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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Si queremos tener paz y una buena vida debemos dejar de salvarnos a nosotros mismos y dejar que Dios lo haga por nosotros.
Viernes de la 18va. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de San Cayetano
Agosto 7, 2026
Nahúm 2, 1.3; 3, 1-3.6-7
Deuteronomio 32, 35cd-36ab.39.41
Mateo 16, 24-28
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/080726.cfm
Cuestión de vida o muerte
"Soy yo el que da la vida o la muerte," dice el Señor en el salmo responsorial de hoy. En la primera lectura leemos: "¡Mira sobre las montañas, viene el que trae la buena noticia, el que anuncia la paz!" No hay mayor paz que dejar a Dios estar a cargo, completamente, de cada una de nuestras decisiones, nuestra comprensión y nuestra falta de comprensión, nuestro descubrimiento de la verdad y nuestra vida.
Jesús, que es el portador de las buenas noticias, lo explica en la lectura del Evangelio de hoy: si queremos tener paz y una buena vida, debemos dejar de salvarnos a nosotros mismos y dejar que Dios lo haga por nosotros.
No somos capaces de asegurar nuestra propia felicidad aquí en la tierra ¡ni qué pensar eternamente en el cielo! No entendemos qué está pasando, aunque tratamos y en nuestros intentos por sentirnos seguros en nuestra visión de la vida, creemos en nuestras percepciones limitadas -- en detrimento nuestro.
Si pudiéramos ser transportados en oración, aunque sea por un momento, hacia la eternidad y pudiéramos ver todo desde la perspectiva del cielo, golpearíamos nuestras frentes y diríamos: "¡Pero! ¿Cómo no me di cuenta de eso antes?"
Sólo Dios ve el panorama completo, la verdadera ruta hacia la felicidad y la paz, y nunca nos lo comunica a nosotros únicamente. No somos lo suficientemente inteligentes para escucharlo correctamente por nosotros mismos. Necesitamos la ayuda de una comunidad: un director espiritual, amigos cristianos, un confesor, etc. Y, también, necesitamos confiar en el Espíritu Santo que nos hablará a nosotros en nuestros corazones y luego lo confirmará a través de otros.
Confiar en el Señor significa aceptar que somos tontamente estúpidos, comparados con su sabiduría y conocimiento. No debemos confiar en nuestras propias habilidades para tomar decisiones acertadas sin su consejo, ni podemos confiar en nuestra habilidad para discernir correctamente esa guía. En la humildad de ese descubrimiento, abrimos nuestras vidas a la divina dirección e intervención.
Una de mis oraciones favoritas es: "Señor, agárrame de los tobillos hoy y no me dejes deambular fuera del camino que tú deseas para mí." No puedo confiar en mí misma para saber dónde me está llevando el Señor pero puedo confiar en que el Señor es más fuerte y grande que yo. Todo lo que necesita de mí es mi deseo de ser guiada por él. En sus manos estoy segura. Él me corrige cuando me equivoco, me re-direcciona hacia conclusiones correctas e incluso me detiene en mi camino, cuando mi tonto cerebro testarudamente se rehúsa a prestar atención.
Esto es abandonar nuestras vidas por el bien de encontrar vida. ¿Da miedo? ¡Claro! Negarnos a nosotros mismos (dejar de lado nuestros caminos, nuestras ideas de cómo encontrar la felicidad) para confiar en Dios es, verdaderamente, una pérdida que finalmente nos da la mejor de las ganancias y es una cuestión de vida o muerte.
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© Terry A. Modica, Good News Ministries (Por favor, compártelo intacto.)
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Viernes de la 18va. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de San Cayetano
Agosto 7, 2026
Nahúm 2, 1.3; 3, 1-3.6-7
Deuteronomio 32, 35cd-36ab.39.41
Mateo 16, 24-28
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Cuestión de vida o muerte
"Soy yo el que da la vida o la muerte," dice el Señor en el salmo responsorial de hoy. En la primera lectura leemos: "¡Mira sobre las montañas, viene el que trae la buena noticia, el que anuncia la paz!" No hay mayor paz que dejar a Dios estar a cargo, completamente, de cada una de nuestras decisiones, nuestra comprensión y nuestra falta de comprensión, nuestro descubrimiento de la verdad y nuestra vida.
Jesús, que es el portador de las buenas noticias, lo explica en la lectura del Evangelio de hoy: si queremos tener paz y una buena vida, debemos dejar de salvarnos a nosotros mismos y dejar que Dios lo haga por nosotros.
No somos capaces de asegurar nuestra propia felicidad aquí en la tierra ¡ni qué pensar eternamente en el cielo! No entendemos qué está pasando, aunque tratamos y en nuestros intentos por sentirnos seguros en nuestra visión de la vida, creemos en nuestras percepciones limitadas -- en detrimento nuestro.
Si pudiéramos ser transportados en oración, aunque sea por un momento, hacia la eternidad y pudiéramos ver todo desde la perspectiva del cielo, golpearíamos nuestras frentes y diríamos: "¡Pero! ¿Cómo no me di cuenta de eso antes?"
Sólo Dios ve el panorama completo, la verdadera ruta hacia la felicidad y la paz, y nunca nos lo comunica a nosotros únicamente. No somos lo suficientemente inteligentes para escucharlo correctamente por nosotros mismos. Necesitamos la ayuda de una comunidad: un director espiritual, amigos cristianos, un confesor, etc. Y, también, necesitamos confiar en el Espíritu Santo que nos hablará a nosotros en nuestros corazones y luego lo confirmará a través de otros.
Confiar en el Señor significa aceptar que somos tontamente estúpidos, comparados con su sabiduría y conocimiento. No debemos confiar en nuestras propias habilidades para tomar decisiones acertadas sin su consejo, ni podemos confiar en nuestra habilidad para discernir correctamente esa guía. En la humildad de ese descubrimiento, abrimos nuestras vidas a la divina dirección e intervención.
Una de mis oraciones favoritas es: "Señor, agárrame de los tobillos hoy y no me dejes deambular fuera del camino que tú deseas para mí." No puedo confiar en mí misma para saber dónde me está llevando el Señor pero puedo confiar en que el Señor es más fuerte y grande que yo. Todo lo que necesita de mí es mi deseo de ser guiada por él. En sus manos estoy segura. Él me corrige cuando me equivoco, me re-direcciona hacia conclusiones correctas e incluso me detiene en mi camino, cuando mi tonto cerebro testarudamente se rehúsa a prestar atención.
Esto es abandonar nuestras vidas por el bien de encontrar vida. ¿Da miedo? ¡Claro! Negarnos a nosotros mismos (dejar de lado nuestros caminos, nuestras ideas de cómo encontrar la felicidad) para confiar en Dios es, verdaderamente, una pérdida que finalmente nos da la mejor de las ganancias y es una cuestión de vida o muerte.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Necesitamos períodos de soledad llenos de oración para restaurar nuestras energías y renovar nuestra visión de lo que Dios nos está inspirando a hacer.
19no. Domingo del Tiempo Ordinario
Agosto 9, 2026
1 Reyes 19, 9a.11-13a
Salmo 85 (84), 8-14
Romanos 9, 1-5
Mateo 14, 22-33
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/080926.cfm
Cómo lograr una fe bien equilibrada
En la lectura del Evangelio para este domingo, Jesús termina con el milagro de multiplicar unos pocos panes y peces para alimentar a miles de personas, y luego se va solo a orar.
Cuando organizas una gran cena, completas un gran proyecto o superas obstáculos difíciles, ¿te das tiempo para recuperarte y dejar que Dios te ayude?
Después de pasar tiempo a solas con su Padre, Jesús fue tan edificado por la experiencia ¡que caminó sobre el agua!
Jesús frecuentemente pasaba tiempo en oración. Probablemente fue a orar mucho más a menudo de lo que está escrito en las Escrituras. ¿Por qué Mateo lo mencionó aquí? ¿Qué había de especial en este tiempo particular de oración?
A través de Mateo, Dios nos está mostrando cómo lograr una fe bien equilibrada.
Necesitamos períodos de soledad llenos de oración para restaurar nuestras energías y renovar nuestra visión de lo que Dios nos está inspirando a hacer. Todos tenemos trabajo que hacer para Dios en nuestras familias, en nuestros lugares de trabajo, en reuniones sociales, en nuestras parroquias y en todos los problemas que surjan. Dar de nosotros mismos a otros siempre nos cansará; para prosperar y crecer en nuestra utilidad para Dios, debemos permitir que nos restablezca a menudo.
La oración nos ayuda a prepararnos para lo que nos espera, incluso cuando no sabemos en qué nos estamos metiendo. Lo que ganamos del Señor en nuestro tiempo a solas con él es un regalo diseñado para nuestro beneficio y para responder a las necesidades de los demás. Fortalece nuestra fe, nos enseña a caminar sobre el agua y nos envía a la siguiente orilla donde están esperando las personas que necesitan la ayuda de Dios. Dios quiere ayudarlos a través de nosotros. ¿Has orado y estás listo?
Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Cuánto tiempo pasas en tranquila soledad con el Señor? ¿Es suficiente restaurar la paz interior que surge de permanecer en contacto con Dios? ¿O te sientes agotado y no preparado para continuar?
Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
¿Cuál es tu forma favorita de orar? ¿Qué tipo de oración te hace sentir más conectado con Dios? ¿Por qué? ¿Cómo te ayuda esto en las tareas de tu vida diaria?
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Necesitamos períodos de soledad llenos de oración para restaurar nuestras energías y renovar nuestra visión de lo que Dios nos está inspirando a hacer.
19no. Domingo del Tiempo Ordinario
Agosto 9, 2026
1 Reyes 19, 9a.11-13a
Salmo 85 (84), 8-14
Romanos 9, 1-5
Mateo 14, 22-33
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Cómo lograr una fe bien equilibrada
En la lectura del Evangelio para este domingo, Jesús termina con el milagro de multiplicar unos pocos panes y peces para alimentar a miles de personas, y luego se va solo a orar.
Cuando organizas una gran cena, completas un gran proyecto o superas obstáculos difíciles, ¿te das tiempo para recuperarte y dejar que Dios te ayude?
Después de pasar tiempo a solas con su Padre, Jesús fue tan edificado por la experiencia ¡que caminó sobre el agua!
Jesús frecuentemente pasaba tiempo en oración. Probablemente fue a orar mucho más a menudo de lo que está escrito en las Escrituras. ¿Por qué Mateo lo mencionó aquí? ¿Qué había de especial en este tiempo particular de oración?
A través de Mateo, Dios nos está mostrando cómo lograr una fe bien equilibrada.
Necesitamos períodos de soledad llenos de oración para restaurar nuestras energías y renovar nuestra visión de lo que Dios nos está inspirando a hacer. Todos tenemos trabajo que hacer para Dios en nuestras familias, en nuestros lugares de trabajo, en reuniones sociales, en nuestras parroquias y en todos los problemas que surjan. Dar de nosotros mismos a otros siempre nos cansará; para prosperar y crecer en nuestra utilidad para Dios, debemos permitir que nos restablezca a menudo.
La oración nos ayuda a prepararnos para lo que nos espera, incluso cuando no sabemos en qué nos estamos metiendo. Lo que ganamos del Señor en nuestro tiempo a solas con él es un regalo diseñado para nuestro beneficio y para responder a las necesidades de los demás. Fortalece nuestra fe, nos enseña a caminar sobre el agua y nos envía a la siguiente orilla donde están esperando las personas que necesitan la ayuda de Dios. Dios quiere ayudarlos a través de nosotros. ¿Has orado y estás listo?
Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Cuánto tiempo pasas en tranquila soledad con el Señor? ¿Es suficiente restaurar la paz interior que surge de permanecer en contacto con Dios? ¿O te sientes agotado y no preparado para continuar?
Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
¿Cuál es tu forma favorita de orar? ¿Qué tipo de oración te hace sentir más conectado con Dios? ¿Por qué? ¿Cómo te ayuda esto en las tareas de tu vida diaria?
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Buenas Nuevas Católicas
Cómo lograr una fe bien equilibrada
Necesitamos períodos de soledad llenos de oración para restaurar nuestras energías y renovar nuestra visión de lo que Dios nos pide.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Es la gracia de Dios dotarte con un valor que estás llamado a compartir con el mundo para difundir su Reino.
Fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir
Agosto 10, 2026
2 Corintios 9, 6-10
Salmo 112, 1-2.5-9
Juan 12, 24-26
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/081026.cfm
¿Qué estás haciendo con tus tesoros?
San Lorenzo, cuya Festividad celebramos hoy, protegió el dinero de la Iglesia, de ser saqueado por el Imperio Romano, dándoselo a los pobres. Cuando el ambicioso prefecto de Roma demandó los tesoros de la Iglesia, San Lorenzo le presentó a los pobres y enfermos, anunciando: "¡Este es el tesoro de la Iglesia!"
En la primera lectura de hoy, se nos desafía a considerar qué es y qué no es un tesoro para nosotros. ¿Qué siembras abundantemente? Este es tu tesoro. Es la gracia de Dios dotándote con algo valioso que debes compartir con el mundo para ayudar a difundir su Reino.
Podríamos pensar que deberíamos aferrarnos fuertemente a nuestros tesoros para no perderlos, pero eso no es lo que verdaderamente valoramos. Compartimos lo que valoramos. Por ejemplo, ¿has ido, alguna vez, a ver una buena película y le has contado a otros sobre ella? ¿Has estado compartiendo estas Reflexiones de las Buenas Nuevas con otros? ¿Ves lo que quiero decir? Compartimos lo que valoramos.
Cuando compartimos los tesoros de Dios, ahí es cuando se pone realmente emocionante. Cuanto más generosamente sembramos lo que él nos da, más cosechamos para que seamos aún más generosos. Es el Principio de la Economía #1 del Reino de Dios.
El salmo responsorial de hoy lo describe como generosidad "lujosa". Pero requiere negarse a sí mismo, como dice Jesús en la lectura del Evangelio. Debemos morir a nuestros miedos, especialmente al miedo de que, si damos nuestros tesoros como semillas comunes, nos quedaremos sin ninguna y no cosecharemos nada. Debemos dejar de sembrar ambición y egoísmo, debemos morir a nuestro deseo de atar hilos a nuestras semillas (por ejemplo: "compartiré mi dinero contigo -- o con la Iglesia o con lo que sea -- pero sólo si lo gastas de la forma en que yo creo que deberías"). ¡Imagina una plantación de semillas con hilos atados a un tractor para ayudarlas a crecer en la dirección correcta!
Mi esposo Ralph y yo, aprendimos por primera vez, el gozo del Principio de la Economía de Dios #1 allá por 1979. Estábamos vendiendo nuestra casa para poder mudarnos a otro empleo en otro estado. Después de escuchar a un hombre que necesitaba un auto para poder trabajar, le dimos el auto que habíamos esperado vender a $200 (un monto enorme para nosotros en ese momento). ¡Después de darle el auto, vendimos nuestra casa en $2.000 más de lo que esperábamos!
Ralph y yo hemos estado sembrando tesoros desde entonces. No siempre es fácil. La cosecha no es siempre la que esperamos o deseamos, pero todo es una bendición para y de Dios. Sea una donación financiera, o de tiempo, o de talentos, o de oraciones, o de un ministerio de escucha, o de un consuelo para los afligidos, o de una sonrisa cuando no tenemos ganas de sonreír, es un tesoro muy valioso. Y debe ser compartido.
Estamos llenos de tesoros, no importa cuán pobres seamos y, cuando los compartimos con otros, nos damos cuenta que nosotros mismos somos un don que Dios ha elegido compartir. ¡Somos uno de los tesoros más valiosos de la Iglesia! ¿Qué estás haciendo con el tesoro que eres tú?
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Es la gracia de Dios dotarte con un valor que estás llamado a compartir con el mundo para difundir su Reino.
Fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir
Agosto 10, 2026
2 Corintios 9, 6-10
Salmo 112, 1-2.5-9
Juan 12, 24-26
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¿Qué estás haciendo con tus tesoros?
San Lorenzo, cuya Festividad celebramos hoy, protegió el dinero de la Iglesia, de ser saqueado por el Imperio Romano, dándoselo a los pobres. Cuando el ambicioso prefecto de Roma demandó los tesoros de la Iglesia, San Lorenzo le presentó a los pobres y enfermos, anunciando: "¡Este es el tesoro de la Iglesia!"
En la primera lectura de hoy, se nos desafía a considerar qué es y qué no es un tesoro para nosotros. ¿Qué siembras abundantemente? Este es tu tesoro. Es la gracia de Dios dotándote con algo valioso que debes compartir con el mundo para ayudar a difundir su Reino.
Podríamos pensar que deberíamos aferrarnos fuertemente a nuestros tesoros para no perderlos, pero eso no es lo que verdaderamente valoramos. Compartimos lo que valoramos. Por ejemplo, ¿has ido, alguna vez, a ver una buena película y le has contado a otros sobre ella? ¿Has estado compartiendo estas Reflexiones de las Buenas Nuevas con otros? ¿Ves lo que quiero decir? Compartimos lo que valoramos.
Cuando compartimos los tesoros de Dios, ahí es cuando se pone realmente emocionante. Cuanto más generosamente sembramos lo que él nos da, más cosechamos para que seamos aún más generosos. Es el Principio de la Economía #1 del Reino de Dios.
El salmo responsorial de hoy lo describe como generosidad "lujosa". Pero requiere negarse a sí mismo, como dice Jesús en la lectura del Evangelio. Debemos morir a nuestros miedos, especialmente al miedo de que, si damos nuestros tesoros como semillas comunes, nos quedaremos sin ninguna y no cosecharemos nada. Debemos dejar de sembrar ambición y egoísmo, debemos morir a nuestro deseo de atar hilos a nuestras semillas (por ejemplo: "compartiré mi dinero contigo -- o con la Iglesia o con lo que sea -- pero sólo si lo gastas de la forma en que yo creo que deberías"). ¡Imagina una plantación de semillas con hilos atados a un tractor para ayudarlas a crecer en la dirección correcta!
Mi esposo Ralph y yo, aprendimos por primera vez, el gozo del Principio de la Economía de Dios #1 allá por 1979. Estábamos vendiendo nuestra casa para poder mudarnos a otro empleo en otro estado. Después de escuchar a un hombre que necesitaba un auto para poder trabajar, le dimos el auto que habíamos esperado vender a $200 (un monto enorme para nosotros en ese momento). ¡Después de darle el auto, vendimos nuestra casa en $2.000 más de lo que esperábamos!
Ralph y yo hemos estado sembrando tesoros desde entonces. No siempre es fácil. La cosecha no es siempre la que esperamos o deseamos, pero todo es una bendición para y de Dios. Sea una donación financiera, o de tiempo, o de talentos, o de oraciones, o de un ministerio de escucha, o de un consuelo para los afligidos, o de una sonrisa cuando no tenemos ganas de sonreír, es un tesoro muy valioso. Y debe ser compartido.
Estamos llenos de tesoros, no importa cuán pobres seamos y, cuando los compartimos con otros, nos damos cuenta que nosotros mismos somos un don que Dios ha elegido compartir. ¡Somos uno de los tesoros más valiosos de la Iglesia! ¿Qué estás haciendo con el tesoro que eres tú?
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Reflexión de las Buenas Nuevas del miércoles 10 de agosto, 2022 | Reflexiones de las Buenas Nuevas
Es la gracia de Dios dotarte con un valor que estás llamado a compartir con el mundo para difundir su Reino.
Reflexiona sobre el tema de este audio con el PalabrasVivas de GNM: "Identificando tus Verdaderos Tesoros" en gnm-es.org/finanzas/finanzas-identificando…
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❤1
Esta reflexión es de Good News @ https://buenasnuevascatolicas.org/reflexiones-de-las-buenas-nuevas/2026-08-11/
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Estamos llamados a animar la fe de los jóvenes para inspirar su participación plena en la Iglesia.
Martes de la 19na. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de Santa Clara, Virgen
Agosto 11, 2026
Ezequiel 2, 8--3, 4
Salmo 119, 14.24.72.103.111.131
Mateo 18, 1-5.10.12-14
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/081126.cfm
Reavivando la fe de nuestros jóvenes
El Evangelio de hoy nos recuerda la importancia de un buen programa para los niños en la iglesia y un ministerio de jóvenes eficaz. Ya seamos padres, catequistas, predicadores, maestros de escuela o simplemente que nos topemos con jóvenes en misa, estamos llamados a avivar la fe de los jóvenes para inspirar su plena participación en la Iglesia.
Sin embargo, cuando los niños se convierten en adolescentes, a menudo parecen como seres de otro planeta. Esperamos que se relacionen con la Iglesia y la Eucaristía de la misma manera que las generaciones anteriores, pero no es así. Exigimos que se ajusten a la forma "normal" de participar en el culto católico, pero pierden interés en asistir a Misa. Muchos no acuden a los programas de fe que son eficaces para el resto de nosotros y, sin embargo, ellos se dicen espirituales.
Los programas juveniles de la parroquia suelen estar separados de la comunidad de fieles. Sus hijos adolescentes no son invitados a colaborar en la planificación de las misiones parroquiales y otros eventos de formación de fe. El ministerio juvenil es, a menudo, bajo de presupuestos. La mayoría de los ministros de la juventud a menudo son mal pagados, si es que son pagados y sólo trabajan tiempo parcial. Cuando no ponemos mucho en el ministerio adolescente, cosechamos tan poco como sembramos.
¿Cuántos adolescentes y adultos jóvenes hay en el Consejo Pastoral de tu parroquia? ¿A cuántos se les permite ayudar a dar forma al programa de educación religiosa? ¿Cuántos niños están aburridos de sus catequistas? ¿Estamos dispuestos a dejar a un lado nuestras viejas formas de enseñanza de la fe con el fin de llegar a los jóvenes con mayor eficacia? Sus maestros de escuela utilizan ayudas visuales tecnológicas tales como presentaciones de PowerPoint; ¿por qué nuestras parroquias no han adoptado herramientas similares?
Si nos fijamos en la fe de los jóvenes desde una perspectiva histórica, podemos ver que los jóvenes de hoy están listos y dispuestos a ser animados en su fe y en la vida parroquial. Cuando yo era una niña (en los 60 y a principios de los años 70), había un enorme vacío de la fe en la cultura de Estados Unidos. Aunque parece que hay más secularismo hoy en día, los jóvenes de hoy han crecido con la música cristiana que prolifera por todas partes, incluso en las estaciones de radio seculares.
Así pues, ¿por qué no van a la iglesia? ¿Qué falta? ¿Cuál es la clave para evangelizarlos con éxito? Hay tres claves: el entusiasmo, la autenticidad y la oportunidad de hacer una diferencia en el mundo.
(1) Su estilo de vida acelerado, lleno de entretenimiento, requiere experiencias entusiastas, llenas de vida, para la adoración y la formación de la fe para así mantener su interés.
(2) Han crecido con un alto nivel de exposición a los fracasos de los adultos (divorcios, abusos constantes, clero arrogante, políticos que se preocupan más por ganar las elecciones que tratar de unir para mejorar la calidad de vida de las personas que se supone deben servir, etc.). Por lo tanto, necesitan relacionarse con modelos de roles que sean auténticos cristianos viviendo una fe verdadera, resolviendo problemas con su fe y sirviendo de forma compasiva a causa de su fe.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Estamos llamados a animar la fe de los jóvenes para inspirar su participación plena en la Iglesia.
Martes de la 19na. Semana del Tiempo Ordinario
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Agosto 11, 2026
Ezequiel 2, 8--3, 4
Salmo 119, 14.24.72.103.111.131
Mateo 18, 1-5.10.12-14
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Reavivando la fe de nuestros jóvenes
El Evangelio de hoy nos recuerda la importancia de un buen programa para los niños en la iglesia y un ministerio de jóvenes eficaz. Ya seamos padres, catequistas, predicadores, maestros de escuela o simplemente que nos topemos con jóvenes en misa, estamos llamados a avivar la fe de los jóvenes para inspirar su plena participación en la Iglesia.
Sin embargo, cuando los niños se convierten en adolescentes, a menudo parecen como seres de otro planeta. Esperamos que se relacionen con la Iglesia y la Eucaristía de la misma manera que las generaciones anteriores, pero no es así. Exigimos que se ajusten a la forma "normal" de participar en el culto católico, pero pierden interés en asistir a Misa. Muchos no acuden a los programas de fe que son eficaces para el resto de nosotros y, sin embargo, ellos se dicen espirituales.
Los programas juveniles de la parroquia suelen estar separados de la comunidad de fieles. Sus hijos adolescentes no son invitados a colaborar en la planificación de las misiones parroquiales y otros eventos de formación de fe. El ministerio juvenil es, a menudo, bajo de presupuestos. La mayoría de los ministros de la juventud a menudo son mal pagados, si es que son pagados y sólo trabajan tiempo parcial. Cuando no ponemos mucho en el ministerio adolescente, cosechamos tan poco como sembramos.
¿Cuántos adolescentes y adultos jóvenes hay en el Consejo Pastoral de tu parroquia? ¿A cuántos se les permite ayudar a dar forma al programa de educación religiosa? ¿Cuántos niños están aburridos de sus catequistas? ¿Estamos dispuestos a dejar a un lado nuestras viejas formas de enseñanza de la fe con el fin de llegar a los jóvenes con mayor eficacia? Sus maestros de escuela utilizan ayudas visuales tecnológicas tales como presentaciones de PowerPoint; ¿por qué nuestras parroquias no han adoptado herramientas similares?
Si nos fijamos en la fe de los jóvenes desde una perspectiva histórica, podemos ver que los jóvenes de hoy están listos y dispuestos a ser animados en su fe y en la vida parroquial. Cuando yo era una niña (en los 60 y a principios de los años 70), había un enorme vacío de la fe en la cultura de Estados Unidos. Aunque parece que hay más secularismo hoy en día, los jóvenes de hoy han crecido con la música cristiana que prolifera por todas partes, incluso en las estaciones de radio seculares.
Así pues, ¿por qué no van a la iglesia? ¿Qué falta? ¿Cuál es la clave para evangelizarlos con éxito? Hay tres claves: el entusiasmo, la autenticidad y la oportunidad de hacer una diferencia en el mundo.
(1) Su estilo de vida acelerado, lleno de entretenimiento, requiere experiencias entusiastas, llenas de vida, para la adoración y la formación de la fe para así mantener su interés.
(2) Han crecido con un alto nivel de exposición a los fracasos de los adultos (divorcios, abusos constantes, clero arrogante, políticos que se preocupan más por ganar las elecciones que tratar de unir para mejorar la calidad de vida de las personas que se supone deben servir, etc.). Por lo tanto, necesitan relacionarse con modelos de roles que sean auténticos cristianos viviendo una fe verdadera, resolviendo problemas con su fe y sirviendo de forma compasiva a causa de su fe.
(3) Ellos quieren saber cómo hacer una diferencia en este mundo desordenado. Dales las enseñanzas de la Iglesia sobre la justicia social, junto con oportunidades para tomar acción - con un mayor énfasis en el hacer que en la enseñanza. La fe que experimenten fuera de la Misa les ayudará a entender mejor la Eucaristía.
Los jóvenes de hoy están a punto de convertirse en feligreses activos, inspirados líderes laicos y sacerdotes y religiosos dedicados y santos. ¿Estamos haciendo lo suficiente para alimentar esto?
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Hay una gran fuerza sobrenatural en las oraciones de los fieles que se unen para enfrentar al mal.
Miércoles de la 19na. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de Santa Juana Francisca Chantal, Religiosa
Agosto 12, 2026
Ezequiel 9, 1-7--10, 18-22
Salmo 112, 1-6
Mateo 18, 15-20
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Qué hacer cuando otros se rehúsan a arrepentirse
Ezequiel vivió durante la captura de Israel por parte de los babilonios. Ya que el pueblo se había apartado de su fe, Dios le dio visiones al profeta y lo inspiró a llamar al pueblo al arrepentimiento para que pudieran regresar a casa.
En la visión de la matanza en nuestra primera lectura de hoy, los únicos que se salvaron de la muerte fueron los que odiaron las abominaciones del mal. La destrucción de los impíos comenzó en el santuario, donde la gloria de Dios había morado antes de que el pueblo lo expulsara.
Es igual de cierto que hoy, cuando nuestros santuarios son arrebatados por los clérigos que abusan de su autoridad o cuando los ministros de la parroquia son expulsados por los laicos que causan división y conflictos. Y es igualmente cierto cuando expulsamos a Dios del santuario de nuestro corazón pecando y rebelándonos.
Cuando Dios es expulsado, un pecado venial se convierte en mortal, pero, cuando buscamos sanación a través del Sacramento de la Reconciliación, Dios nos trae de regreso a casa desde el lugar de nuestra esclavitud.
¿Hay personas que están causándote problemas por sus impiedades? ¿Tienes un cónyuge que ha roto el pacto de tus votos matrimoniales? ¿Hay un amigo cuya adicción está destruyendo tu relación? ¿Conoces a un sacerdote que está haciendo que su rebaño sufra?
Jesús nos dice qué hacer con todo esto en la lectura del Evangelio de hoy. Debemos darles a los pecadores la oportunidad de ver la verdad hablándoles en privado, compasivamente por supuesto, mientras nos mantenemos firmes en la verdad.
Si eso no funciona, debemos tratar otra vez con un intermediario que comprenda la situación. Debería ser alguien que ame a Dios y a ti y que, también, se interese por el ofensor. Si eso también falla, debemos buscar más ayuda. Dios obra a través de toda la Iglesia y, cuando es necesario, mediante la ayuda de la sociedad civil.
Si el acercamiento personal fracasa, debemos reportar al ofensor a quien pueda detener el abuso, sin importar las consecuencias, porque de lo contrario estamos contribuyendo al pecado. Debemos tratar a estas personas como miembros de la familia de Dios que han dejado el hogar. Esto es lo que significa ser "ex-comulgado". Y si es una situación en la que no podemos hacer que se vayan, nosotros tenemos que irnos. Debemos irnos donde estemos seguros.
Pero recuerda cómo trató Jesús a los gentiles y recaudadores de impuestos: nunca dejó de ocuparse por ellos y, cuando estuvieron listos para escucharlo, cenó con ellos.
Esta escalada de intervención funciona porque no estamos solos en nuestros esfuerzos para detener el pecado. Por esto es que Jesús agrega que debemos orar juntos. Hay un gran poder sobrenatural en las oraciones de los fieles que se unen para detener al mal. Nunca debemos dejar de esperar y orar, nunca dejar de intervenir cuando podemos y nunca debemos tratar de manejarlo nosotros solos.
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© por Terry A. Modica (Por favor, compártelo intacto.)
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Hay una gran fuerza sobrenatural en las oraciones de los fieles que se unen para enfrentar al mal.
Miércoles de la 19na. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de Santa Juana Francisca Chantal, Religiosa
Agosto 12, 2026
Ezequiel 9, 1-7--10, 18-22
Salmo 112, 1-6
Mateo 18, 15-20
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Qué hacer cuando otros se rehúsan a arrepentirse
Ezequiel vivió durante la captura de Israel por parte de los babilonios. Ya que el pueblo se había apartado de su fe, Dios le dio visiones al profeta y lo inspiró a llamar al pueblo al arrepentimiento para que pudieran regresar a casa.
En la visión de la matanza en nuestra primera lectura de hoy, los únicos que se salvaron de la muerte fueron los que odiaron las abominaciones del mal. La destrucción de los impíos comenzó en el santuario, donde la gloria de Dios había morado antes de que el pueblo lo expulsara.
Es igual de cierto que hoy, cuando nuestros santuarios son arrebatados por los clérigos que abusan de su autoridad o cuando los ministros de la parroquia son expulsados por los laicos que causan división y conflictos. Y es igualmente cierto cuando expulsamos a Dios del santuario de nuestro corazón pecando y rebelándonos.
Cuando Dios es expulsado, un pecado venial se convierte en mortal, pero, cuando buscamos sanación a través del Sacramento de la Reconciliación, Dios nos trae de regreso a casa desde el lugar de nuestra esclavitud.
¿Hay personas que están causándote problemas por sus impiedades? ¿Tienes un cónyuge que ha roto el pacto de tus votos matrimoniales? ¿Hay un amigo cuya adicción está destruyendo tu relación? ¿Conoces a un sacerdote que está haciendo que su rebaño sufra?
Jesús nos dice qué hacer con todo esto en la lectura del Evangelio de hoy. Debemos darles a los pecadores la oportunidad de ver la verdad hablándoles en privado, compasivamente por supuesto, mientras nos mantenemos firmes en la verdad.
Si eso no funciona, debemos tratar otra vez con un intermediario que comprenda la situación. Debería ser alguien que ame a Dios y a ti y que, también, se interese por el ofensor. Si eso también falla, debemos buscar más ayuda. Dios obra a través de toda la Iglesia y, cuando es necesario, mediante la ayuda de la sociedad civil.
Si el acercamiento personal fracasa, debemos reportar al ofensor a quien pueda detener el abuso, sin importar las consecuencias, porque de lo contrario estamos contribuyendo al pecado. Debemos tratar a estas personas como miembros de la familia de Dios que han dejado el hogar. Esto es lo que significa ser "ex-comulgado". Y si es una situación en la que no podemos hacer que se vayan, nosotros tenemos que irnos. Debemos irnos donde estemos seguros.
Pero recuerda cómo trató Jesús a los gentiles y recaudadores de impuestos: nunca dejó de ocuparse por ellos y, cuando estuvieron listos para escucharlo, cenó con ellos.
Esta escalada de intervención funciona porque no estamos solos en nuestros esfuerzos para detener el pecado. Por esto es que Jesús agrega que debemos orar juntos. Hay un gran poder sobrenatural en las oraciones de los fieles que se unen para detener al mal. Nunca debemos dejar de esperar y orar, nunca dejar de intervenir cuando podemos y nunca debemos tratar de manejarlo nosotros solos.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Si no puedes perdonarte a ti mismo, no te sentirás seguro perdonando a los demás.
Jueves de la 19na. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de San Ponciano, Papa, y San Hipólito, Presbítero, mártires
Agosto 13, 2026
Ezequiel 12, 1-12
Salmo 78, 56-59.61-62
Mateo 18, 21--19, 1
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/081326.cfm
¿Cuántas veces es setenta veces siete?
Pedro habla por cada uno de nosotros en el pasaje del Evangelio de hoy, cuando dice: "¿Cuántas veces se supone que debo perdonar al tipo que sigue pecando? Después de siete veces, si todavía es un idiota, ¿qué sentido tiene perdonarlo de nuevo?"
"No, no siete veces," Jesús dice: "setenta veces más que eso, lo que, de acuerdo con la calculadora en el escritorio de mi Padre en el cielo, es infinito."
Preferimos perdonar únicamente si las personas "van y no pecan más." Pero estar esperando su arrepentimiento es perjudicial para nosotros. Cuando elegimos orar "Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo", rompemos las cadenas de la ira que nos unen a lo que hicieron. Ya no somos una víctima del incidente que nos hizo daño. Las heridas de nuestro corazón y espíritu son sanadas porque recibimos directamente de Jesús el amor que deberíamos haber recibido de los que pecaron contra nosotros.
El perdón, como el amor, es una decisión, no un sentimiento. Comienza con una oración sincera: "Padre, no quiero perdonarlos, pero yo elijo perdonarlos. Te pido que los perdones también. Y, por favor, perdóname por aferrarme a mis resentimientos, ira o amargura..." Has estado pidiendo esto cada vez que recitas el "Padre Nuestro". Jesús nos enseñó a orar: "Padre, perdónanos como nosotros perdonamos a los demás." No añadió: "A menos que, por supuesto, no quieran dejar de pecar."
¿Quién es la persona en tu vida que es más difícil de perdonar? Lo más probable es que la respuesta sea tú. Si no puedes perdonarte a ti mismo, no te sentirás seguro perdonando a los demás. ¿Con qué facilidad te perdonas a ti mismo? ¿Tan rápido como lo hace Dios? Haz este test para averiguarlo:
¿Me enfado conmigo mismo y me lleva más de un día para sentirme bien conmigo otra vez?
¿Trato de tapar mis errores con mentiras o redirigiendo el enfoque fuera de mí mismo?
¿Me pongo a la defensiva cuando alguien indica que no soy una persona perfectamente buena?
¿Culpo a otros cuando yo soy el responsable?
¿Creo que si la gente llega a conocerme lo suficientemente bien, no les voy a gustar nunca más?
¿Examino mi conciencia sólo en raras ocasiones?
Cuando me doy cuenta que he pecado, ¿dudo de que Dios me perdone?
¿Me está haciendo sentir incómodo este cuestionario?
Si contestaste sí a alguna de estas preguntas, tú no te perdonas a ti mismo tan fácilmente como Dios te perdona. Si ha respondido afirmativamente a la mayoría o a la totalidad de ellas, tienes un gran problema con la autoestima y necesitas asesoramiento espiritual y / o psicológico. ¡Eres un gran candidato para el amor sanador de Dios!
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Jueves de la 19na. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de San Ponciano, Papa, y San Hipólito, Presbítero, mártires
Agosto 13, 2026
Ezequiel 12, 1-12
Salmo 78, 56-59.61-62
Mateo 18, 21--19, 1
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¿Cuántas veces es setenta veces siete?
Pedro habla por cada uno de nosotros en el pasaje del Evangelio de hoy, cuando dice: "¿Cuántas veces se supone que debo perdonar al tipo que sigue pecando? Después de siete veces, si todavía es un idiota, ¿qué sentido tiene perdonarlo de nuevo?"
"No, no siete veces," Jesús dice: "setenta veces más que eso, lo que, de acuerdo con la calculadora en el escritorio de mi Padre en el cielo, es infinito."
Preferimos perdonar únicamente si las personas "van y no pecan más." Pero estar esperando su arrepentimiento es perjudicial para nosotros. Cuando elegimos orar "Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo", rompemos las cadenas de la ira que nos unen a lo que hicieron. Ya no somos una víctima del incidente que nos hizo daño. Las heridas de nuestro corazón y espíritu son sanadas porque recibimos directamente de Jesús el amor que deberíamos haber recibido de los que pecaron contra nosotros.
El perdón, como el amor, es una decisión, no un sentimiento. Comienza con una oración sincera: "Padre, no quiero perdonarlos, pero yo elijo perdonarlos. Te pido que los perdones también. Y, por favor, perdóname por aferrarme a mis resentimientos, ira o amargura..." Has estado pidiendo esto cada vez que recitas el "Padre Nuestro". Jesús nos enseñó a orar: "Padre, perdónanos como nosotros perdonamos a los demás." No añadió: "A menos que, por supuesto, no quieran dejar de pecar."
¿Quién es la persona en tu vida que es más difícil de perdonar? Lo más probable es que la respuesta sea tú. Si no puedes perdonarte a ti mismo, no te sentirás seguro perdonando a los demás. ¿Con qué facilidad te perdonas a ti mismo? ¿Tan rápido como lo hace Dios? Haz este test para averiguarlo:
¿Me enfado conmigo mismo y me lleva más de un día para sentirme bien conmigo otra vez?
¿Trato de tapar mis errores con mentiras o redirigiendo el enfoque fuera de mí mismo?
¿Me pongo a la defensiva cuando alguien indica que no soy una persona perfectamente buena?
¿Culpo a otros cuando yo soy el responsable?
¿Creo que si la gente llega a conocerme lo suficientemente bien, no les voy a gustar nunca más?
¿Examino mi conciencia sólo en raras ocasiones?
Cuando me doy cuenta que he pecado, ¿dudo de que Dios me perdone?
¿Me está haciendo sentir incómodo este cuestionario?
Si contestaste sí a alguna de estas preguntas, tú no te perdonas a ti mismo tan fácilmente como Dios te perdona. Si ha respondido afirmativamente a la mayoría o a la totalidad de ellas, tienes un gran problema con la autoestima y necesitas asesoramiento espiritual y / o psicológico. ¡Eres un gran candidato para el amor sanador de Dios!
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Buenas Nuevas Católicas
¿Cuántas veces es setenta veces siete?
Reflexiona sobre el perdón y la misericordia en tu vida. Si no puedes perdonarte a ti mismo, no te sentirás seguro perdonando a los demás.
