Esta reflexión es de Good News Ministries @ https://buenasnuevascatolicas.org/reflexiones-de-las-buenas-nuevas/2026-02-28
LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Hoy están haciendo este pacto con el Señor: Él será su Dios y ustedes irán por sus caminos. (De Deuteronomio 26, 16-19)
Sábado de la 1ra. Semana de Cuaresma
Febrero 28, 2026
Deuteronomio 26, 16-19
Salmo 119, 1-2.4-5.7-8
Mateo 5, 43-48
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/022826.cfm
¡Guau! ¡Dios quiere glorificarte!
¡Guau! ¡Dios quiere glorificarte! Imagina que Dios Padre está tan complacido contigo que está diciéndole a los ángeles cuán maravilloso eres. ¿Qué está diciendo? ¿Puedes imaginártelo?
La primera lectura de hoy dice: “Hoy están haciendo este acuerdo con el Señor: Él será su Dios y ustedes andarán en sus caminos …”
La parte de Dios en este pacto es: “¡Entonces, yo los levantaré en gloria, renombre y esplendor!”
Nuestra parte del pacto es ser santos. Esto glorifica a Dios. Por tu santidad, estás alabándolo porque estás reconociendo que sus caminos son buenos.
Dios Padre, a su vez, te glorifica y alaba. ¡En serio! Está tan complacido contigo que está diciéndole a los ángeles y Santos en el cielo cuán maravilloso eres.
Cuando pecamos, violamos nuestro pacto. Rompemos nuestra relación con Dios. Es decir, nos corremos nosotros. La promesa siempre está allí porque Dios nunca deja de cumplir su parte del pacto.
Es fácil decir con nuestros labios que los caminos de Dios son buenos, pero cuando nuestras decisiones entran en conflicto con el pacto que Dios ha hecho con nosotros, nos lastimamos: sentimos dolor, agotamiento, preocupación, temor, soledad y falta de amor. Y lastimamos a los demás también.
Los caminos de Dios pueden ser dolorosos (por ejemplo, estoy sufriendo la pérdida inesperada de mi esposo). Sin embargo, debemos recordarnos: “¡Guau! ¡Dios quiere glorificarte!”
En el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús nos dice que amemos a nuestros enemigos. Enemigo es todo aquel que nos es amoroso con nosotros. Duele dar amor cuando no somos amados. Pero esa es una forma diferente de dolor: es el dolor de la Cruz. Es unión con Cristo en la Cruz. En medio de este dolor, el Señor es nuestro Dios, y nuestra relación en el pacto con él se fortalece y bendice. Él nos glorifica.
¿No preferirías sufrir con Jesús y experimentar el gozo de su gloriosa resurrección, en lugar de sufrir por la autodestrucción de alejarte de él? El problema es: nuestra inclinación natural es evitar todo tipo de sufrimiento, y esta es, probablemente la raíz de los pecados de todos los cristianos llenos de fe.
Identifica los pecados con los que estás luchando. Luego pregúntale al Espíritu Santo: “¿De qué estoy tratando de protegerme cuando cometo este pecado?” Por ejemplo, cuando peco contra Dios al no creer en su palabra sobre la respuesta a nuestras oraciones, estoy tratando, instintivamente de protegerme contra la decepción. Una vez que sacamos a la luz las mentiras que interfieren con nuestra confianza en Dios, la santidad se torna mucho más fácil. ¡Guau! ¡Dios quiere glorificarte!
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© Terry A. Modica (Por favor, compártelo intacto.)
LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Hoy están haciendo este pacto con el Señor: Él será su Dios y ustedes irán por sus caminos. (De Deuteronomio 26, 16-19)
Sábado de la 1ra. Semana de Cuaresma
Febrero 28, 2026
Deuteronomio 26, 16-19
Salmo 119, 1-2.4-5.7-8
Mateo 5, 43-48
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/022826.cfm
¡Guau! ¡Dios quiere glorificarte!
¡Guau! ¡Dios quiere glorificarte! Imagina que Dios Padre está tan complacido contigo que está diciéndole a los ángeles cuán maravilloso eres. ¿Qué está diciendo? ¿Puedes imaginártelo?
La primera lectura de hoy dice: “Hoy están haciendo este acuerdo con el Señor: Él será su Dios y ustedes andarán en sus caminos …”
La parte de Dios en este pacto es: “¡Entonces, yo los levantaré en gloria, renombre y esplendor!”
Nuestra parte del pacto es ser santos. Esto glorifica a Dios. Por tu santidad, estás alabándolo porque estás reconociendo que sus caminos son buenos.
Dios Padre, a su vez, te glorifica y alaba. ¡En serio! Está tan complacido contigo que está diciéndole a los ángeles y Santos en el cielo cuán maravilloso eres.
Cuando pecamos, violamos nuestro pacto. Rompemos nuestra relación con Dios. Es decir, nos corremos nosotros. La promesa siempre está allí porque Dios nunca deja de cumplir su parte del pacto.
Es fácil decir con nuestros labios que los caminos de Dios son buenos, pero cuando nuestras decisiones entran en conflicto con el pacto que Dios ha hecho con nosotros, nos lastimamos: sentimos dolor, agotamiento, preocupación, temor, soledad y falta de amor. Y lastimamos a los demás también.
Los caminos de Dios pueden ser dolorosos (por ejemplo, estoy sufriendo la pérdida inesperada de mi esposo). Sin embargo, debemos recordarnos: “¡Guau! ¡Dios quiere glorificarte!”
En el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús nos dice que amemos a nuestros enemigos. Enemigo es todo aquel que nos es amoroso con nosotros. Duele dar amor cuando no somos amados. Pero esa es una forma diferente de dolor: es el dolor de la Cruz. Es unión con Cristo en la Cruz. En medio de este dolor, el Señor es nuestro Dios, y nuestra relación en el pacto con él se fortalece y bendice. Él nos glorifica.
¿No preferirías sufrir con Jesús y experimentar el gozo de su gloriosa resurrección, en lugar de sufrir por la autodestrucción de alejarte de él? El problema es: nuestra inclinación natural es evitar todo tipo de sufrimiento, y esta es, probablemente la raíz de los pecados de todos los cristianos llenos de fe.
Identifica los pecados con los que estás luchando. Luego pregúntale al Espíritu Santo: “¿De qué estoy tratando de protegerme cuando cometo este pecado?” Por ejemplo, cuando peco contra Dios al no creer en su palabra sobre la respuesta a nuestras oraciones, estoy tratando, instintivamente de protegerme contra la decepción. Una vez que sacamos a la luz las mentiras que interfieren con nuestra confianza en Dios, la santidad se torna mucho más fácil. ¡Guau! ¡Dios quiere glorificarte!
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Buenas Nuevas Católicas
¡Guau! ¡Dios quiere glorificarte!
Una vez que sacamos a la luz las mentiras que interfieren con nuestra confianza en Dios, la santidad se torna más fácil.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Disfrutamos de la vida mucho más, cuando vivimos según nuestra verdadera identidad.
2do. Domingo de Cuaresma
Marzo 1, 2026
Génesis 12, 1-4a
Salmo 33 (32), 4-5.18-20.22
2 Timoteo 1, 8b-10
Mateo 17, 1-9
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/030126.cfm
La Transfiguración para tu vida de hoy
En la cima del Monte Tabor, la luz pura de Cristo fue revelada, como vemos en esta lectura del Evangelio. El Padre dijo: "Este es mi hijo amado; escúchenlo."
La Transfiguración se repite cada vez que lo escuchamos y permitimos que nuestra fe sea iluminada hoy más que ayer. ¡Ahora somos nosotros lo que somos transfigurados! Asumimos nuestra verdadera identidad. ¿Cuál es nuestra verdadera identidad? Es nuestro ser más íntimo, que fue creado a imagen de Dios y bautizado a semejanza de Dios.
Disfrutamos de la vida mucho más cuando vivimos según nuestra verdadera identidad. Por ejemplo, ¿cómo te sientes cuando estás impaciente? No tan bien, ¿verdad? Eso es porque Dios es paciente (fíjate en 1 Corintios 13, 4-7 para ver la descripción de su verdadera identidad y la tuya) y, cuando somos pacientes, estamos mucho más felices.
Durante la Cuaresma, examinando humildemente qué tan parecidos somos a Cristo y arrepintiéndonos de nuestros pecados, dejamos que su luz consuma las tinieblas dentro de nosotros.
Jesús dejó su experiencia de la cima de la montaña para cumplir con su llamado. Al igual que Cristo, también dejamos nuestras cimas para hacer lo que Dios nos ha dotado para hacer. Aunque hay, como lo señala la lectura de Timoteo, dificultades para vivir una vida Santa, podemos ser consolados por el hecho de que después de cada Calvario siempre hay una Pascua. Contamos con "la fuerza que viene de Dios".
Escucha. ¿Puedes oír lo que Dios está diciendo sobre ti? Son las mismas palabras que dijo sobre Jesús en el Monte Tabor: "Este es mi hijo amado; escúchenlo." ¿Qué estás diciendo como socio de Cristo en el Ministerio?
Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Qué está sucediendo en tu vida que te gustaría que Jesús transfigurara? ¿Qué harás esta semana para exponerlo a la luz sanadora de Jesús?
Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
1. Al leer el pasaje de Génesis, ¿cómo se siente al pensar que otros podrían "encontrar una bendición en ti"? ¿Cómo bendecirá a otros Jesús, a través de ti?
2. Timoteo nos recuerda nuestra santidad. Recuerda el momento cuando fuiste iluminado por una nueva comprensión de la fe. ¿Cómo cambió tu comportamiento?
3. En la historia del Evangelio, como el Padre estaba tan contento con su hijo, lo afirmó en público. ¿Cómo sabes cuando el Padre está complacido contigo?
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Disfrutamos de la vida mucho más, cuando vivimos según nuestra verdadera identidad.
2do. Domingo de Cuaresma
Marzo 1, 2026
Génesis 12, 1-4a
Salmo 33 (32), 4-5.18-20.22
2 Timoteo 1, 8b-10
Mateo 17, 1-9
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La Transfiguración para tu vida de hoy
En la cima del Monte Tabor, la luz pura de Cristo fue revelada, como vemos en esta lectura del Evangelio. El Padre dijo: "Este es mi hijo amado; escúchenlo."
La Transfiguración se repite cada vez que lo escuchamos y permitimos que nuestra fe sea iluminada hoy más que ayer. ¡Ahora somos nosotros lo que somos transfigurados! Asumimos nuestra verdadera identidad. ¿Cuál es nuestra verdadera identidad? Es nuestro ser más íntimo, que fue creado a imagen de Dios y bautizado a semejanza de Dios.
Disfrutamos de la vida mucho más cuando vivimos según nuestra verdadera identidad. Por ejemplo, ¿cómo te sientes cuando estás impaciente? No tan bien, ¿verdad? Eso es porque Dios es paciente (fíjate en 1 Corintios 13, 4-7 para ver la descripción de su verdadera identidad y la tuya) y, cuando somos pacientes, estamos mucho más felices.
Durante la Cuaresma, examinando humildemente qué tan parecidos somos a Cristo y arrepintiéndonos de nuestros pecados, dejamos que su luz consuma las tinieblas dentro de nosotros.
Jesús dejó su experiencia de la cima de la montaña para cumplir con su llamado. Al igual que Cristo, también dejamos nuestras cimas para hacer lo que Dios nos ha dotado para hacer. Aunque hay, como lo señala la lectura de Timoteo, dificultades para vivir una vida Santa, podemos ser consolados por el hecho de que después de cada Calvario siempre hay una Pascua. Contamos con "la fuerza que viene de Dios".
Escucha. ¿Puedes oír lo que Dios está diciendo sobre ti? Son las mismas palabras que dijo sobre Jesús en el Monte Tabor: "Este es mi hijo amado; escúchenlo." ¿Qué estás diciendo como socio de Cristo en el Ministerio?
Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Qué está sucediendo en tu vida que te gustaría que Jesús transfigurara? ¿Qué harás esta semana para exponerlo a la luz sanadora de Jesús?
Preguntas para Compartir la Fe en Comunidad:
1. Al leer el pasaje de Génesis, ¿cómo se siente al pensar que otros podrían "encontrar una bendición en ti"? ¿Cómo bendecirá a otros Jesús, a través de ti?
2. Timoteo nos recuerda nuestra santidad. Recuerda el momento cuando fuiste iluminado por una nueva comprensión de la fe. ¿Cómo cambió tu comportamiento?
3. En la historia del Evangelio, como el Padre estaba tan contento con su hijo, lo afirmó en público. ¿Cómo sabes cuando el Padre está complacido contigo?
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Tener misericordia significa que, mientras esperamos que los demás se arrepientan, no los juzgamos como indignos de nuestro amor.
Lunes de la 2da. Semana de Cuaresma
Marzo 2, 2026
Daniel 9, 4-10
Salmo 78, 8.9.11.13
Lucas 6, 36-38
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/030226.cfm
El verdadero significado de la misericordia
¿Por qué ser misericordioso con alguien que no se lo merece? Porque no merecemos misericordia nosotros mismos. Dios es misericordioso con nosotros, a pesar de nuestra indignidad. Podemos hacer lo mismo por otros, con la ayuda de Dios.
El Salmo 79 habla por nosotros, ya que ruega a Dios: "¡Por favor, no recuerdes los pecados de mi pasado! Necesito tu compasión--- ¡Y rápidamente!"
Como lo señala la primera lectura de hoy, sólo Dios es capaz de guardar el pacto. Nosotros rompemos el pacto repetidamente - hacemos algo sin amor y rompemos nuestra relación con él a diario - y sin embargo él está constantemente disponible para nosotros, sin alejarse nunca de nosotros, siempre esperándonos para enfrentar nuestro quebranto y renovar nuestra amistad con él. ¡Eso es misericordia!
Y porque Dios nos da su misericordia, debemos ser misericordiosos con los demás, dice Jesús en la lectura del Evangelio. En el momento en que nos negamos a darle misericordia a alguien (piensa en la persona más difícil de amar), nos alejamos de él nuevamente. Y nuevamente él espera que regresemos a él de todo corazón.
Dar misericordia no significa perdonar los pecados de otros, ni ignorarlos, ni permitirles continuar. La misericordia significa que mientras esperamos que los demás se arrepientan, no los juzgamos como indignos de nuestro amor. Dios, que es tan grande e increíble, nunca cree que no seamos merecedores de una relación con él, ¡sin importar cuán pésimos e impíos somos! Él nunca se aleja de nosotros, a pesar de que nos alejamos de él. Este es el mismo amor que debemos dar a los demás.
La misericordia también significa que mientras esperamos, tenemos esperanza, oramos y, si podemos, levantamos la voz para lo que sea necesario para construir una relación santa. Durante un tiempo, la relación podría dejar de existir, pero esa no es nuestra preferencia. Si hemos contribuido a la ruptura (por ejemplo, hemos tomado represalias contra las malas acciones con nuestras propias reacciones pecaminosas), tenemos que buscar el perdón y la reconciliación, haciendo todo lo que podamos para restaurar lo que se ha perdido, pero si la reconciliación no es igual y recíproca, seguimos esperando en ruptura y separación.
Y la misericordia da un paso más. Cuando los pecadores se arrepienten, Dios "olvida" los pecados. ¿Cómo puede él olvidar? ¿No lo sabe todo? ¿Tenemos mejor memoria que él? Por supuesto que no. Olvidar simplemente significa que él no conserva el pasado en contra de nosotros, y del mismo modo que no debemos condenar a los demás por lo que hicieron en el pasado y podrían hacerlo de nuevo.
Oh, esto no quiere decir que ignoramos la posibilidad de ser heridos de nuevo. Más bien significa que, con sabiduría obtenida del pasado, le damos al pecador arrepentido la oportunidad de actuar sobre los cambios que él o ella quieran hacer, y al mismo tiempo hacemos ajustes en nuestras vidas para protegernos de las vulnerabilidades particulares de esa persona hacia el pecado. Nos mantenemos fuera de peligro mientras le damos a la otra persona espacio para crecer.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Tener misericordia significa que, mientras esperamos que los demás se arrepientan, no los juzgamos como indignos de nuestro amor.
Lunes de la 2da. Semana de Cuaresma
Marzo 2, 2026
Daniel 9, 4-10
Salmo 78, 8.9.11.13
Lucas 6, 36-38
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El verdadero significado de la misericordia
¿Por qué ser misericordioso con alguien que no se lo merece? Porque no merecemos misericordia nosotros mismos. Dios es misericordioso con nosotros, a pesar de nuestra indignidad. Podemos hacer lo mismo por otros, con la ayuda de Dios.
El Salmo 79 habla por nosotros, ya que ruega a Dios: "¡Por favor, no recuerdes los pecados de mi pasado! Necesito tu compasión--- ¡Y rápidamente!"
Como lo señala la primera lectura de hoy, sólo Dios es capaz de guardar el pacto. Nosotros rompemos el pacto repetidamente - hacemos algo sin amor y rompemos nuestra relación con él a diario - y sin embargo él está constantemente disponible para nosotros, sin alejarse nunca de nosotros, siempre esperándonos para enfrentar nuestro quebranto y renovar nuestra amistad con él. ¡Eso es misericordia!
Y porque Dios nos da su misericordia, debemos ser misericordiosos con los demás, dice Jesús en la lectura del Evangelio. En el momento en que nos negamos a darle misericordia a alguien (piensa en la persona más difícil de amar), nos alejamos de él nuevamente. Y nuevamente él espera que regresemos a él de todo corazón.
Dar misericordia no significa perdonar los pecados de otros, ni ignorarlos, ni permitirles continuar. La misericordia significa que mientras esperamos que los demás se arrepientan, no los juzgamos como indignos de nuestro amor. Dios, que es tan grande e increíble, nunca cree que no seamos merecedores de una relación con él, ¡sin importar cuán pésimos e impíos somos! Él nunca se aleja de nosotros, a pesar de que nos alejamos de él. Este es el mismo amor que debemos dar a los demás.
La misericordia también significa que mientras esperamos, tenemos esperanza, oramos y, si podemos, levantamos la voz para lo que sea necesario para construir una relación santa. Durante un tiempo, la relación podría dejar de existir, pero esa no es nuestra preferencia. Si hemos contribuido a la ruptura (por ejemplo, hemos tomado represalias contra las malas acciones con nuestras propias reacciones pecaminosas), tenemos que buscar el perdón y la reconciliación, haciendo todo lo que podamos para restaurar lo que se ha perdido, pero si la reconciliación no es igual y recíproca, seguimos esperando en ruptura y separación.
Y la misericordia da un paso más. Cuando los pecadores se arrepienten, Dios "olvida" los pecados. ¿Cómo puede él olvidar? ¿No lo sabe todo? ¿Tenemos mejor memoria que él? Por supuesto que no. Olvidar simplemente significa que él no conserva el pasado en contra de nosotros, y del mismo modo que no debemos condenar a los demás por lo que hicieron en el pasado y podrían hacerlo de nuevo.
Oh, esto no quiere decir que ignoramos la posibilidad de ser heridos de nuevo. Más bien significa que, con sabiduría obtenida del pasado, le damos al pecador arrepentido la oportunidad de actuar sobre los cambios que él o ella quieran hacer, y al mismo tiempo hacemos ajustes en nuestras vidas para protegernos de las vulnerabilidades particulares de esa persona hacia el pecado. Nos mantenemos fuera de peligro mientras le damos a la otra persona espacio para crecer.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: ¡Dios incrementará nuestra santidad cada vez que admitamos que hemos pecado y que confiemos en el poder de sus Santos Sacramentos!
Martes de la 2da. Semana de Cuaresma
Memorial de Santa Catalina Drexel, religiosa
Marzo 3, 2026
Isaías 1, 10.16-20
Salmo 49, 8-9.16-17.21.23
Mateo 23, 1-12
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/030326.cfm
La santidad no es sólo para Santos canonizados
¿Eres Santo? No te sonrojes y te atragantes diciendo, "¡Nooo, no soy santo!" Bueno, ¿no crees (así como lo profesamos en el Credo) en la Santa Iglesia Católica? ¿No eres parte de esta Iglesia? ¿No recibiste al Espíritu Santo en el bautismo?
Somos santos. Hemos sido santificados en nuestro bautismo. Sin embargo, no estamos convencidos de que sea bueno ser santos, y por eso hacemos cosas que no van con nuestra naturaleza bautismal. Toma toda una vida aprender cómo aplicar nuestra naturaleza santa a todas las situaciones diarias que nos tientan a no ser santos. Debemos trabajar duro para motivarnos a nosotros mismos para actuar conforme la santidad que está en nosotros.
Para resistir al pecado, tenemos que aprender a controlar nuestros pensamientos, alimentar nuestra alma y disciplinar nuestra naturaleza carnal, para que nos fortalezcamos contra lo que nos hace vulnerables al pecado.
Nuestras mentes se desvían hacia el mal con menos frecuencia cuando pasamos más tiempo orando y meditando en la Palabra de Dios, el Amor de Dios, la voluntad de Dios y todo lo que es Divino. Las pasiones espirituales de nuestras almas se vuelven menos egoístas cuando nos preocupamos por los demás. Aprendemos a superar nuestros apetitos irregulares (los pecaminosos deseos de la carne) cuando disciplinamos nuestros cuerpos por medio del ayuno, abstinencia y penitencia.
En la primera lectura de hoy, Dios nos suplica: "¡Lávense y purifíquense! Aparten de mi vista sus malas acciones; dejen de hacer el mal; aprendan a hacer el bien." Nosotros queremos vivir de esta manera, pero seguramente no es fácil. Necesitamos ayuda sobrenatural. Necesitamos gracias especiales. ¡Alaben al Señor, esto es exactamente lo que ofrece el Sacramento de la Reconciliación! Porque es un Sacramento, es un encuentro con lo sobrenatural.
Dios nos quiere facilitar el alejar las malas acciones y que usemos el don de santidad que nos ha dado. Y él nunca pide imposibles. Él es el único que hace posible la vida en santidad. Nos corresponde a nosotros aprovechar esta ayuda.
"Vengan, pues, y discutamos, dice el Señor: Aunque sus pecados sean rojos como la sangre, quedarán blancos como la nieve...."
Y Jesús nos dice en la lectura del Evangelio de hoy, "El que se humilla será exaltado." La palabra "exaltar" significa "realzar la actividad de" o "intensificar". ¡Dios va realzar e intensificar nuestra santidad cuando admitamos que hemos pecado y nos apoyemos en el poder de sus santos sacramentos!
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: ¡Dios incrementará nuestra santidad cada vez que admitamos que hemos pecado y que confiemos en el poder de sus Santos Sacramentos!
Martes de la 2da. Semana de Cuaresma
Memorial de Santa Catalina Drexel, religiosa
Marzo 3, 2026
Isaías 1, 10.16-20
Salmo 49, 8-9.16-17.21.23
Mateo 23, 1-12
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La santidad no es sólo para Santos canonizados
¿Eres Santo? No te sonrojes y te atragantes diciendo, "¡Nooo, no soy santo!" Bueno, ¿no crees (así como lo profesamos en el Credo) en la Santa Iglesia Católica? ¿No eres parte de esta Iglesia? ¿No recibiste al Espíritu Santo en el bautismo?
Somos santos. Hemos sido santificados en nuestro bautismo. Sin embargo, no estamos convencidos de que sea bueno ser santos, y por eso hacemos cosas que no van con nuestra naturaleza bautismal. Toma toda una vida aprender cómo aplicar nuestra naturaleza santa a todas las situaciones diarias que nos tientan a no ser santos. Debemos trabajar duro para motivarnos a nosotros mismos para actuar conforme la santidad que está en nosotros.
Para resistir al pecado, tenemos que aprender a controlar nuestros pensamientos, alimentar nuestra alma y disciplinar nuestra naturaleza carnal, para que nos fortalezcamos contra lo que nos hace vulnerables al pecado.
Nuestras mentes se desvían hacia el mal con menos frecuencia cuando pasamos más tiempo orando y meditando en la Palabra de Dios, el Amor de Dios, la voluntad de Dios y todo lo que es Divino. Las pasiones espirituales de nuestras almas se vuelven menos egoístas cuando nos preocupamos por los demás. Aprendemos a superar nuestros apetitos irregulares (los pecaminosos deseos de la carne) cuando disciplinamos nuestros cuerpos por medio del ayuno, abstinencia y penitencia.
En la primera lectura de hoy, Dios nos suplica: "¡Lávense y purifíquense! Aparten de mi vista sus malas acciones; dejen de hacer el mal; aprendan a hacer el bien." Nosotros queremos vivir de esta manera, pero seguramente no es fácil. Necesitamos ayuda sobrenatural. Necesitamos gracias especiales. ¡Alaben al Señor, esto es exactamente lo que ofrece el Sacramento de la Reconciliación! Porque es un Sacramento, es un encuentro con lo sobrenatural.
Dios nos quiere facilitar el alejar las malas acciones y que usemos el don de santidad que nos ha dado. Y él nunca pide imposibles. Él es el único que hace posible la vida en santidad. Nos corresponde a nosotros aprovechar esta ayuda.
"Vengan, pues, y discutamos, dice el Señor: Aunque sus pecados sean rojos como la sangre, quedarán blancos como la nieve...."
Y Jesús nos dice en la lectura del Evangelio de hoy, "El que se humilla será exaltado." La palabra "exaltar" significa "realzar la actividad de" o "intensificar". ¡Dios va realzar e intensificar nuestra santidad cuando admitamos que hemos pecado y nos apoyemos en el poder de sus santos sacramentos!
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: No podemos crecer espiritualmente a menos que pongamos nuestra fe en acción, imitando a Jesús todo el trayecto, hasta donde realmente importa.
Miércoles de la 2da. Semana de Cuaresma
Memorial de San Casimiro
Marzo 4, 2026
Jeremías 18, 18-20
Salmo 30, 5-6.14-16
Mateo 20, 17-28
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Dando tu vida en rescate
¿Quieres ser como Jesús? ¡¿¿De verdad??!
Muchos de nosotros somos como los hijos de Zebedeo del pasaje del Evangelio de hoy. Pensamos que queremos seguir a Cristo (pensamos que deseamos beber del mismo cáliz que él), especialmente en los momentos en que nos sentimos emocionados acerca de nuestra fe, a causa de una estupenda liturgia, o de una misión parroquial inspiradora, o de una experiencia de oración increíble durante la Adoración del Santísimo Sacramento.
Jesús nos invita a tomar su cáliz y a beber de él y nosotros decimos sí, por supuesto, queremos todo lo que él ofrece. ¡Pero, luego, tiramos su copa porque sabe tan amarga!
Es muy desagradable servir a "las necesidades de todos" como nos dice Jesús que debemos hacer. Aspirar a la grandeza en la vida espiritual, significa imitar a Jesús en todo el camino a la cruz, hasta dar nuestras vidas como rescate por los demás, abandonar totalmente nuestras zonas de confort y acoger las zonas de malestar que nos son impuestas, dejar de lado nuestros propios intereses en beneficio de los afligidos.
Preferimos la mediocridad, acomodándonos a una vida espiritual menos demandante. Nos colocamos a nosotros mismos en el centro de nuestra fe, no a la cruz de Cristo.
Jesús es el rescate, el sacrificio, el Salvador y Redentor. Por esta razón, tú y yo hemos sido rescatados del tormento de estar alejados de Dios. Pero hay mucho más en nuestra salvación que esto. No podemos crecer espiritualmente a menos que pongamos nuestra fe en acción, y eso significa imitar a Jesús todo el camino hacia donde de verdad importa, que es la cruz. Es ahí donde nuestro amor por Dios se pone a prueba y madura. Es ahí donde nuestro amor por los demás hace la gran diferencia.
El profeta del Antiguo Testamento, Jeremías, experimentó este tipo de sufrimiento. Como observamos en la primera lectura de hoy, a él lo odiaron por decir la verdad, pero el continuó con su ministerio, porque le importaban los Israelitas extraviados.
Cuando otros pecan en contra nuestra, si los perdonamos, nos colgamos en la cruz con Jesús, diciendo con él, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." Este amor no merecido, es como ponemos nuestras vidas para el rescate de otros. Los perdonamos (dejamos ir el rencor y le pedimos a Dios que los bendiga) sin importar si nos empiezan a tratar bien o no, aun si no podemos permanecer en la vida de esa persona.
Los perdonamos, no porque obtendremos una respuesta amorosa y saludable que nos hará ser felices (que con frecuencia no sucede), sino porque queremos seguir a Jesús. Queremos la santidad.
Cuando oramos el "Padrenuestro", le pedimos a Dios que nos perdone, así como perdonamos a los demás. Eso nos une al "contrato" del amor. Dios nos va a perdonar, tanto como nosotros perdonamos a los demás. Aun así, no perdonamos a los demás para hacer que Dios nos perdone a nosotros; perdonamos porque queremos ser como Jesús.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: No podemos crecer espiritualmente a menos que pongamos nuestra fe en acción, imitando a Jesús todo el trayecto, hasta donde realmente importa.
Miércoles de la 2da. Semana de Cuaresma
Memorial de San Casimiro
Marzo 4, 2026
Jeremías 18, 18-20
Salmo 30, 5-6.14-16
Mateo 20, 17-28
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/030426.cfm
Dando tu vida en rescate
¿Quieres ser como Jesús? ¡¿¿De verdad??!
Muchos de nosotros somos como los hijos de Zebedeo del pasaje del Evangelio de hoy. Pensamos que queremos seguir a Cristo (pensamos que deseamos beber del mismo cáliz que él), especialmente en los momentos en que nos sentimos emocionados acerca de nuestra fe, a causa de una estupenda liturgia, o de una misión parroquial inspiradora, o de una experiencia de oración increíble durante la Adoración del Santísimo Sacramento.
Jesús nos invita a tomar su cáliz y a beber de él y nosotros decimos sí, por supuesto, queremos todo lo que él ofrece. ¡Pero, luego, tiramos su copa porque sabe tan amarga!
Es muy desagradable servir a "las necesidades de todos" como nos dice Jesús que debemos hacer. Aspirar a la grandeza en la vida espiritual, significa imitar a Jesús en todo el camino a la cruz, hasta dar nuestras vidas como rescate por los demás, abandonar totalmente nuestras zonas de confort y acoger las zonas de malestar que nos son impuestas, dejar de lado nuestros propios intereses en beneficio de los afligidos.
Preferimos la mediocridad, acomodándonos a una vida espiritual menos demandante. Nos colocamos a nosotros mismos en el centro de nuestra fe, no a la cruz de Cristo.
Jesús es el rescate, el sacrificio, el Salvador y Redentor. Por esta razón, tú y yo hemos sido rescatados del tormento de estar alejados de Dios. Pero hay mucho más en nuestra salvación que esto. No podemos crecer espiritualmente a menos que pongamos nuestra fe en acción, y eso significa imitar a Jesús todo el camino hacia donde de verdad importa, que es la cruz. Es ahí donde nuestro amor por Dios se pone a prueba y madura. Es ahí donde nuestro amor por los demás hace la gran diferencia.
El profeta del Antiguo Testamento, Jeremías, experimentó este tipo de sufrimiento. Como observamos en la primera lectura de hoy, a él lo odiaron por decir la verdad, pero el continuó con su ministerio, porque le importaban los Israelitas extraviados.
Cuando otros pecan en contra nuestra, si los perdonamos, nos colgamos en la cruz con Jesús, diciendo con él, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." Este amor no merecido, es como ponemos nuestras vidas para el rescate de otros. Los perdonamos (dejamos ir el rencor y le pedimos a Dios que los bendiga) sin importar si nos empiezan a tratar bien o no, aun si no podemos permanecer en la vida de esa persona.
Los perdonamos, no porque obtendremos una respuesta amorosa y saludable que nos hará ser felices (que con frecuencia no sucede), sino porque queremos seguir a Jesús. Queremos la santidad.
Cuando oramos el "Padrenuestro", le pedimos a Dios que nos perdone, así como perdonamos a los demás. Eso nos une al "contrato" del amor. Dios nos va a perdonar, tanto como nosotros perdonamos a los demás. Aun así, no perdonamos a los demás para hacer que Dios nos perdone a nosotros; perdonamos porque queremos ser como Jesús.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE HOY: Tener fe en Jesús significa que nosotros, también, podemos experimentar gozo aún mientras sufrimos y lloramos.
Viernes de la 2da. Semana de Cuaresma
Marzo 6, 2026
Génesis 37, 3-4.12-13.17b-28a
Salmo 104, 16-21 (con 5a)
Mateo 21, 33-43.45-46
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/030626.cfm
Cuando las cosas están mal, Dios hace el bien
Piensa en la peor cosa que está sucediendo en tu vida justo ahora. ¿Qué tan malo parece? ¿No tiene esperanza? ¿Cuán frustrado te sientes? ¿Cuán triste? Bien, piensa en las dos peores cosas (siempre tenemos tanto de qué quejarnos, ¿no?)
En la primera lectura de hoy, las cosas aparentaban muy mal para José. Sus hermanos lo habían acorralado y tirado a una cisterna para poder matarlo. Incluso cuando cambiaron de idea y lo vendieron a los Ismaelitas (una tribu rival), debe haber estado seguro que su vida se había acabado aunque no muriera.
Puedes imaginarte cómo se sentía. Tú y yo hemos tenido los mismos sentimientos.
José no sabía que Dios iba a transformar su terrible calvario en una gran bendición. No podía ver el plan que incluía ser un redentor para su gente. (Años más tarde, durante una sequía severa, José salvaría a Egipto y a su propia tribu Judía de la hambruna).
Tú también puedes imaginarte cómo debe haberse sentido Jesús en la historia del Evangelio de hoy. Sabía que estaba hablando de sí mismo en la parábola. ¿Cómo se sintió al estar rodeado de fariseos que querían deshacerse de él?
Si José hubiera conocido su futuro, si hubieran podido prever cómo Dios cambiaría sus circunstancias aterradoras en una gran bendición, probablemente hubiera sentido alivio y gozo simultáneamente. Jesús conocía su futuro y mientras agonizaba en el Jardín de Getsemaní el Viernes Santo, también entendía el gozo que llegaría el Domingo.
Tener fe en Jesús significa que, nosotros también, podemos experimentar gozo mientras sufrimos y lloramos.
No podemos estar seguros de qué nos deparará el futuro, pero sí sabemos Quién es el dueño del futuro. Eso es todo lo que realmente necesitamos saber (aunque, seguramente, queremos saber más).
No necesitamos prever el futuro. Ni siquiera necesitamos ver el próximo paso en el camino frente a nosotros.
Agarrándonos fuerte de la mano de Dios, dejando que él nos guíe mientras recordamos que siempre está armando un plan para nuestro bien (ver Jeremías 29, 11 y Romanos 8, 28) y que, entonces, podemos y debemos confiar en su cuidado, nosotros también podemos tener esperanza y gozo aún mientras sufrimos en nuestra angustia.
El gozo lleno de fe no espera a que nuestros sufrimientos terminen. Cuanto más fuerte es nuestra fe, más gozo podemos sentir, aún en medio de los peores momentos. No es una felicidad superflua; el gozo es una satisfacción pacífica de que Dios es bueno.
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Viernes de la 2da. Semana de Cuaresma
Marzo 6, 2026
Génesis 37, 3-4.12-13.17b-28a
Salmo 104, 16-21 (con 5a)
Mateo 21, 33-43.45-46
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Cuando las cosas están mal, Dios hace el bien
Piensa en la peor cosa que está sucediendo en tu vida justo ahora. ¿Qué tan malo parece? ¿No tiene esperanza? ¿Cuán frustrado te sientes? ¿Cuán triste? Bien, piensa en las dos peores cosas (siempre tenemos tanto de qué quejarnos, ¿no?)
En la primera lectura de hoy, las cosas aparentaban muy mal para José. Sus hermanos lo habían acorralado y tirado a una cisterna para poder matarlo. Incluso cuando cambiaron de idea y lo vendieron a los Ismaelitas (una tribu rival), debe haber estado seguro que su vida se había acabado aunque no muriera.
Puedes imaginarte cómo se sentía. Tú y yo hemos tenido los mismos sentimientos.
José no sabía que Dios iba a transformar su terrible calvario en una gran bendición. No podía ver el plan que incluía ser un redentor para su gente. (Años más tarde, durante una sequía severa, José salvaría a Egipto y a su propia tribu Judía de la hambruna).
Tú también puedes imaginarte cómo debe haberse sentido Jesús en la historia del Evangelio de hoy. Sabía que estaba hablando de sí mismo en la parábola. ¿Cómo se sintió al estar rodeado de fariseos que querían deshacerse de él?
Si José hubiera conocido su futuro, si hubieran podido prever cómo Dios cambiaría sus circunstancias aterradoras en una gran bendición, probablemente hubiera sentido alivio y gozo simultáneamente. Jesús conocía su futuro y mientras agonizaba en el Jardín de Getsemaní el Viernes Santo, también entendía el gozo que llegaría el Domingo.
Tener fe en Jesús significa que, nosotros también, podemos experimentar gozo mientras sufrimos y lloramos.
No podemos estar seguros de qué nos deparará el futuro, pero sí sabemos Quién es el dueño del futuro. Eso es todo lo que realmente necesitamos saber (aunque, seguramente, queremos saber más).
No necesitamos prever el futuro. Ni siquiera necesitamos ver el próximo paso en el camino frente a nosotros.
Agarrándonos fuerte de la mano de Dios, dejando que él nos guíe mientras recordamos que siempre está armando un plan para nuestro bien (ver Jeremías 29, 11 y Romanos 8, 28) y que, entonces, podemos y debemos confiar en su cuidado, nosotros también podemos tener esperanza y gozo aún mientras sufrimos en nuestra angustia.
El gozo lleno de fe no espera a que nuestros sufrimientos terminen. Cuanto más fuerte es nuestra fe, más gozo podemos sentir, aún en medio de los peores momentos. No es una felicidad superflua; el gozo es una satisfacción pacífica de que Dios es bueno.
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