de Getsemaní no cambió lo que Jesús tendría que soportar, pero él lo consoló. Abrazó a su Hijo con tierna compasión y solidaridad. Le envió ángeles para apoyo adicional. Esto le dio a Jesús la fuerza para elegir obedecer y decir: "Hágase tu voluntad, no la mía" y soportar sus sufrimientos.
Jesús sabía desde los Salmos, que había memorizado de niño, que Dios lo rescataría. Ahora, también lo sabía en su corazón mientras lloraba. La resurrección vendría, las promesas se cumplirían y mediante la entrega a la fuerza consoladora del Padre, Jesús sería capaz de viajar por el camino de dolor que eventualmente conduciría a la victoria prometida.
En la lectura del Evangelio de hoy vemos cómo se repite el abrazo reconfortante en la relación entre María y el discípulo Juan. Este fue el momento de mayor dolor de María; ella se lamentaba con una angustia que sólo las madres pueden saber. Juan se lamentaba por el sufrimiento y la pérdida de su amigo más querido. Jesús, a pesar de su propio dolor lleno de tristeza, pasó a su madre y a su amigo, la herencia consoladora de su Padre uniéndolos permanentemente, en su abrazo mutuo, en un vínculo de apoyo y amistad.
Es en la comunidad cristiana que recibimos el consuelo de Dios. Él te da amigos solidarios que te abrazan con su amor. Si tú no sabes quiénes son estos compañeros de consuelo, mira más de cerca y sal a buscarlos; ellos están aquí para ti. Dios te quiere abrazar a través de ellos para darte su tierna compasión y simpatía.
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© Terry A. Modica, Good News Ministries (Por favor, compártelo intacto.)
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Creer en Dios y amarlo sin amar también a todos los que él ama, es una fe incompleta.
Miércoles de la 24ta. Semana del Tiempo Ordinario
Santos Cornelio, Papa y Cipriano, Obispo, Mártires
Septiembre 16, 2026
1 Corintios 12, 31--13, 13
Salmo 33, 2-5. 12,22
Lucas 7, 31-35
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/091626.cfm
El amor nunca falla
Ser cristiano es, como dice San Pablo en la primera lectura de hoy, "luchar con entusiasmo por los grandes dones espirituales." Y el mejor, dice, es la excelencia en el amor. Hagamos lo que hagamos, sin amor no tiene sentido.
La fe sin amor no es una fe verdadera. ¿Por qué? Porque Dios es amor, y hagamos lo que hagamos sin él no tiene sentido. Creer en él y amarlo sin amar también todos los que él ama (que es todo el mundo, no importa lo malo que alguien sea) es una fe insuficiente.
Qué tan bien amamos es medido por lo mucho que nos preocupamos por las personas que nos hacen infelices - los que nos rechazan, hieren nuestros sentimientos, o nos dan razones para temerles, o aquellos que ponen obstáculos en nuestro camino espiritual o se oponen a nosotros en otra maneras. (¡Ey! ¡No hay nadie que sea fácil de amar todo el tiempo!) Y sin embargo, nos preocupamos por ellos. ¿Cierto?
Para ser un cristiano maduro, tenemos que dejar a un lado las cosas infantiles de las que Pablo habla. ¿Cómo manejan los niños a los acosadores? Huyen de miedo. O se retiran en una depresión y se esconden en mundos de fantasía. O se quejan de lo cruelmente que fueron tratados, hablando mal del agresor cada vez que pueden. O encuentran maneras de tomar represalias e infligir venganza.
¿Cómo manejamos a los acosadores los cristianos maduros? Corremos a Dios para la curación de las heridas y el calmante de nuestros dolores. Aprendemos de su Palabra cómo proteger con justicia nuestros corazones sin aislarnos. Y encontramos maneras de amar a los demás en los mismos momentos en que se están comportando como enemigos, incluso unirnos a Jesús en la cruz cuando es el momento para eso. (Recuerde que a veces Jesús se alejó.)
Negarse a amar a los agresores hasta que nos traten muy bien es romper nuestra unión con Dios. Pablo enumera algunas de las maneras en que podemos hacer esto: la impaciencia, comportamientos poco amables, los celos, el orgullo y la pomposidad, haciéndonos parecer mejores que otros, la grosería, insistiendo en nuestra propia manera, ser iracundo, murmurando sobre cómo hemos sido heridos, alegrarnos cuando algo malo le sucede a los que fueron malos con nosotros, negarnos a soportar todas las cosas incluyendo el tratamiento injusto, rechazando lo que la Biblia y las enseñanzas de la Iglesia dicen sobre el amor incondicional, olvidando a la esperanza de la victoria de Cristo, y renunciar cuando nuestro amor por los demás no produce los resultados que queremos.
¡Guau! ¡Qué lista! Resuena con nuestras vidas demasiado. Parece que es hora de volver al Sacramento de la Reconciliación o volver a misa donde el Rito de la Penitencia nos restaura a la unión con Dios y entre hermanos.
El amor nunca deja de seguir amando. Cuando caminamos con Jesús todo el camino a través del valle de la tristeza y el dolor, caminamos con el amor, llevando a Jesús con nosotros. Incluso cuando los demás no logran ser convertidos por la presencia de Cristo en nosotros, su amor nunca deja de sanarnos y aumentar en nosotros su propia santidad.
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Miércoles de la 24ta. Semana del Tiempo Ordinario
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Septiembre 16, 2026
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Lucas 7, 31-35
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El amor nunca falla
Ser cristiano es, como dice San Pablo en la primera lectura de hoy, "luchar con entusiasmo por los grandes dones espirituales." Y el mejor, dice, es la excelencia en el amor. Hagamos lo que hagamos, sin amor no tiene sentido.
La fe sin amor no es una fe verdadera. ¿Por qué? Porque Dios es amor, y hagamos lo que hagamos sin él no tiene sentido. Creer en él y amarlo sin amar también todos los que él ama (que es todo el mundo, no importa lo malo que alguien sea) es una fe insuficiente.
Qué tan bien amamos es medido por lo mucho que nos preocupamos por las personas que nos hacen infelices - los que nos rechazan, hieren nuestros sentimientos, o nos dan razones para temerles, o aquellos que ponen obstáculos en nuestro camino espiritual o se oponen a nosotros en otra maneras. (¡Ey! ¡No hay nadie que sea fácil de amar todo el tiempo!) Y sin embargo, nos preocupamos por ellos. ¿Cierto?
Para ser un cristiano maduro, tenemos que dejar a un lado las cosas infantiles de las que Pablo habla. ¿Cómo manejan los niños a los acosadores? Huyen de miedo. O se retiran en una depresión y se esconden en mundos de fantasía. O se quejan de lo cruelmente que fueron tratados, hablando mal del agresor cada vez que pueden. O encuentran maneras de tomar represalias e infligir venganza.
¿Cómo manejamos a los acosadores los cristianos maduros? Corremos a Dios para la curación de las heridas y el calmante de nuestros dolores. Aprendemos de su Palabra cómo proteger con justicia nuestros corazones sin aislarnos. Y encontramos maneras de amar a los demás en los mismos momentos en que se están comportando como enemigos, incluso unirnos a Jesús en la cruz cuando es el momento para eso. (Recuerde que a veces Jesús se alejó.)
Negarse a amar a los agresores hasta que nos traten muy bien es romper nuestra unión con Dios. Pablo enumera algunas de las maneras en que podemos hacer esto: la impaciencia, comportamientos poco amables, los celos, el orgullo y la pomposidad, haciéndonos parecer mejores que otros, la grosería, insistiendo en nuestra propia manera, ser iracundo, murmurando sobre cómo hemos sido heridos, alegrarnos cuando algo malo le sucede a los que fueron malos con nosotros, negarnos a soportar todas las cosas incluyendo el tratamiento injusto, rechazando lo que la Biblia y las enseñanzas de la Iglesia dicen sobre el amor incondicional, olvidando a la esperanza de la victoria de Cristo, y renunciar cuando nuestro amor por los demás no produce los resultados que queremos.
¡Guau! ¡Qué lista! Resuena con nuestras vidas demasiado. Parece que es hora de volver al Sacramento de la Reconciliación o volver a misa donde el Rito de la Penitencia nos restaura a la unión con Dios y entre hermanos.
El amor nunca deja de seguir amando. Cuando caminamos con Jesús todo el camino a través del valle de la tristeza y el dolor, caminamos con el amor, llevando a Jesús con nosotros. Incluso cuando los demás no logran ser convertidos por la presencia de Cristo en nosotros, su amor nunca deja de sanarnos y aumentar en nosotros su propia santidad.
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