Esta reflexión es de Good News @ https://buenasnuevascatolicas.org/reflexiones-de-las-buenas-nuevas/2026-07-21/
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Dios ama a todos por igual pero los bendecidos son aquellos que trabajan duro para ser santos.
Martes de la 16ta. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de San Lorenzo de Brindisi, Presbítero y Doctor de la Iglesia
Julio 21, 2026
Miqueas 7, 14-15.18-20
Salmo 85, 2-8
Mateo 12, 46-50
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072126.cfm
¿Cuán importante eres para Jesús?
Piensa en lo mucho que te ama Jesús. ¿Qué tan importante eres para Jesús realmente? La respuesta correcta es: ¡tan importante como su propia madre, María, Reina del Cielo, la bendita y "llena de gracia"!
Sabemos que Jesús tenía favoritos: amigos que sentía más cercanos, una madre que amaba, compañeros con los que disfrutaba estar durante los tiempos de diversión y unos pocos que quería cerca de él durante los peores momentos, pero nunca mostró favoritismo. Juan "el amado" era un amigo especialmente cercano. Santiago, el apóstol, era un pariente querido a quien invitó al círculo íntimo de los doce. Pero como vemos en el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús no da a nadie tratamiento especial, ni siquiera a su Madre Santísima.
En esta escena, Jesús está ocupado predicando a las multitudes que acudían a oírlo y para conseguir una sanación de él. María trae consigo algunos familiares que deseaban hablar con él. Sin detenerse para averiguar qué quieren, Jesús usa la oportunidad de enseñar a sus oyentes que todos eran igualmente importantes. Cualquier persona, explica, que une su voluntad a la voluntad de Dios, es un miembro importante de su familia y es tan amado, apreciado y valorado como su querida madre y su familia personal.
¡Eso significa que tú eres igualmente de valioso para Jesús! Tú eres tan importante para Dios como cualquier otro.
¿Puedes aceptar esto? ¿O crees que tus problemas existen porque no eres lo suficientemente especial para Dios?
¿Y puedes tú aceptar que todas las personas que conoces son tan importantes para Dios como tú? ¿Incluso la gente que no te gusta?
Encuentra a los seguidores de Cristo que verdaderamente quieren hacer la voluntad del Padre y encontrarás a los favoritos de Jesús. Dios nos ama a todos por igual, pero los benditos son los que trabajan duro para ser santos. Si quieres disfrutar de las bendiciones que provienen de estar entre los favoritos de Dios, involúcrate más con los que aman a Dios. Busca a los que aman a Dios tanto que es obvio que aman a los demás también. Por lo general, los encontrarás ocupados en los servicios de los ministerios parroquiales. ¡Únete a los mismos ministerios!
Disfrutar de los favoritos de Dios, sin embargo, no significa que podamos tratarlos con favoritismo. Considera con qué facilidad damos favores especiales a la familia, a los amigos que son buenos con nosotros, a las personas que adoran y piensan como nosotros, o a aquellos que queremos impresionar. ¿Por qué no estamos tan dispuestos a hacer favores a nadie más? Otra palabra para "favoritismo" es "prejuicio".
Seamos más como Jesús. Jesús no tiene prejuicios contra ti, contra mí o contra cualquier persona, incluso cuando pecamos. Sin embargo, realmente disfruta de estar cerca de nosotros cuando amamos hacer la voluntad del Padre. ¡Y es entonces cuando más disfrutamos de estar cerca de él!
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© Terry A. Modica, Good News Ministries (Por favor, compártelo intacto.)
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Martes de la 16ta. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de San Lorenzo de Brindisi, Presbítero y Doctor de la Iglesia
Julio 21, 2026
Miqueas 7, 14-15.18-20
Salmo 85, 2-8
Mateo 12, 46-50
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¿Cuán importante eres para Jesús?
Piensa en lo mucho que te ama Jesús. ¿Qué tan importante eres para Jesús realmente? La respuesta correcta es: ¡tan importante como su propia madre, María, Reina del Cielo, la bendita y "llena de gracia"!
Sabemos que Jesús tenía favoritos: amigos que sentía más cercanos, una madre que amaba, compañeros con los que disfrutaba estar durante los tiempos de diversión y unos pocos que quería cerca de él durante los peores momentos, pero nunca mostró favoritismo. Juan "el amado" era un amigo especialmente cercano. Santiago, el apóstol, era un pariente querido a quien invitó al círculo íntimo de los doce. Pero como vemos en el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús no da a nadie tratamiento especial, ni siquiera a su Madre Santísima.
En esta escena, Jesús está ocupado predicando a las multitudes que acudían a oírlo y para conseguir una sanación de él. María trae consigo algunos familiares que deseaban hablar con él. Sin detenerse para averiguar qué quieren, Jesús usa la oportunidad de enseñar a sus oyentes que todos eran igualmente importantes. Cualquier persona, explica, que une su voluntad a la voluntad de Dios, es un miembro importante de su familia y es tan amado, apreciado y valorado como su querida madre y su familia personal.
¡Eso significa que tú eres igualmente de valioso para Jesús! Tú eres tan importante para Dios como cualquier otro.
¿Puedes aceptar esto? ¿O crees que tus problemas existen porque no eres lo suficientemente especial para Dios?
¿Y puedes tú aceptar que todas las personas que conoces son tan importantes para Dios como tú? ¿Incluso la gente que no te gusta?
Encuentra a los seguidores de Cristo que verdaderamente quieren hacer la voluntad del Padre y encontrarás a los favoritos de Jesús. Dios nos ama a todos por igual, pero los benditos son los que trabajan duro para ser santos. Si quieres disfrutar de las bendiciones que provienen de estar entre los favoritos de Dios, involúcrate más con los que aman a Dios. Busca a los que aman a Dios tanto que es obvio que aman a los demás también. Por lo general, los encontrarás ocupados en los servicios de los ministerios parroquiales. ¡Únete a los mismos ministerios!
Disfrutar de los favoritos de Dios, sin embargo, no significa que podamos tratarlos con favoritismo. Considera con qué facilidad damos favores especiales a la familia, a los amigos que son buenos con nosotros, a las personas que adoran y piensan como nosotros, o a aquellos que queremos impresionar. ¿Por qué no estamos tan dispuestos a hacer favores a nadie más? Otra palabra para "favoritismo" es "prejuicio".
Seamos más como Jesús. Jesús no tiene prejuicios contra ti, contra mí o contra cualquier persona, incluso cuando pecamos. Sin embargo, realmente disfruta de estar cerca de nosotros cuando amamos hacer la voluntad del Padre. ¡Y es entonces cuando más disfrutamos de estar cerca de él!
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: No hay pérdida que no venga con un crecimiento, siempre que la enfrentemos con el Señor.
Fiesta de Santa María Magdalena
Julio 22, 2026
Cantar de los Cantares 3, 1-4b o 2 Corintios 5, 14-17
Salmo 63, 2-6.8-9
Juan 20, 1-2.11-18
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072226.cfm
Soltando nuestras pérdidas
Debemos reflexionar sobre la actitud de María Magdalena y el gran amor que sentía por Cristo; pues aunque los discípulos se habían ido del sepulcro, ella permaneció.... Y así sucedió que la mujer que se quedó atrás para buscar a Cristo fue la única en verlo. La perseverancia es esencial para cualquiera buena acción, como la voz de la verdad nos dice: "El que persevere hasta el final se salvará." - Papa San Gregorio Magno (tomado de un sermón sobre Santa María Magdalena)
En la lectura del Evangelio de hoy, vemos las emociones de María de Magdala, una de las amigas más cercanas de Jesús. En primer lugar, ella lloró - como lo hacemos nosotros cuando alguien o algo importante nos es arrebatado.
Hasta lo más profundo, lloramos y tratamos de aferrarnos a los recuerdos del pasado, como si pudiéramos hacerlos presentes. Quisiéramos que el tiempo con nuestro ser querido o una parte de su vida anterior nunca hubiese terminado. Nos gustaría poder volver atrás y disfrutar más plenamente lo que solíamos tener. Si podemos, incluso tratamos de traerlo de vuelta, y nos enojamos con aquellos (y con Dios) que son responsables de nuestra pérdida. Esto es normal en un proceso de duelo saludable.
Seguramente en las lágrimas de María estaba la sensación de: "¡Yo lo amaba taaaaanto! ¡No tuve suficiente de él! ¡Quiero más! ¡Necesito más! ¡No puedo creer que se haya ido! ¡No es justo! ¡No es correcto! ¿Cómo pudo Dios permitir esto? "
Entonces, cuando el Jesús resucitado se le apareció a ella y finalmente lo reconoció, lo abrazó con entusiasmo, alivio y temor. Era más que un abrazo de "bienvenida". Ella no quería dejarlo ir.
¿Cómo nos sentimos nosotros cuando recuperamos algo que habíamos perdido? Queremos aferrarnos a ello para no perderlo otra vez.
Sin embargo, Jesús no dejó que ella lo abrazará por mucho tiempo. ¿Por qué no? Seguramente Él entendía sus sentimientos y sus necesidades. Su explicación: "Todavía no he subido al Padre." En otras palabras, era muy bueno tener a Jesús de regreso, pero algo mejor iba a suceder.
Jesús iba a dejarla de nuevo, su carne tenía que salir de este mundo para que pudiera dar su Espíritu Santo a todos. Así él podría estar con todos nosotros todo el tiempo.
Sean cual sean las pérdidas que hemos sufrido, tenemos que confiar que Dios quiere que pasemos a un nuevo lugar, un buen lugar. Tenemos que dejar de aferrarnos al pasado y dejar el "qué hubiera pasado si...", pensar en eso sólo nos hace sentir más miserables, si lo logramos, nos volvemos libres para pasar a una nueva vida en la que experimentamos más del Cristo resucitado a través de su Espíritu Santo.
La muerte y la resurrección son dos ingredientes esenciales de la vida cristiana. No hay crecimiento sin pérdida, no hay pérdida que no venga sin crecimiento, siempre y cuando pasemos por ella con el Señor.
Es bueno valorar el pasado - al igual que María Magdalena y los discípulos atesoraron para siempre los tres años con Jesús y en repetidas ocasiones contaron a los demás acerca de ello - pero también debemos valorar lo que Dios está planeando para el futuro, aunque todavía no sepamos lo que depara ese futuro. Sin importar qué tan temible o solitario parezca ahora ese futuro, Dios estará contigo, ¡y él será muy bueno contigo!
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: No hay pérdida que no venga con un crecimiento, siempre que la enfrentemos con el Señor.
Fiesta de Santa María Magdalena
Julio 22, 2026
Cantar de los Cantares 3, 1-4b o 2 Corintios 5, 14-17
Salmo 63, 2-6.8-9
Juan 20, 1-2.11-18
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Soltando nuestras pérdidas
Debemos reflexionar sobre la actitud de María Magdalena y el gran amor que sentía por Cristo; pues aunque los discípulos se habían ido del sepulcro, ella permaneció.... Y así sucedió que la mujer que se quedó atrás para buscar a Cristo fue la única en verlo. La perseverancia es esencial para cualquiera buena acción, como la voz de la verdad nos dice: "El que persevere hasta el final se salvará." - Papa San Gregorio Magno (tomado de un sermón sobre Santa María Magdalena)
En la lectura del Evangelio de hoy, vemos las emociones de María de Magdala, una de las amigas más cercanas de Jesús. En primer lugar, ella lloró - como lo hacemos nosotros cuando alguien o algo importante nos es arrebatado.
Hasta lo más profundo, lloramos y tratamos de aferrarnos a los recuerdos del pasado, como si pudiéramos hacerlos presentes. Quisiéramos que el tiempo con nuestro ser querido o una parte de su vida anterior nunca hubiese terminado. Nos gustaría poder volver atrás y disfrutar más plenamente lo que solíamos tener. Si podemos, incluso tratamos de traerlo de vuelta, y nos enojamos con aquellos (y con Dios) que son responsables de nuestra pérdida. Esto es normal en un proceso de duelo saludable.
Seguramente en las lágrimas de María estaba la sensación de: "¡Yo lo amaba taaaaanto! ¡No tuve suficiente de él! ¡Quiero más! ¡Necesito más! ¡No puedo creer que se haya ido! ¡No es justo! ¡No es correcto! ¿Cómo pudo Dios permitir esto? "
Entonces, cuando el Jesús resucitado se le apareció a ella y finalmente lo reconoció, lo abrazó con entusiasmo, alivio y temor. Era más que un abrazo de "bienvenida". Ella no quería dejarlo ir.
¿Cómo nos sentimos nosotros cuando recuperamos algo que habíamos perdido? Queremos aferrarnos a ello para no perderlo otra vez.
Sin embargo, Jesús no dejó que ella lo abrazará por mucho tiempo. ¿Por qué no? Seguramente Él entendía sus sentimientos y sus necesidades. Su explicación: "Todavía no he subido al Padre." En otras palabras, era muy bueno tener a Jesús de regreso, pero algo mejor iba a suceder.
Jesús iba a dejarla de nuevo, su carne tenía que salir de este mundo para que pudiera dar su Espíritu Santo a todos. Así él podría estar con todos nosotros todo el tiempo.
Sean cual sean las pérdidas que hemos sufrido, tenemos que confiar que Dios quiere que pasemos a un nuevo lugar, un buen lugar. Tenemos que dejar de aferrarnos al pasado y dejar el "qué hubiera pasado si...", pensar en eso sólo nos hace sentir más miserables, si lo logramos, nos volvemos libres para pasar a una nueva vida en la que experimentamos más del Cristo resucitado a través de su Espíritu Santo.
La muerte y la resurrección son dos ingredientes esenciales de la vida cristiana. No hay crecimiento sin pérdida, no hay pérdida que no venga sin crecimiento, siempre y cuando pasemos por ella con el Señor.
Es bueno valorar el pasado - al igual que María Magdalena y los discípulos atesoraron para siempre los tres años con Jesús y en repetidas ocasiones contaron a los demás acerca de ello - pero también debemos valorar lo que Dios está planeando para el futuro, aunque todavía no sepamos lo que depara ese futuro. Sin importar qué tan temible o solitario parezca ahora ese futuro, Dios estará contigo, ¡y él será muy bueno contigo!
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Dios es la fuente de la vida y, cuando confiamos en nosotros mismos o en los demás, nuestras vidas se tornan vacías o secas.
Jueves de la 16ta. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de Santa Brígida, Religiosa
Julio 23, 2026
Jeremías 2, 1-3.7-8.12-13
Salmo 36 (35), 6-11
Mateo 13, 10-17
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072326.cfm
¿Estás en el pozo?
Algunas personas cavan sus propios pozos y luego caen en ellos. Al considerar el significado de la primera lectura de hoy para nuestras necesidades diarias, la cisterna puede representar nuestros propios esfuerzos para hacer que nuestra vida sea buena. Dios es la fuente - el agua - que alimenta una vida verdaderamente buena. Él es la fuente de la vida, como dice el salmo responsorial de hoy y cuando confiamos en nosotros mismos u otros recursos que no sean Dios, nuestra vida se convierte en vacía y seca. Quedamos secos por las grietas de nuestro quebrantamiento.
¿Puedes recordar un momento en que sentías entusiasmo por confiar en Jesús? Todos hemos estado emocionados con el Señor, por lo general justo después de cualquier tipo de experiencia de conversión. En esos momentos, estábamos totalmente dedicados a amar a Dios y a aprender todo lo que pudiéramos sobre la fe. Queríamos agradarle, queríamos ser santos.
Pero ¡vaya! Nos tropezamos y caímos en un agujero. El camino no era tan suave como pensamos que sería. El viaje se hizo más difícil y dijimos: "¡Hey, no me gusta el trabajo duro de la santidad!" Y así nos fuimos a otro lado en busca de aguas refrescantes. Cavamos un hoyo para recopilar de esta otra agua y luego caímos en él para descubrir que era bastante seco o que el "agua" era realmente agua residual.
Cuando recibimos el Sacramento de la Reconciliación, Jesús nos levanta, nos saca, nos limpia la suciedad y pone nuestros pies en el camino nuevamente. Luego nos dice que sigamos adelante ("ve y no peques más"). Pero ¿qué pasa si no queremos humillarnos y utilizar este sacramento? ¿Qué pasa si tratamos de salir de nuestros agujeros sin las gracias especiales que vienen con la ayuda sacramental de Dios?
Rasgamos los lados del agujero en una desesperada búsqueda de puntos de apoyo, pero esto en realidad lo agranda. Podríamos pedirle a Jesús que nos ayude, pero si no tenemos ningún deseo de cambiar, sólo estamos aferrándonos a las herramientas que apartan los costados y hacen el agujero más grande.
Cuanto más tiempo permanecemos en esta condición más profundo cavamos. Cuando las personas caen y tocan fondo es porque han estado excavando durante mucho tiempo. Afortunadamente, entre más profundo es el hoyo, menos se puede ver la superficie fuera del agujero y, eventualmente (si no han cerrado sus ojos a la verdad), lo único que serán capaces de ver es la mano de Jesús llegando a ellos. Entonces la única opción es elegir el camino de Dios hacia afuera o seguir enterrados en el barro.
Un cristiano que se hunde en un agujero es alguien que escucha a Dios, pero no logra comprender. La humildad nos permite aceptar lo que no entendemos y esto abre los ojos a la mano de Jesús llegando hasta nosotros. En humildad, tenemos que pedir al Espíritu Santo que nos explique la verdad y cambiar nuestra mente. Hasta que no confiemos en Dios de esta manera y miremos atentamente no vamos a ver la verdadera forma de salir de nuestros pozos.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Dios es la fuente de la vida y, cuando confiamos en nosotros mismos o en los demás, nuestras vidas se tornan vacías o secas.
Jueves de la 16ta. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de Santa Brígida, Religiosa
Julio 23, 2026
Jeremías 2, 1-3.7-8.12-13
Salmo 36 (35), 6-11
Mateo 13, 10-17
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¿Estás en el pozo?
Algunas personas cavan sus propios pozos y luego caen en ellos. Al considerar el significado de la primera lectura de hoy para nuestras necesidades diarias, la cisterna puede representar nuestros propios esfuerzos para hacer que nuestra vida sea buena. Dios es la fuente - el agua - que alimenta una vida verdaderamente buena. Él es la fuente de la vida, como dice el salmo responsorial de hoy y cuando confiamos en nosotros mismos u otros recursos que no sean Dios, nuestra vida se convierte en vacía y seca. Quedamos secos por las grietas de nuestro quebrantamiento.
¿Puedes recordar un momento en que sentías entusiasmo por confiar en Jesús? Todos hemos estado emocionados con el Señor, por lo general justo después de cualquier tipo de experiencia de conversión. En esos momentos, estábamos totalmente dedicados a amar a Dios y a aprender todo lo que pudiéramos sobre la fe. Queríamos agradarle, queríamos ser santos.
Pero ¡vaya! Nos tropezamos y caímos en un agujero. El camino no era tan suave como pensamos que sería. El viaje se hizo más difícil y dijimos: "¡Hey, no me gusta el trabajo duro de la santidad!" Y así nos fuimos a otro lado en busca de aguas refrescantes. Cavamos un hoyo para recopilar de esta otra agua y luego caímos en él para descubrir que era bastante seco o que el "agua" era realmente agua residual.
Cuando recibimos el Sacramento de la Reconciliación, Jesús nos levanta, nos saca, nos limpia la suciedad y pone nuestros pies en el camino nuevamente. Luego nos dice que sigamos adelante ("ve y no peques más"). Pero ¿qué pasa si no queremos humillarnos y utilizar este sacramento? ¿Qué pasa si tratamos de salir de nuestros agujeros sin las gracias especiales que vienen con la ayuda sacramental de Dios?
Rasgamos los lados del agujero en una desesperada búsqueda de puntos de apoyo, pero esto en realidad lo agranda. Podríamos pedirle a Jesús que nos ayude, pero si no tenemos ningún deseo de cambiar, sólo estamos aferrándonos a las herramientas que apartan los costados y hacen el agujero más grande.
Cuanto más tiempo permanecemos en esta condición más profundo cavamos. Cuando las personas caen y tocan fondo es porque han estado excavando durante mucho tiempo. Afortunadamente, entre más profundo es el hoyo, menos se puede ver la superficie fuera del agujero y, eventualmente (si no han cerrado sus ojos a la verdad), lo único que serán capaces de ver es la mano de Jesús llegando a ellos. Entonces la única opción es elegir el camino de Dios hacia afuera o seguir enterrados en el barro.
Un cristiano que se hunde en un agujero es alguien que escucha a Dios, pero no logra comprender. La humildad nos permite aceptar lo que no entendemos y esto abre los ojos a la mano de Jesús llegando hasta nosotros. En humildad, tenemos que pedir al Espíritu Santo que nos explique la verdad y cambiar nuestra mente. Hasta que no confiemos en Dios de esta manera y miremos atentamente no vamos a ver la verdadera forma de salir de nuestros pozos.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Si nuestra suciedad es fertilizada y regada, nos convertimos en tierra rica y producimos una cosecha enorme y fructífera.
Viernes de la 16ta. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de de San Chárbel Makhluf, presbítero
Julio 24, 2026
Jeremías 3, 14-17
Jeremías 31, 10.11-12ab.13
Mateo 13, 18-23
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072426.cfm
¿Cómo está tu suciedad?
Cuando mi hijo, David, tenía diez años, me informó que su hermana pasó todo el día tratando de encontrar maneras para hacerlo parecer como un "montón de tierra". Cuando los dos se metieron en problemas, según su perspectiva, el terminó siendo el único castigado.
Su hermana, Tammy, sabía cómo encantar a sus padres con una sonrisa que decía: "Bien, aprendí mi lección. Ahora pasaré a la siguiente actividad, porque soy una joya en tu corazón indulgente". Para un hermano rival, ese es un intento descarado en una pila de tierra.
Pero oigan, Jesús nos llamó "suciedad" en la lectura del Evangelio de hoy. Bueno, dijo, "suelo", pero el punto es que si nuestra tierra es fertilizada y regada, nos volvemos un suelo rico y daremos una cosecha enorme y fructífera. No está mal pensar en nosotros mismos como suciedad, siempre que recordemos que queremos ser labrados y sembrados.
Si nuestra suciedad ha sido pisoteada por personas que caminaron cruelmente sobre nosotros, haciéndonos sentir duros y nuestros corazones cínicos, y si permanecemos sin sanar de este trato degradante, las semillas de amor que Dios siembra en nosotros son fácilmente robadas por el diablo quien nos dice que no merecemos un mejor trato o que debemos buscar venganza.
Si nuestra tierra está incrustada con rocas, si somos duros de cabeza y duros de corazón, y si nos gusta tirarle palabras duras a los demás, las semillas de amor que Dios siembra en nosotros no llegarán al suelo blando por debajo del lugar donde las raíces pueden crecer. Necesitamos ser pulverizados por las dificultades de la vida (y pensaste que tu vida no debería ser tan dramática). Los reveses y las persecuciones que tan fácilmente nos hacen vacilar en nuestra fe nos endurecerán o nos enseñarán compasión, es nuestra elección.
Si nuestra tierra produce aguijones hirientes y picudos y estamos causando que otros sufran, las semillas del amor se ahogan por nuestra obstinada indiferencia hacia los sentimientos y las necesidades de los demás. Al preferir el egocentrismo, nos estrangulan las ansiedades, el estrés y la soledad. Tenemos que podar las zarzas y quemar las espinas al humildemente acudir a Jesús en busca de ayuda en el Sacramento de la Reconciliación y, cuando sea posible, al reconciliarnos personalmente con los que hemos herido.
Si nuestra tierra es tierra fértil para un nuevo crecimiento, y si dejamos que Dios nos alimente con su Palabra y nos refresque con sus aguas sanadoras, el amor de Dios brotará dentro de nosotros, nuestra conciencia de ser amado crecerá y florecerá y produciremos una abundante cosecha de gran amor para los demás.
¿Cómo está tu suciedad? La próxima vez que te sientas avergonzado por algo que has hecho (la próxima vez que te sientas sucio), pregúntate qué tipo de tierra es esta. Si dejas que Dios te adentre, pronto estarás generando semillas que eventualmente bendecirán a muchas personas.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Si nuestra suciedad es fertilizada y regada, nos convertimos en tierra rica y producimos una cosecha enorme y fructífera.
Viernes de la 16ta. Semana del Tiempo Ordinario
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Julio 24, 2026
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Jeremías 31, 10.11-12ab.13
Mateo 13, 18-23
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¿Cómo está tu suciedad?
Cuando mi hijo, David, tenía diez años, me informó que su hermana pasó todo el día tratando de encontrar maneras para hacerlo parecer como un "montón de tierra". Cuando los dos se metieron en problemas, según su perspectiva, el terminó siendo el único castigado.
Su hermana, Tammy, sabía cómo encantar a sus padres con una sonrisa que decía: "Bien, aprendí mi lección. Ahora pasaré a la siguiente actividad, porque soy una joya en tu corazón indulgente". Para un hermano rival, ese es un intento descarado en una pila de tierra.
Pero oigan, Jesús nos llamó "suciedad" en la lectura del Evangelio de hoy. Bueno, dijo, "suelo", pero el punto es que si nuestra tierra es fertilizada y regada, nos volvemos un suelo rico y daremos una cosecha enorme y fructífera. No está mal pensar en nosotros mismos como suciedad, siempre que recordemos que queremos ser labrados y sembrados.
Si nuestra suciedad ha sido pisoteada por personas que caminaron cruelmente sobre nosotros, haciéndonos sentir duros y nuestros corazones cínicos, y si permanecemos sin sanar de este trato degradante, las semillas de amor que Dios siembra en nosotros son fácilmente robadas por el diablo quien nos dice que no merecemos un mejor trato o que debemos buscar venganza.
Si nuestra tierra está incrustada con rocas, si somos duros de cabeza y duros de corazón, y si nos gusta tirarle palabras duras a los demás, las semillas de amor que Dios siembra en nosotros no llegarán al suelo blando por debajo del lugar donde las raíces pueden crecer. Necesitamos ser pulverizados por las dificultades de la vida (y pensaste que tu vida no debería ser tan dramática). Los reveses y las persecuciones que tan fácilmente nos hacen vacilar en nuestra fe nos endurecerán o nos enseñarán compasión, es nuestra elección.
Si nuestra tierra produce aguijones hirientes y picudos y estamos causando que otros sufran, las semillas del amor se ahogan por nuestra obstinada indiferencia hacia los sentimientos y las necesidades de los demás. Al preferir el egocentrismo, nos estrangulan las ansiedades, el estrés y la soledad. Tenemos que podar las zarzas y quemar las espinas al humildemente acudir a Jesús en busca de ayuda en el Sacramento de la Reconciliación y, cuando sea posible, al reconciliarnos personalmente con los que hemos herido.
Si nuestra tierra es tierra fértil para un nuevo crecimiento, y si dejamos que Dios nos alimente con su Palabra y nos refresque con sus aguas sanadoras, el amor de Dios brotará dentro de nosotros, nuestra conciencia de ser amado crecerá y florecerá y produciremos una abundante cosecha de gran amor para los demás.
¿Cómo está tu suciedad? La próxima vez que te sientas avergonzado por algo que has hecho (la próxima vez que te sientas sucio), pregúntate qué tipo de tierra es esta. Si dejas que Dios te adentre, pronto estarás generando semillas que eventualmente bendecirán a muchas personas.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Cuanto más amamos a Cristo y seguimos sus caminos, más fácil es identificar lo que es realmente valioso y usar todo lo demás para sus propósitos.
17mo. Domingo del Tiempo Ordinario
Julio 26, 2026
1 Reyes 3, 5.7-12
Salmo 119 (118), 57.72.76-77.127-130
Romanos 8, 28-30
Mateo 13, 44-52
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Los Tesoros del Reino de Dios
En la lectura del Evangelio de este domingo, Jesús nos dice que el reino de Dios es como un tesoro enterrado, una perla comprada a toda costa y una red de la que se sacará la mala pesca y se valorará la buena pesca.
En otras palabras, nuestra vida cristiana es una gran cantidad de objetos de valor. Si nuestro cofre del tesoro tiene basura sin valor, la basura tiene que ser arrojada lejos para hacer sitio para más objetos de valor. Algunos de nuestros tesoros tienen sólo valor temporal y terrenal y, en última instancia, serán inútiles a menos que sean usados para el reino de Dios.
La lectura de Romanos nos dice que todas las cosas obran para el bien de los que aman a Dios. Al purificar nuestras vidas de falsas perlas y peces muertos, nos volvemos más parecidos a nuestro Señor. Nos volvemos más útiles al Reino de Dios. Incluso las cosas malas que nos pasan, bajo la mano creativa de nuestro Dios todopoderoso y misericordiosamente amoroso, se ponen a buen uso como telas pulidoras que abrillantan nuestras perlas y sacan de nosotros un mejor brillo.
En la primera lectura, Salomón podría haber pedido a Dios grandes riquezas y las habría recibido, pero pidió un corazón comprensivo para que tuviera sabiduría para gobernar bien a la nación. A pesar de que gobernó imperfectamente, su reputación como el rey más sabio en la tierra se extendió por todo el mundo conocido y acumuló gran riqueza.
Esto es para enseñarnos que cuando buscamos primero los tesoros del Reino de Dios, entonces podemos usar con seguridad los tesoros de la tierra, porque la sabiduría de Dios nos guía a usarlos para el beneficio de su reino. Cuanto más amamos a Cristo y seguimos sus caminos, más fácil es identificar lo que es realmente valioso, separar la basura que no pertenece a Dios y usar todo lo demás para sus propósitos.
Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Qué tesoros están enterrados dentro de ti? ¿Qué perlas de sabiduría has ganado y cuánto te costó aprender esto? Escribe una lista de tus muchas cualidades. ¿Cómo demuestran que la presencia del Señor está dentro de ti?
Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
Elige un tesoro, un regalo o una perla que Dios te ha dado - algo que revela el reino de Dios. ¿Cómo lo descubriste o lo ganaste? ¿Qué efecto tiene en los demás?
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Cuanto más amamos a Cristo y seguimos sus caminos, más fácil es identificar lo que es realmente valioso y usar todo lo demás para sus propósitos.
17mo. Domingo del Tiempo Ordinario
Julio 26, 2026
1 Reyes 3, 5.7-12
Salmo 119 (118), 57.72.76-77.127-130
Romanos 8, 28-30
Mateo 13, 44-52
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072626.cfm
Los Tesoros del Reino de Dios
En la lectura del Evangelio de este domingo, Jesús nos dice que el reino de Dios es como un tesoro enterrado, una perla comprada a toda costa y una red de la que se sacará la mala pesca y se valorará la buena pesca.
En otras palabras, nuestra vida cristiana es una gran cantidad de objetos de valor. Si nuestro cofre del tesoro tiene basura sin valor, la basura tiene que ser arrojada lejos para hacer sitio para más objetos de valor. Algunos de nuestros tesoros tienen sólo valor temporal y terrenal y, en última instancia, serán inútiles a menos que sean usados para el reino de Dios.
La lectura de Romanos nos dice que todas las cosas obran para el bien de los que aman a Dios. Al purificar nuestras vidas de falsas perlas y peces muertos, nos volvemos más parecidos a nuestro Señor. Nos volvemos más útiles al Reino de Dios. Incluso las cosas malas que nos pasan, bajo la mano creativa de nuestro Dios todopoderoso y misericordiosamente amoroso, se ponen a buen uso como telas pulidoras que abrillantan nuestras perlas y sacan de nosotros un mejor brillo.
En la primera lectura, Salomón podría haber pedido a Dios grandes riquezas y las habría recibido, pero pidió un corazón comprensivo para que tuviera sabiduría para gobernar bien a la nación. A pesar de que gobernó imperfectamente, su reputación como el rey más sabio en la tierra se extendió por todo el mundo conocido y acumuló gran riqueza.
Esto es para enseñarnos que cuando buscamos primero los tesoros del Reino de Dios, entonces podemos usar con seguridad los tesoros de la tierra, porque la sabiduría de Dios nos guía a usarlos para el beneficio de su reino. Cuanto más amamos a Cristo y seguimos sus caminos, más fácil es identificar lo que es realmente valioso, separar la basura que no pertenece a Dios y usar todo lo demás para sus propósitos.
Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Qué tesoros están enterrados dentro de ti? ¿Qué perlas de sabiduría has ganado y cuánto te costó aprender esto? Escribe una lista de tus muchas cualidades. ¿Cómo demuestran que la presencia del Señor está dentro de ti?
Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
Elige un tesoro, un regalo o una perla que Dios te ha dado - algo que revela el reino de Dios. ¿Cómo lo descubriste o lo ganaste? ¿Qué efecto tiene en los demás?
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Cuanto más santos somos, más santa es la Iglesia y eso impacta al mundo a nuestro alrededor.
Lunes de la 17ma. Semana del Tiempo Ordinario
Julio 27, 2026
Jeremías 13, 1-11
Deuteronomio 32, 18-21
Mateo 13, 31-35
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072726.cfm
¿Está creciendo tu santidad?
En la primera lectura de hoy, Dios nos advierte que el orgullo echa a perder nuestra relación con él. Incluso si vamos a la iglesia, incluso si oramos, incluso si pensamos que estamos espiritualmente bien, si servimos a cualquier maestro que no sea Dios o si nos negamos a escuchar a nuestro Salvador sobre cualquier asunto, nuestro orgullo espiritual y nuestra actitud de hacer-como-me-parece deteriora nuestra unidad con él.
Aunque realmente amamos a Jesús, algo en nuestra santidad, que nos fue dado por Dios en nuestro bautismo, queda enterrado en la oscuridad húmeda donde comienza a echarse a perder. Cuanto más tiempo permanezcamos en esta condición, más peligroso se vuelve para nuestro espíritu y para la Iglesia (el Cuerpo terrenal de Cristo). Cuanto más santos somos, más santa es la Iglesia y esto impacta en el mundo que nos rodea.
Es verdad también que si usamos mal o no usamos los dones y talentos que Dios nos ha llamado a compartir para la edificación de la Iglesia y del mundo: nuestra mediocridad deteriora nuestra unidad con los sueños y deseos de Cristo de hacer del mundo un lugar mejor y más santo.
Si el Señor nos señala un área de pecado y nos rehusamos a ir al Sacramento de la Reconciliación o si nos olvidamos de hacer el trabajo duro de purificar nuestras vidas, la oscuridad que preferimos corroe nuestra unidad con el Espíritu de Santidad de Cristo. ¿Es eso lo que realmente queremos?
En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús nos invita a crecer de nuevo donde nos hemos estado pudriendo, a crecer tan rápido y tan grande como una planta de mostaza. Una forma de hacerlo es leer las vidas de los Santos. Al igual que nosotros, ellos tenían áreas de podredumbre en sus vidas. Al igual que nosotros, querían acercarse íntimamente con el Señor. Como nosotros, querían agradar al Señor, porque lo amaban y apreciaban lo que él había hecho por ellos. Y, como nosotros, necesitaban crecer en santidad.
¿Qué estás haciendo hoy que pudiera arruinar tu relación con Dios? ¿Los programas de televisión y el material de lectura que eliges o las amistades que tienes trabajan en contra de la unión íntima con Cristo?
¿Qué funciona como levadura en la masa de tu fe Cristiana?
Hace muchos años, una lesión en la espalda me confinó a la cama durante tres días. Utilicé ese tiempo para leer un libro, de principio a fin, sobre las vidas de los Santos, y emergí de este "retiro de dormitorio" como una persona cambiada. Antes de este incidente, le había estado pidiendo a Jesús que me enseñara a amar a todos como él ama a todos. Al leer las historias de los Santos, todos los cuales amaban a los demás apasionadamente, la semilla de mostaza de este deseo fue regada y fertilizada. Creció como un árbol de mostaza en solo tres días. No podemos sumergirnos en las vidas de Santo tras Santo sin ganar un nuevo crecimiento en santidad.
Deja a un lado todo lo que te distraiga de tu relación con Cristo. Lo admitamos o no, todo lo que tenemos en nuestras mentes nos afecta. O dejamos que se sequen nuestros árboles de mostaza o los alimentamos.
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Lunes de la 17ma. Semana del Tiempo Ordinario
Julio 27, 2026
Jeremías 13, 1-11
Deuteronomio 32, 18-21
Mateo 13, 31-35
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¿Está creciendo tu santidad?
En la primera lectura de hoy, Dios nos advierte que el orgullo echa a perder nuestra relación con él. Incluso si vamos a la iglesia, incluso si oramos, incluso si pensamos que estamos espiritualmente bien, si servimos a cualquier maestro que no sea Dios o si nos negamos a escuchar a nuestro Salvador sobre cualquier asunto, nuestro orgullo espiritual y nuestra actitud de hacer-como-me-parece deteriora nuestra unidad con él.
Aunque realmente amamos a Jesús, algo en nuestra santidad, que nos fue dado por Dios en nuestro bautismo, queda enterrado en la oscuridad húmeda donde comienza a echarse a perder. Cuanto más tiempo permanezcamos en esta condición, más peligroso se vuelve para nuestro espíritu y para la Iglesia (el Cuerpo terrenal de Cristo). Cuanto más santos somos, más santa es la Iglesia y esto impacta en el mundo que nos rodea.
Es verdad también que si usamos mal o no usamos los dones y talentos que Dios nos ha llamado a compartir para la edificación de la Iglesia y del mundo: nuestra mediocridad deteriora nuestra unidad con los sueños y deseos de Cristo de hacer del mundo un lugar mejor y más santo.
Si el Señor nos señala un área de pecado y nos rehusamos a ir al Sacramento de la Reconciliación o si nos olvidamos de hacer el trabajo duro de purificar nuestras vidas, la oscuridad que preferimos corroe nuestra unidad con el Espíritu de Santidad de Cristo. ¿Es eso lo que realmente queremos?
En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús nos invita a crecer de nuevo donde nos hemos estado pudriendo, a crecer tan rápido y tan grande como una planta de mostaza. Una forma de hacerlo es leer las vidas de los Santos. Al igual que nosotros, ellos tenían áreas de podredumbre en sus vidas. Al igual que nosotros, querían acercarse íntimamente con el Señor. Como nosotros, querían agradar al Señor, porque lo amaban y apreciaban lo que él había hecho por ellos. Y, como nosotros, necesitaban crecer en santidad.
¿Qué estás haciendo hoy que pudiera arruinar tu relación con Dios? ¿Los programas de televisión y el material de lectura que eliges o las amistades que tienes trabajan en contra de la unión íntima con Cristo?
¿Qué funciona como levadura en la masa de tu fe Cristiana?
Hace muchos años, una lesión en la espalda me confinó a la cama durante tres días. Utilicé ese tiempo para leer un libro, de principio a fin, sobre las vidas de los Santos, y emergí de este "retiro de dormitorio" como una persona cambiada. Antes de este incidente, le había estado pidiendo a Jesús que me enseñara a amar a todos como él ama a todos. Al leer las historias de los Santos, todos los cuales amaban a los demás apasionadamente, la semilla de mostaza de este deseo fue regada y fertilizada. Creció como un árbol de mostaza en solo tres días. No podemos sumergirnos en las vidas de Santo tras Santo sin ganar un nuevo crecimiento en santidad.
Deja a un lado todo lo que te distraiga de tu relación con Cristo. Lo admitamos o no, todo lo que tenemos en nuestras mentes nos afecta. O dejamos que se sequen nuestros árboles de mostaza o los alimentamos.
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