Reflexiones Diarias - BNC
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: En Dios no hay vergüenza; Él ha borrado nuestra culpa con la sangre de Cristo en la cruz.


Lunes de la 5ta. Semana de Cuaresma
Memorial de San Toribio de Mogrovejo, Obispo
Marzo 23, 2026

Daniel 13, 1-9.15-17.19-30.33-62
Salmo 22, 1-3.3-4.5.6
Juan 8, 1-11
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/032326.cfm

Vergüenza, culpa o misericordia

¿Alguna vez has sido acusado sin piedad, como Susana en la primera lectura de hoy? Sea la acusación verdadera o falsa, nos sentimos terriblemente desacreditados, especialmente si se hace sin perdón. Incluso cuando no hemos hecho nada malo, necesitamos una actitud de misericordia de parte de nuestro acusador o de lo contrario la herida será muy profunda.

Sentir remordimiento por un pecado verdadero no hace que sea más fácil soportar las duras reacciones de los demás. Ya que, naturalmente, preferimos nos miren bien los ojos de los demás, sobre todo cuando nos tratan sin piedad, nos defendemos y tratamos de racionalizar nuestros pecados.

Esto sucede porque estamos tratando de protegernos de la vergüenza. La culpa es la toma de conciencia honesta de que hemos pecado y nos conduce al remordimiento y éste a la sanación. La vergüenza es otra cosa. A diferencia de la culpa que nos dice cómo pecamos y, entonces, podemos arrepentirnos y, a diferencia del remordimiento que nos mueve a corregir lo que hemos hecho mal y evitarlo en el futuro, la vergüenza nos denigra.

Sólo la misericordia nos puede proteger de la vergüenza. La misericordia confirma lo que valemos. Sin ella, tratamos de protegernos de la vergüenza manipulando a la gente para que nos quieran y nos aprueben. Cuanto más pecamos, más nos desesperamos buscando la aprobación de los demás. Cuanto más nos desesperamos menos remordimiento sentimos por lo que hemos hecho mal, porque el remordimiento incluye el sentimiento de que merecemos la desaprobación.

Para curar las heridas de la vergüenza, debemos darnos cuenta de que nuestro deseo de arrepentimiento y de recibir el perdón nos ha abierto a la misericordia de Dios y que su opinión de nosotros es lo que más importa.

Cuando se nos acusa falsamente, estamos a merced de los demás y ellos nos han rechazado. Si sus opiniones son importantes para nosotros, tenemos hambre de que nos acepten. Nos defendemos y ofendemos a los que nos acusaron. Convertimos nuestra inocencia en egoísmo, orgullo y otros comportamientos faltos de amor.

Para sanar esta herida debemos saber que la misericordia de Dios nos abraza.

Nadie nos puede valorar como Dios. Sólo Él sabe lo que hay en nuestros corazones. Sólo Él nos ama completamente, no importa lo que hagamos. En él no hay vergüenza -- remordimiento sí, pero no vergüenza porque él ha borrado nuestra culpa con la sangre de Cristo en la cruz. Cuando nos aferramos a la fidelidad de la misericordia de Dios, somos liberados de la necesidad de autoprotección de ser valorados por los demás.

La vergüenza es dañina, pero la culpa y el remordimiento son redentores. La culpa nos mueve a arrepentirnos. El arrepentimiento nos purifica y, el remordimiento edifica nuestra santidad. La santidad extiende la misericordia de Dios a los que nos rodean. En santidad, invitamos a otros a reconocer su propia culpa sin avergonzarlos de ella. Así como hemos recibido misericordia, damos misericordia, y entonces el mundo se convierte en un lugar mejor.

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© Terry A. Modica (Por favor, compártelo intacto.)
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: En Dios no hay vergüenza; Él ha borrado nuestra culpa con la sangre de Cristo en la cruz.

Lunes de la 5ta. Semana de Cuaresma
Memorial de San Toribio de Mogrovejo, Obispo
Marzo 23, 2026

Daniel 13, 1-9.15-17.19-30.33-62
Salmo 22, 1-3.3-4.5.6
Juan 8, 1-11
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Vergüenza, culpa o misericordia

¿Alguna vez has sido acusado sin piedad, como Susana en la primera lectura de hoy? Sea la acusación verdadera o falsa, nos sentimos terriblemente desacreditados, especialmente si se hace sin perdón. Incluso cuando no hemos hecho nada malo, necesitamos una actitud de misericordia de parte de nuestro acusador o de lo contrario la herida será muy profunda.

Sentir remordimiento por un pecado verdadero no hace que sea más fácil soportar las duras reacciones de los demás. Ya que, naturalmente, preferimos nos miren bien los ojos de los demás, sobre todo cuando nos tratan sin piedad, nos defendemos y tratamos de racionalizar nuestros pecados.

Esto sucede porque estamos tratando de protegernos de la vergüenza. La culpa es la toma de conciencia honesta de que hemos pecado y nos conduce al remordimiento y éste a la sanación. La vergüenza es otra cosa. A diferencia de la culpa que nos dice cómo pecamos y, entonces, podemos arrepentirnos y, a diferencia del remordimiento que nos mueve a corregir lo que hemos hecho mal y evitarlo en el futuro, la vergüenza nos denigra.

Sólo la misericordia nos puede proteger de la vergüenza. La misericordia confirma lo que valemos. Sin ella, tratamos de protegernos de la vergüenza manipulando a la gente para que nos quieran y nos aprueben. Cuanto más pecamos, más nos desesperamos buscando la aprobación de los demás. Cuanto más nos desesperamos menos remordimiento sentimos por lo que hemos hecho mal, porque el remordimiento incluye el sentimiento de que merecemos la desaprobación.

Para curar las heridas de la vergüenza, debemos darnos cuenta de que nuestro deseo de arrepentimiento y de recibir el perdón nos ha abierto a la misericordia de Dios y que su opinión de nosotros es lo que más importa.

Cuando se nos acusa falsamente, estamos a merced de los demás y ellos nos han rechazado. Si sus opiniones son importantes para nosotros, tenemos hambre de que nos acepten. Nos defendemos y ofendemos a los que nos acusaron. Convertimos nuestra inocencia en egoísmo, orgullo y otros comportamientos faltos de amor.

Para sanar esta herida debemos saber que la misericordia de Dios nos abraza.

Nadie nos puede valorar como Dios. Sólo Él sabe lo que hay en nuestros corazones. Sólo Él nos ama completamente, no importa lo que hagamos. En él no hay vergüenza -- remordimiento sí, pero no vergüenza porque él ha borrado nuestra culpa con la sangre de Cristo en la cruz. Cuando nos aferramos a la fidelidad de la misericordia de Dios, somos liberados de la necesidad de autoprotección de ser valorados por los demás.

La vergüenza es dañina, pero la culpa y el remordimiento son redentores. La culpa nos mueve a arrepentirnos. El arrepentimiento nos purifica y, el remordimiento edifica nuestra santidad. La santidad extiende la misericordia de Dios a los que nos rodean. En santidad, invitamos a otros a reconocer su propia culpa sin avergonzarlos de ella. Así como hemos recibido misericordia, damos misericordia, y entonces el mundo se convierte en un lugar mejor.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: La bondad de Dios es mucho más grande que nuestros mejores esfuerzos.

Solemnidad de la Anunciación del Señor
Marzo 25, 2026

Isaías 7, 10-14; 8, 10
Salmo 39, 7-11
Hebreos 10, 4-10
Lucas 1, 26-38
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/032526.cfm

La mano derecha de Dios


La historia de la Anunciación, en la lectura del Evangelio de hoy, alcanza su punto máximo cuando María dice: "He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra". Una esclava es alguien cuya función esencial es la de ayudar. ¡Ayudar! No: "hacerse cargo de…". No: "convertirse en el Salvador de…". No: "Ser un buen cura o ministro laico o religioso, hermano/hermana, de tal modo que las personas le admiren y le den crédito por un trabajo bien hecho…".

Un asistente es, a menudo, llamado la "mano derecha" del empleador o, literalmente, una extensión de la mano del empleador. Cuando Dios me encomienda algo, como "escribir un libro" o "dar un retiro" o "añadir algo nuevo a la página web", mi primera inclinación es apuntar a lo más alto, con todas las habilidades y el entusiasmo que Dios me ha dado. Aunque esto parece santo, no lo es.

Cuando veo a alguien perdido en la oscuridad del pecado y Dios me da un codazo para que intervenga, mi fuerte sentido de preocupación me empuja a la acción y, si no veo resultados lo suficientemente rápido, supongo que es porque no estoy tratando lo suficientemente duro y debo empujar a una velocidad superior.

Nada de esto es ser una esclava del Señor. Soy yo siendo yo, tomando mis propias decisiones, extendiendo mi propia mano para ver hasta dónde puedo hacerla llegar. No obró así María. Observemos cómo ella rediseñó el trabajo del asistente:

(1) Ella primero respondió con una gran fe en su Señor.

(2) Una buena esclava escucha con atención lo que el Señor quiere. María dijo: "Hágase en mí según tu palabra". Era una buena oyente.

(3) Ella dejó las consecuencias de su "sí" en las manos de Dios. Ella no dio un "sí" condicional, como en: "Está bien, pero asegúrate de que la gente del pueblo no me apedree."

(4) Su consentimiento vino de una humildad verdadera. Aceptó el mérito que Dios le dio, sin embargo, sabía que no podía hacer nada valioso sin él. Se entregó por completo a Dios, sabiendo que tenía algo que dar pero sabiendo que la bondad de Dios era mucho mayor que sus mejores esfuerzos.

(5) María unió su voluntad a las intenciones y acciones de Dios. El Padre redimiría al mundo a través de su Hijo; María intentó redimir el mundo a través de su Hijo de acuerdo con su plan tal como se iba desarrollando. El Padre dejaría que su Hijo muriera por nuestros pecados; María dejó partir a su hijo mientras lo veía sufrir, a pesar de que todavía no comprendía el plan.

María sigue siendo la esclava de Dios para la redención del mundo. Ella ayuda a Dios cada vez que necesitamos su ayuda en nuestras vidas.

¿Cómo puedes servir siendo la mano de Dios para las personas a tu alrededor? Observa y escucha lo que te está pidiendo que hagas hoy y di: "Señor, hágase en mí según tu voluntad; yo soy tu esclava (o esclavo)." Y, luego, dale a tu Señor el crédito por un trabajo bien hecho.

Para información adicional, lee el PalabrasVivas: "Cómo ser una servidora del Señor como María” en https://buenasnuevascatolicas.org/profundiza-tu-fe/como-ser-servidora-del-senor-como-maria/"

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: No importa lo que creamos, la verdad permanece constante y no es modificada por nadie.

Jueves de la 5ta. Semana de Cuaresma
Marzo 26, 2026

Génesis 17, 3-9
Salmo 104, 4-9
Juan 8, 51-59
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/032626.cfm

Manteniendo el Pacto con la Verdad

En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús es acusado de estar poseído. En efecto, sus acusadores lo llaman mentiroso por haber proclamado la relación que tiene con Dios. Jesús le da vuelta y los identifica a ellos como los verdaderos mentirosos. Pero ¿es justo lo que señala Jesús? Realmente creen que su análisis de la situación es preciso y cierto. No están mintiendo deliberadamente.

La materia más dura del universo es la verdad. No puede ser cambiada. No puede ser moldeada para tener una forma diferente. No puede ser tallada o erosionada y modelada como algo de menor importancia. Sin importar lo que creamos, la verdad permanece constante y no es afectada por nada -- ni por nuestro deseo de racionalizar elecciones equivocadas, ni por los caprichos de la sociedad, ni por la siempre cambiante moral del mundo.

Entonces, quien crea que es posible alterar la verdad, está creyendo una falsedad, una mentira. Y quien profese una falsedad es un mentiroso, incluso si se sienten absolutamente convencidos de que su versión de la mentira es la verdad. Una mentira no se convierte en verdad sólo porque pensamos que es verdadera.

Esta es una buena noticia porque, ya que la verdad es inalterable y, ya que Dios sólo dice la verdad, sabemos que todo lo que promete en su Palabra es inalterable. Podemos confiar en sus promesas con absoluta certeza.

En la primera lectura de hoy, Dios inicia su pacto con nosotros. El Salmo 104 señala que su alianza "es para miles de generaciones." Para los hebreos "miles" significaba "infinitas" o "más allá de la cuenta."

Su alianza con nosotros es una verdad que no puede ser cambiada, no puede ser rota. Podemos alejarnos de ella pero si cumplimos con nuestras responsabilidades como está prescrito en este pacto, obedeciendo los mandamientos de Dios, nos beneficiamos de su inalterabilidad, así podemos contar con el amor y la fidelidad de Dios. "Romper" el pacto significa que hemos aceptado una mentira.

El pacto es el Reino de Dios. Cuando entramos en la alianza, Dios nos protege, nos enseña, nos da grandes amigos, nos da buen uso de nuestros talentos y nos llena de dones sólo por el placer de vernos entusiasmados con su generosidad.

No obstante, cuando exploramos fuera del Reino, comenzamos a creer las mentiras que oímos. Pero el Rey no quiere que vivamos fuera de su alianza, por ello nos envía a su Hijo, que es el camino, la verdad y la vida del pacto. Podemos retornar al pacto reuniéndonos con Jesús en la Eucaristía y en el Sacramento de la Reconciliación.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Dios revela su amor al mundo a través de ti y te lo agradece.

Viernes de 5ta. Semana de Cuaresma
Marzo 27, 2026

Jeremías 20, 10-13
Salmo 17, 2-7
Juan 10, 31-42
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/032726.cfm

¿Se han malinterpretado tus buenas obras?

Está a punto de comenzar la Semana Santa -- los ocho días más maravillosos de todo el año litúrgico, comenzando con el Domingo de Ramos y finalizando con el Domingo de Pascua. Estas Reflexiones de las Buenas Nuevas van a llevarnos, ahora, más profundamente en el camino de unirnos con Jesús, conectando nuestros sufrimientos a sus sufrimientos, nuestra pasión a su pasión, nuestra necesidad de la gloria de la resurrección a su gloriosa resurrección.

Utilizando el pasaje del Evangelio de hoy para una meditación, podemos unirnos a Jesús en el dolor por el rechazo. Recuerda cómo has hecho buenas obras -- la obra del Señor -- y has sido malinterpretado o desacreditado.

Tal vez has amado a un familiar problemático, o a un compañero de trabajo, o vecino, con el amor perdonador e incondicional de Jesús, mientras que otros se alejaron disgustados. Y, porque no te uniste a ellos rechazando a esta persona, los demás llegaron a la conclusión de que tú tenías sentimientos impropios o inmorales hacia él o ella.

Tal vez alguien ha tratado de sacar ventaja de ti en el trabajo, en el ministerio, o financieramente y tú obedeciste el mandamiento de Jesús de ir la milla extra y entregar también el manto, entonces, aquellos que te vieron hacerlo te dijeron que, en lugar de hacer eso, tenías que contraatacar y demandar un tratamiento justo. Entonces, como no seguiste su consejo, te condenaron por tonto.

¿Quién está diciendo de ti: "¡denunciémoslo!", como vemos en la primera lectura de hoy? ¿Quién está vigilando que tropieces? ¿Quién está tratando de atraparte para comprobar que no eres el buen cristiano que dices ser? ¿Quién está buscando venganza contra ti, porque la posición santa que tú tienes sobre algunos temas, le hace sentir incómodo?

Si estás verdaderamente sirviendo al Señor, te has ganado la desaprobación de personas que no comprenden lo que estás haciendo ni por qué. Gloriosamente, tú ahora sabes cómo se sintió Jesús cuando le sucedió a él. Jesús sabe cómo te sientes tú y te está ayudando a soportar tus sufrimientos, te está dando su fortaleza, su resistencia y determinación para hacer la obra del Padre.

Cuando esto te agota -- cuando la persecución, la desaprobación y la condenación parecen ser demasiado para soportar -- recuerda tomarte tiempo para descansar y conectarte mentalmente con la Pasión de Cristo. Ora y pide al Padre que te diga lo que él piensa de ti. Medita en su opinión sobre ti -- ¡Él te aprueba! ¡Él aprecia lo que estás haciendo! ¡Se deleita en ti!

Dios revela su amor al mundo a través tuyo y te lo agradece. Tú eres su hijo amado y está muy satisfecho contigo.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: El amor intenso que Jesús demostró el Viernes Santo, es una lección de lo que significa tener "compasión" por los demás.

Domingo de Ramos
De la Pasión de Jesús
Marzo 29, 2026

Mateo 21, 1-11 (procesión con las palmas)
Isaías 50, 4-7
Salmo 22 (21), 8-9,17-20.23-24
Filipenses 2, 6-11
Mateo 26, 14-27, 66
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/032926.cfm

El amor apasionado de Jesús

La palabra "pasión" tiene implicancias poderosas. Teológicamente, la usamos para describir el sufrimiento por amor que Jesús soportó por cada uno de nosotros cuando fue golpeado, ridiculizado y crucificado mientras voluntariamente tomó sobre sí el castigo y las fuerzas destructivas de nuestros pecados.

También usamos esta palabra para referirnos a una fuerte motivación para hacer algo que disfrutamos o nos importa mucho y es por eso que podemos decir que Jesús se preocupó "apasionadamente" por nosotros mientras soportaba La Pasión.

El intenso amor que Jesús exhibió en su ministerio y el Viernes Santo es una lección sobre lo que significa tener "compasión" por los demás. Caminamos con ellos en sus sufrimientos; "sufrimos con" ellos. Esto es amor apasionado en su forma más sagrada.

Lee las escrituras del Domingo de la Pasión observando cómo Jesús revela ese amor apasionado por ti.

Mírate a ti mismo en la pasión de la gente que acogió con entusiasmo a Jesús, así como en aquellos que lo rechazaron y lo negaron.

Considera cuánta compasión debe haber sentido Jesús por ti cuando se sometió a los dolores atroces de sus últimas horas. Hizo esto por ti a pesar de lo mucho que le has herido por la falta de compasión por los demás. ¡Alégrate en su amor apasionado por ti! Esto te dará poder para arrepentirte y fortalecerte en el santo amor por los demás.

Preguntas para la Reflexión personal:
Trae a la mente la manera más dolorosa en la que compasivamente estás sufriendo con o por otra persona. Conecta esto a lo que Jesús hizo. ¿Cómo te ayuda a sentirte más íntimamente involucrado con el plan de salvación de Dios? ¿Cómo hace que tu vida sea un Evangelio moderno?

Preguntas para Compartir la Fe en la Comunidad:
1. Mirando la lectura de Isaías, ¿de qué forma los buenos cristianos a veces golpean a Jesús, jalan de su barba y lo escupen?

2. ¿Cómo explica tu respuesta a # 1 por qué Jesús se vació por completo para ti, como lo describe la lectura de Filipenses?

3. ¿De qué manera la Pasión de Jesús nos asiste en nuestros sufrimientos de hoy?

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