¿Qué nos impide conocer la voluntad de Dios?

Voluntad de Dios

[ PROFUNDIZA TU FE ]

 

ministry of laityHe aquí las 10 formas más comunes con que nos bloqueamos para conocer cuál es la voluntad de Dios para nuestro llamado y otros consejos que él quiere darnos.

1. Resentimiento:

A veces nos enojamos porque Dios no hace las cosas de nuestra forma. El resentimiento ensordece nuestros oídos a la voz de Dios. Pero Dios no es un genio que cumple nuestros deseos con sólo frotar una lámpara. Él es un compañero en nuestras vidas, incluso hasta el más mínimo detalle.

2. Orar erróneamente:

La mayoría de nosotros oramos con la esperanza de cambiar a Dios. El hecho es que Dios es inmutable e inalterable. Nos cambiamos a nosotros mismos cuando oramos. La oración alinea nuestro pensamiento con el de Dios, y nos permite, junto con todas las multitudes del cielo y el infierno, saber que hemos alineado nuestro pensamiento con el de Dios.

3. Idolatría:

Sólo Dios sabe y entiende todos los hechos involucrados en nuestras situaciones y búsqueda de ministerio. Si pensamos que sabemos más que Él, nos estamos adorando a nosotros mismos, creyendo que somos dioses más grandes que el mismo Dios.

4. Razonamiento Humano:

Nuestros deseos, percepciones e ideas nos hablan de lo que creemos que debería ser la respuesta de Dios. Nos encontramos con todos los pros y contras de una decisión y, aunque Dios pueda usarlos para ayudarnos a llegar a la decisión correcta, no debemos permitir que controlen nuestro proceso de toma de decisiones. La lista de los pros y contras, debería glorificar a Dios, en lugar de a la sabiduría del mundo. Además, la lista no es la respuesta a la oración; es una oportunidad para aumentar la oración.

5. Opiniones de los demás:

El razonamiento humano, a menudo, nos habla a través de amigos y familiares bien intencionados. Una de las peores formas de tratar de escuchar a Dios es solicitando las opiniones de los que no han orado la respuesta. Sin embargo, esto es a lo que más a menudo recurrimos. Es un hábito al que fácilmente sucumbimos y es difícil de romper. Buscamos el consejo de las personas que conocemos y nos encontramos con muchas opiniones diferentes, provocando más confusión de la que teníamos al principio. Podría ser que ninguno de ellos nos haya dado la respuesta de Dios. Es mejor pasar la misma cantidad de tiempo en oración a solas con Dios, confiando en las palabras de sólo aquellos que realmente confían en Dios y buscan Su voluntad para sus propias vidas.

6. Deseos humanos:

Nunca podemos confiar totalmente en nuestras propias mentes y corazones. Antes de poder escuchar la voz de Dios, tenemos que sacar todos nuestros deseos personales fuera del camino. Hay que entregarlos, clavar estos intrusos a la cruz con Jesús y dejarlos morir. Esta es una manera de hacerlo en la oración:

“Padre, en el nombre de Jesús y por el poder del Espíritu Santo, yo hago un acto de mi voluntad al morir a todo razonamiento humano y a mis propios deseos en esta intención. No importa en absoluto lo que pienso o lo que deseo, es lo que Tú piensas lo que cuenta, lo que Tú deseas para mí .En un acto de fe, te doy gracias, Señor, porque Tú has visto la sinceridad de mi corazón, y ves que no voy a obrar según el razonamiento o los deseos humanos. Te pido que silencies la voz de mi propio interior. Me deleito en hacer tu voluntad.”

Cuando oramos, en lugar de decir: “Señor, ayúdame”, deberíamos decir: “Señor, úsame”. Cuando decimos “ayúdame”, significa que todo lo que estamos pidiendo es un poco de ayuda. Aún tenemos las riendas, todavía nos aferramos al control de la situación o del ministerio. Pero cuando decimos “úsame”, es entrega total. Y en señal de rendición, escuchamos a Dios y realmente vemos que Él obra en nosotros y a través de nosotros.

7. Desobediencia:

Cuando Dios dice ve, debemos ir. Cuando Dios dice cambia tus planes, probamos el nuevo plan. Cuando Dios nos dice que hagamos algo, lo hacemos. Esa es la mayor libertad que cualquiera de nosotros jamás podría soñar.

8. Tomarse muy poco tiempo para escuchar:

La mayoría de nosotros no quiere tomarse tiempo para detenerse y escuchar la voz de Dios. Implica mucho esfuerzo buscar entre las Escrituras para encontrar la orientación, así hacemos nuestra propia voluntad y esperamos que esté bien para Dios.

Escuchar a Dios necesita una voluntad rendida. Para rendir nuestra voluntad a la de Dios, debemos estar dispuestos y listos a obedecer todo lo que Dios nos diga que hagamos. Para rendir nuestra voluntad, tenemos que tener un corazón limpio. Los pecados no confesados se interponen en el camino. Lo mismo ocurre con la impaciencia. Tenemos que esperar y darle tiempo a Dios para limpiar nuestros corazones y revelar Sus planes. Cuando esperamos, significa que realmente creemos que Dios está haciendo lo que es mejor para nosotros. Al renunciar a darnos por vencidos, insistiendo en la oración, demostramos que creemos que Dios finalmente nos comunicará su voluntad. Sólo entonces finalmente llegará la respuesta.

9. Duda:

Ya que nunca podemos estar seguros que nos hemos entregado totalmente a Dios, es bueno orar, “Señor, si esta respuesta viene de Ti, entonces la acepto. Por favor auméntala en mí, hasta que no haya lugar a dudas.” A continuación esperamos los resultados. ¿Deja de venir el mismo mensaje? ¿O crece junto con una sensación de seguridad interior?

Tenemos que esperar que Dios revele su respuesta en más de una forma. Dios confirmará sus instrucciones y entre más importante la decisión, más nos dará la confirmación. Él no dejará lugar a dudas. La oiremos cuando encendemos una estación de radio cristiana. Recibiremos un boletín en el correo que habla de la misma idea. Oiremos al sacerdote mencionarlo en su homilía o cantaremos un himno sobre el mismo tema.

10. Desconfianza:

Si creemos que Dios no tiene en su corazón lo que es mejor para nosotros, o si creemos que Dios realmente no se preocupa por nosotros, no podremos oír su llamado al ministerio. Para sanar esto, podemos dar gracias a Dios por la guía que Él nos da antes de estar seguros que nos la ha dado. Esto es lo mismo que decir: “Dios, no importa cuán sordo estoy para Ti, no importa aquello que me distrae de Tu voz, Tú eres más grande que los obstáculos. Eres más grande que yo. Por lo tanto, confío en que tu harás que yo conozca tu voluntad y seguirás insistiendo en llegar a mí y me ayudarás a desear hacer Tu voluntad.”

© 1997 por Terry A. Modica


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