Reflexiones Diarias - BNC
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: En cada problema que enfrentas, recuerda que Dios se preocupa con amor infinito y es digno de tu confianza.

Solemnidad de San José, esposo de la Santísima Virgen María
Marzo 19, 2026

2 Samuel 7, 4-5.12-14.16
Salmo 88, 2-5.27.29
Romanos 4, 13.16-18.22
Mateo 1, 16.18-21.24 o Lucas 2, 41-51
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/031926.cfm

La confianza hace que la cruz sea tolerable

Las dos opciones para la Lectura del Evangelio en esta festividad parecen fuera de lugar en Cuaresma. Sin embargo, su lección de confianza es muy a propósito para hacer frente a la Cruz.

En ambas lecturas del Evangelio, vemos a José creciendo en su capacidad de confiar en Dios. ¡Cuán difícil debe haber sido creer la historia de María! Por lo tanto, puesto que él no confiaba en su versión de la historia sobre su embarazo, Dios le envió a un ángel en un sueño.

Ahora, José tuvo que confiar en que su sueño no era un producto de su propia imaginación. ¿No habría sido más convincente si el ángel se hubiera aparecido a él en persona, de la misma manera que María había sido visitada por un ángel?

Y, sin embargo, algo sobre el sueño de José disparó su fe. Él creyó lo que oyó en su sueño. Sin embargo, sospecho que una duda nueva le inundó tan pronto como creyó el mensaje del sueño. Él pudo haberse preguntado: ¿Quién soy yo para criar al Mesías? ¡No puedo hacer esto! ¡Yo no soy digno de esta responsabilidad y cometeré errores!"

Tal vez las preguntas permanecieron solamente un segundo, o tal vez tuvo que arrodillarse y profundizar en oración antes de poder sentir la confirmación de Dios. De cualquier manera, él decidió confiar en Dios, que le dio la libertad de sentirse a seguro de que Dios le ayudaría a cuidar de María y el niño.

Años más tarde, cuando Jesús tenía doce años, la confianza de José otra vez fue probada. ¡Perdió al niño por tres días! Tenía que elegir repetidas veces, momento a momento, confiar en Dios sin importar cuánto tiempo el niño estaba perdido. Tú y yo tenemos que confiar en Dios del mismo modo. Podemos bien mirar la evidencia que dice cuán mal están las cosas - viviendo preocupados - o podemos mirar a Dios y recordar que él se preocupa con amor infinito y es digno de nuestra confianza.

En la primera lectura de hoy, David decide confiar en que Dios protegería su trono para siempre. En la segunda lectura, Pablo nos recuerda que Abraham "espera contra toda esperanza" (que es el significado de confianza) que, aunque él y su esposa habían pasado sus años de procrear, se convertiría en el padre de una gran nación como le había sido prometido.

Y Jesús tuvo que confiar en que su muerte en la Cruz - y todo su dolor atroz y las torturas antes padecidas—llevarían a la gloria de la resurrección y la redención del mundo.

Para viajar a través de la Cruz hacia la resurrección, al pasar del dolor a la gloria, la confianza es necesaria. En cada problema que enfrentamos hoy en día -- sobre todo los mayores – detente y piensa en la opción que tienes: puedes preocuparte y tener miedo o puedes confiar en Dios. ¡Pídele a San José que te ayude!

Confía en Dios. Su gloria de la resurrección ya se ha planificado.

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© por Terry A. Modica (Por favor, compártelo intacto.)
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Nuestros sufrimientos tienen un valor eterno si los unimos a la Pasión de Cristo.

Viernes de la 4ta. Semana de Cuaresma
Marzo 20, 2026

Sabiduría 2, 1a.12-22
Salmo 33, 17-21.23
Juan 7, 1-2.10.25-30
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/032026.cfm

Reconocer a Jesús en el camino al Calvario

Existen muchas formas en que Jesús se nos presenta. Muchas de ellas son inesperadas, ¡a veces es tan así, que no podemos reconocerlo! La gente en la historia del Evangelio de hoy, no pudo reconocer a Jesús como el Mesías, debido a las expectativas que tenían.

¡Las expectativas pueden ser engañosas! Sí, podemos esperar que Dios nos ame y haga cosas buenas por nosotros, pero cuando tenemos expectativas sobre cómo y por qué él nos tiene que amar y hacernos el bien, usualmente terminamos decepcionados. Hasta nos podemos sentir abandonados.

La Cuaresma es un diario caminar con Jesús en el camino al Calvario, por el bien de una resurrección a su debido tiempo. Nuestros sufrimientos tienen valor eterno, si los unimos a la Pasión de Cristo.

Jesús está presente cuando sufrimos, pero si esperamos que él nos quite inmediatamente la pena, para probar que le importamos, no vamos a poder reconocer su plan de amor. Queremos atajos para la sanación y atajos para la felicidad, pero Dios sabe el daño que hay en estos atajos. A pesar de lo que nuestras expectativas insisten en cómo debe ser, Dios ejecuta el plan a largo plazo, y algún día estaremos muy agradecidos.

Algunas veces Jesús se quiere unir a nosotros por medio de gente que no nos agrada, pero como no esperamos que él aparezca allí, lo rechazamos. Es necesario hacer un esfuerzo para descubrir a Jesús en esas personas, pero él está ahí – enseñándonos a amar a los que son difíciles de amar.

Jesús se hace presente en muchas maneras ilógicas. Esperamos que todo lo que Dios hace y nos pide hacer tenga sentido. Pero no tuvo sentido para María que pudiera ser la madre del Mesías siendo virgen. Tampoco para José tuvo sentido. Y no es lógico que Dios utilice a una pecadora como yo para entregarte estas Reflexiones de la Buenas Nuevas. Y tampoco es lógico que tú seas la persona correcta para hacer las tareas que Dios ha puesto delante de ti. Pero si decimos "no" al plan de Dios, le estaremos diciendo "no" también a una maravillosa unión con Cristo.

El día de hoy Jesús se te está presentando de maneras inesperadas. ¿Puedes hallarlo?

Así es cómo: haz una lista de todos los aspectos de tu vida donde, supuestamente, Dios ha salido de la habitación, ha cerrado la puerta, olvidándose de ti. Donde te parezca que él te ha fallado, abandonado o descartado tus necesidades, allí es donde Jesús está presentándose a ti de maneras inesperadas.

Él no está allí donde tú estás mirando. Voltéate y mira en otra dirección. Es probable que tengas que ver en una dirección que no es de tu agrado. Donde esperas desastres y más miserias, inesperadamente, él está ahí, cambiando lo malo en bueno, para tu propio bien y para beneficio de todos los que están involucrados.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: “Surgió entre la multitud una división debido a él.” (De Juan 7, 40-53)

Sábado de la 4ta. Semana de Cuaresma
Marzo 21, 2026

Jeremías 11, 18-20
Salmo 7, 2-3.9bc-12
Juan 7, 40-53
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/032126.cfm

Cómo sanar del aguijón del rechazo

Uno de los sacrificios que hacemos por Cristo, es recibir el rechazo de amigos, familiares y compañeros de trabajo debido a nuestra fe. ¿Podemos aprender a manejarlo de la forma en que lo hizo Jesús? Cómo sanar del aguijón del rechazo es una de las lecciones más duras que debemos aprender como cristianos.

Ser “santo” significa ser diferente al mundo. Contra-cultural. Sin hacer compromisos en las enseñanzas morales de la Iglesia. Ser lo suficientemente valiente y audaz, y tener suficiente confianza en Cristo, amando a Dios lo suficiente como para mantenerse firme en lo que es correcto y verdadero, independientemente de las consecuencias.

Esto no es fácil. Ningún sacrificio es fácil, de lo contrario no es un verdadero sacrificio. Y el mundo de hoy predica que los sacrificios son malos, que en lugar de hacer sacrificios deberíamos mimarnos a nosotros mismos, nuestros deseos y nuestras ideas de lo que está bien y lo que está mal.

Pero, incluso cuando aprendemos a mantenernos firmes en la fe, sin importar el sacrificio que se necesite, el rechazo por parte de los seres queridos es descorazonador. Y el dolor en nuestro corazón no podrá sanar hasta que veamos la victoria de Cristo en sus vidas. Sin embargo, Dios es más grande que eso. Él puede sanar nuestros corazones.

Yo aprendí cómo sanar del aguijón del rechazo hace años, cuando Dios, milagrosamente, se llevó el dolor que yo sentía por el rechazo total de parte de mi hijo: mi hijo, que ayudó a edificar Good News Ministries mientras era un adolescente. En 2004, anunció, mientras yo estaba predicando en una escuela de evangelización de una semana de duración, en un seminario en Malaui, que nunca nos volvería a hablar ni a Ralph ni a mí.

Durante los primeros años de su rechazo, Dios Padre me permitió sufrir el dolor profundamente, mostrándome que este es muy pequeño comparado con lo que él siente por cada uno de sus hijos en la tierra que lo rechaza. Él permitió que me uniera a él en este sufrimiento. Aumentó mi determinación para ser una edificadora de la fe, para ayudar a otros a evitar las trampas de las mentiras de Satanás.

Una mañana, en mi momento de oración, mientras estaba lamentándome y llorando al Padre, rogándole que me dijera por qué las oraciones por el rescate de mi hijo no habían tenido resultados aún, Dios quitó mi dolor. En un instante, se había ido. ¡Es extraño! Desde entonces, he seguido sintiendo tristeza porque mi hijo (y ahora por mi hija también) ha perdido la fe y porque han sido atrapados por las trampas del demonio. Sufro por el error de su rechazo a Cristo y por rechazarme a mí, pero mi corazón no se siente destruido.

¿Qué está cocinando el Señor?

¿Por quién estás sufriendo? Recuerda esto: tus oraciones por ellos como el calor de un horno. Dios ya tiene todos los ingredientes, esperando para que tú te vuelvas al horno. Los ingredientes incluyen tu vida diaria, las dificultades por las que estás pasando, las diferentes personas involucradas, las dificultades que ellos necesitan soportar, tu confianza en Dios, tu crecimiento en la fe, tu purificación, etc.

Antes de que comenzaras a orar, Dios ya sabía la recita y cómo preparar los ingredientes. Incluso él ya había comenzado a cortar las verduras y a sazonar la carne. Y él sabe por cuánto tiempo debe cocinar cada parte de la receta, para que cuando todo esté bien cocido, tú puedas cenar con él disfrutando un banquete exquisito.

Y recuerda esto: ¡las comidas más deliciosas son las que se ha macerado por más tiempo!
Los sacrificios conquistan al demonio cuando los unimos a la Pasión de Cristo. Mantén tus ojos en Jesús, que es quien perfecciona tu fe (Hebreos 12, 2-3). Y pide a Dios Padre que te de un gran abrazo, como lo hizo conmigo. Su abrazo te sanará del aguijón del rechazo.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Dios usa nuestros sufrimientos (si se lo permitimos) para ayudarnos a crecer en compasión, perseverancia y ministerio.

5to. Domingo de Cuaresma
Marzo 22, 2026

Ezequiel 37, 12-14
Salmo 129, 1-8
Romanos 8, 8-11
Juan 11, 1-45
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/032226.cfm

La feliz verdad sobre el Camino Cuaresmal

La Cuaresma no es sobre el sufrimiento y el sacrificio. Es un pasillo hacia una nueva vida. El Viernes Santo no es sobre el mal, el dolor y la muerte. Es la puerta que Jesús abre para invitarnos a esa nueva vida.

Sí, el sufrimiento es parte del Camino Cuaresmal (que se puede experimentar en cualquier época del año). Sí, la Cuaresma incluye los sacrificios del ayuno y la abstinencia, la limosna y el tiempo extra en la iglesia. Pero estos son sólo vehículos para el viaje.

Dios usa nuestros sufrimientos (si lo dejamos) para ayudarnos a crecer en compasión, perseverancia y ministerio. Nuestros sacrificios nos ayudan a aprender la disciplina (que es el discipulado) para que podamos purificar nuestra voluntad y crecer en santidad. Pero el viaje no es el destino.

La Cuaresma se trata de llegar a la resurrección: renovando nuestra fe, entrando en una nueva vida libre de viejos pecados, reconciliando las relaciones dañadas y viviendo en el Espíritu de Dios más de lo que jamás lo hemos hecho antes.

¿Qué día es más importante para tu fe: Viernes Santo o Domingo de Pascua? Ese horrible día en el Calvario fue absolutamente necesario para la Pascua, ¡pero estamos viviendo en la resurrección! Los católicos somos un pueblo Pascual. Esto significa que nada malo nos puede pasar que no vaya a ser transformado en bendición, si Jesús es el Señor de nuestras vidas.

Él demostró ser la Resurrección y la Vida mostrando su poder sobre la vida y la muerte. Ahora quiere demostrarlo de nuevo, a ti y a todos los que están observando.

Preguntas para la Reflexión personal:
¿Qué necesita ser resucitado en tu vida? ¿Qué harás esta semana para aceptar la muerte de lo que ha terminado para que puedas prepararte para la nueva vida que Jesús está preparando para ti?

Preguntas para Compartir la Fe en la Comunidad:
1. Podemos personalizar la primera lectura entendiendo que Dios abrirá nuestras tumbas (lo que está muerto dentro de nosotros) y pondrá su Espíritu de Vida dentro de nosotros. ¿Cómo nos ayuda el Espíritu Santo a descubrir la sanación y la esperanza en medio de nuestros sufrimientos y muertes cotidianas?

2. En la escritura de Romanos, se nos recuerda, nuevamente, que el Espíritu Santo está dentro de nosotros. Puesto que el Espíritu está vivo en ti, ¿qué efecto tiene esto en tu viaje Cuaresmal? ¿Qué está siendo purificado, fortalecido y renovado?

3. En el Evangelio, Jesús demuestra su poder sobre la muerte justo antes de entrar a Jerusalén y de dirigirse hacia el Calvario. ¿Cómo te prueba esto que tus propios sufrimientos y sacrificios no conducirán a un desastre permanente?

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: En Dios no hay vergüenza; Él ha borrado nuestra culpa con la sangre de Cristo en la cruz.


Lunes de la 5ta. Semana de Cuaresma
Memorial de San Toribio de Mogrovejo, Obispo
Marzo 23, 2026

Daniel 13, 1-9.15-17.19-30.33-62
Salmo 22, 1-3.3-4.5.6
Juan 8, 1-11
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/032326.cfm

Vergüenza, culpa o misericordia

¿Alguna vez has sido acusado sin piedad, como Susana en la primera lectura de hoy? Sea la acusación verdadera o falsa, nos sentimos terriblemente desacreditados, especialmente si se hace sin perdón. Incluso cuando no hemos hecho nada malo, necesitamos una actitud de misericordia de parte de nuestro acusador o de lo contrario la herida será muy profunda.

Sentir remordimiento por un pecado verdadero no hace que sea más fácil soportar las duras reacciones de los demás. Ya que, naturalmente, preferimos nos miren bien los ojos de los demás, sobre todo cuando nos tratan sin piedad, nos defendemos y tratamos de racionalizar nuestros pecados.

Esto sucede porque estamos tratando de protegernos de la vergüenza. La culpa es la toma de conciencia honesta de que hemos pecado y nos conduce al remordimiento y éste a la sanación. La vergüenza es otra cosa. A diferencia de la culpa que nos dice cómo pecamos y, entonces, podemos arrepentirnos y, a diferencia del remordimiento que nos mueve a corregir lo que hemos hecho mal y evitarlo en el futuro, la vergüenza nos denigra.

Sólo la misericordia nos puede proteger de la vergüenza. La misericordia confirma lo que valemos. Sin ella, tratamos de protegernos de la vergüenza manipulando a la gente para que nos quieran y nos aprueben. Cuanto más pecamos, más nos desesperamos buscando la aprobación de los demás. Cuanto más nos desesperamos menos remordimiento sentimos por lo que hemos hecho mal, porque el remordimiento incluye el sentimiento de que merecemos la desaprobación.

Para curar las heridas de la vergüenza, debemos darnos cuenta de que nuestro deseo de arrepentimiento y de recibir el perdón nos ha abierto a la misericordia de Dios y que su opinión de nosotros es lo que más importa.

Cuando se nos acusa falsamente, estamos a merced de los demás y ellos nos han rechazado. Si sus opiniones son importantes para nosotros, tenemos hambre de que nos acepten. Nos defendemos y ofendemos a los que nos acusaron. Convertimos nuestra inocencia en egoísmo, orgullo y otros comportamientos faltos de amor.

Para sanar esta herida debemos saber que la misericordia de Dios nos abraza.

Nadie nos puede valorar como Dios. Sólo Él sabe lo que hay en nuestros corazones. Sólo Él nos ama completamente, no importa lo que hagamos. En él no hay vergüenza -- remordimiento sí, pero no vergüenza porque él ha borrado nuestra culpa con la sangre de Cristo en la cruz. Cuando nos aferramos a la fidelidad de la misericordia de Dios, somos liberados de la necesidad de autoprotección de ser valorados por los demás.

La vergüenza es dañina, pero la culpa y el remordimiento son redentores. La culpa nos mueve a arrepentirnos. El arrepentimiento nos purifica y, el remordimiento edifica nuestra santidad. La santidad extiende la misericordia de Dios a los que nos rodean. En santidad, invitamos a otros a reconocer su propia culpa sin avergonzarlos de ella. Así como hemos recibido misericordia, damos misericordia, y entonces el mundo se convierte en un lugar mejor.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: En Dios no hay vergüenza; Él ha borrado nuestra culpa con la sangre de Cristo en la cruz.

Lunes de la 5ta. Semana de Cuaresma
Memorial de San Toribio de Mogrovejo, Obispo
Marzo 23, 2026

Daniel 13, 1-9.15-17.19-30.33-62
Salmo 22, 1-3.3-4.5.6
Juan 8, 1-11
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Vergüenza, culpa o misericordia

¿Alguna vez has sido acusado sin piedad, como Susana en la primera lectura de hoy? Sea la acusación verdadera o falsa, nos sentimos terriblemente desacreditados, especialmente si se hace sin perdón. Incluso cuando no hemos hecho nada malo, necesitamos una actitud de misericordia de parte de nuestro acusador o de lo contrario la herida será muy profunda.

Sentir remordimiento por un pecado verdadero no hace que sea más fácil soportar las duras reacciones de los demás. Ya que, naturalmente, preferimos nos miren bien los ojos de los demás, sobre todo cuando nos tratan sin piedad, nos defendemos y tratamos de racionalizar nuestros pecados.

Esto sucede porque estamos tratando de protegernos de la vergüenza. La culpa es la toma de conciencia honesta de que hemos pecado y nos conduce al remordimiento y éste a la sanación. La vergüenza es otra cosa. A diferencia de la culpa que nos dice cómo pecamos y, entonces, podemos arrepentirnos y, a diferencia del remordimiento que nos mueve a corregir lo que hemos hecho mal y evitarlo en el futuro, la vergüenza nos denigra.

Sólo la misericordia nos puede proteger de la vergüenza. La misericordia confirma lo que valemos. Sin ella, tratamos de protegernos de la vergüenza manipulando a la gente para que nos quieran y nos aprueben. Cuanto más pecamos, más nos desesperamos buscando la aprobación de los demás. Cuanto más nos desesperamos menos remordimiento sentimos por lo que hemos hecho mal, porque el remordimiento incluye el sentimiento de que merecemos la desaprobación.

Para curar las heridas de la vergüenza, debemos darnos cuenta de que nuestro deseo de arrepentimiento y de recibir el perdón nos ha abierto a la misericordia de Dios y que su opinión de nosotros es lo que más importa.

Cuando se nos acusa falsamente, estamos a merced de los demás y ellos nos han rechazado. Si sus opiniones son importantes para nosotros, tenemos hambre de que nos acepten. Nos defendemos y ofendemos a los que nos acusaron. Convertimos nuestra inocencia en egoísmo, orgullo y otros comportamientos faltos de amor.

Para sanar esta herida debemos saber que la misericordia de Dios nos abraza.

Nadie nos puede valorar como Dios. Sólo Él sabe lo que hay en nuestros corazones. Sólo Él nos ama completamente, no importa lo que hagamos. En él no hay vergüenza -- remordimiento sí, pero no vergüenza porque él ha borrado nuestra culpa con la sangre de Cristo en la cruz. Cuando nos aferramos a la fidelidad de la misericordia de Dios, somos liberados de la necesidad de autoprotección de ser valorados por los demás.

La vergüenza es dañina, pero la culpa y el remordimiento son redentores. La culpa nos mueve a arrepentirnos. El arrepentimiento nos purifica y, el remordimiento edifica nuestra santidad. La santidad extiende la misericordia de Dios a los que nos rodean. En santidad, invitamos a otros a reconocer su propia culpa sin avergonzarlos de ella. Así como hemos recibido misericordia, damos misericordia, y entonces el mundo se convierte en un lugar mejor.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: La bondad de Dios es mucho más grande que nuestros mejores esfuerzos.

Solemnidad de la Anunciación del Señor
Marzo 25, 2026

Isaías 7, 10-14; 8, 10
Salmo 39, 7-11
Hebreos 10, 4-10
Lucas 1, 26-38
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La mano derecha de Dios


La historia de la Anunciación, en la lectura del Evangelio de hoy, alcanza su punto máximo cuando María dice: "He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra". Una esclava es alguien cuya función esencial es la de ayudar. ¡Ayudar! No: "hacerse cargo de…". No: "convertirse en el Salvador de…". No: "Ser un buen cura o ministro laico o religioso, hermano/hermana, de tal modo que las personas le admiren y le den crédito por un trabajo bien hecho…".

Un asistente es, a menudo, llamado la "mano derecha" del empleador o, literalmente, una extensión de la mano del empleador. Cuando Dios me encomienda algo, como "escribir un libro" o "dar un retiro" o "añadir algo nuevo a la página web", mi primera inclinación es apuntar a lo más alto, con todas las habilidades y el entusiasmo que Dios me ha dado. Aunque esto parece santo, no lo es.

Cuando veo a alguien perdido en la oscuridad del pecado y Dios me da un codazo para que intervenga, mi fuerte sentido de preocupación me empuja a la acción y, si no veo resultados lo suficientemente rápido, supongo que es porque no estoy tratando lo suficientemente duro y debo empujar a una velocidad superior.

Nada de esto es ser una esclava del Señor. Soy yo siendo yo, tomando mis propias decisiones, extendiendo mi propia mano para ver hasta dónde puedo hacerla llegar. No obró así María. Observemos cómo ella rediseñó el trabajo del asistente:

(1) Ella primero respondió con una gran fe en su Señor.

(2) Una buena esclava escucha con atención lo que el Señor quiere. María dijo: "Hágase en mí según tu palabra". Era una buena oyente.

(3) Ella dejó las consecuencias de su "sí" en las manos de Dios. Ella no dio un "sí" condicional, como en: "Está bien, pero asegúrate de que la gente del pueblo no me apedree."

(4) Su consentimiento vino de una humildad verdadera. Aceptó el mérito que Dios le dio, sin embargo, sabía que no podía hacer nada valioso sin él. Se entregó por completo a Dios, sabiendo que tenía algo que dar pero sabiendo que la bondad de Dios era mucho mayor que sus mejores esfuerzos.

(5) María unió su voluntad a las intenciones y acciones de Dios. El Padre redimiría al mundo a través de su Hijo; María intentó redimir el mundo a través de su Hijo de acuerdo con su plan tal como se iba desarrollando. El Padre dejaría que su Hijo muriera por nuestros pecados; María dejó partir a su hijo mientras lo veía sufrir, a pesar de que todavía no comprendía el plan.

María sigue siendo la esclava de Dios para la redención del mundo. Ella ayuda a Dios cada vez que necesitamos su ayuda en nuestras vidas.

¿Cómo puedes servir siendo la mano de Dios para las personas a tu alrededor? Observa y escucha lo que te está pidiendo que hagas hoy y di: "Señor, hágase en mí según tu voluntad; yo soy tu esclava (o esclavo)." Y, luego, dale a tu Señor el crédito por un trabajo bien hecho.

Para información adicional, lee el PalabrasVivas: "Cómo ser una servidora del Señor como María” en https://buenasnuevascatolicas.org/profundiza-tu-fe/como-ser-servidora-del-senor-como-maria/"

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