¿Qué nos hace lentos para escuchar la verdad?

Reflexiones Diarias

Reflexiones de las Buenas Nuevas:
Haciendo que las escrituras sean significativas
para tu vida diaria.

por Terry Modica


“Solamente enfocándonos en la realidad del amor de Dios por nosotros, es que podemos atrevernos a escuchar lo que nuestros temores nos dicen que debemos ignorar.”


Reflexión de las Buenas Nuevas para:

Jueves de la 16ta. Semana del Tiempo Ordinario
Julio 27, 2023

Oración para hoy:

Gracias Señor, porque has abierto mis ojos y mis oídos para que pueda reconocerte y escuchar tu voz. Te alabo por responder así, a mi sed del agua viva de tu amor. Amén.

SaintsCitas de Santos:
gnm-es.org/SaintQuotes/

Lecturas de hoy:

Éxodo 19, 1-2.9-11.16-20b
Daniel 3, 52-56
Mateo 13, 10-17
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/072723.cfm

¿Qué nos hace lentos para escuchar la verdad?

¿Qué diferencia hay entre aquellos que entienden lo que enseña la Iglesia y aquellos que no? ¿O lo que Dios dice en las Escrituras? ¿O lo que Jesús quiso decir con las parábolas? Eso es lo que los discípulos querían averiguar en la lectura del Evangelio de hoy. La respuesta está en la profecía de Isaías 6, 9-10 que Jesús citó: los corazones de la gente son gruesos.

En el griego original (el idioma en que escribió Mateo), la palabra “grueso” significaba engrosado o engordado. Jesús estaba hablando acerca de lo que sucede cuando nos llenamos de alimentos del mundo. Porque queremos comer lo que nos hace sentir bien, nos atiborramos con la confitería del mundo, tragando grandes porciones del relativismo moral al estilo de “Haz Tus Propias Reglas” o promocionando nuestras propias ideas o espiritualidad de la “Nueva Era” y cualquier otra cosa que no esté en la mesa del banquete de Dios. En esta dieta, nuestros corazones se tornan “perezosos” y perdemos la verdad, incluso cuando se nos entrega en bandeja de plata.

¿Por qué los niños que fueron criados con una fe sólida dejan la Iglesia cuando son adultos? ¿Qué hace que un buen cristiano se convierta en perezoso? ¿Por qué nos volvemos haraganes al descubrir nuevas cosas y creemos en esas falsedades? Por lo general, es por miedo. Tenemos miedo que no nos guste lo que vamos a oír – ¡como si Dios (directamente o a través de la Iglesia) nos fuera a decir algo que nos hiciera daño!

Por ejemplo, una mujer cristiana que cometió un aborto muchos años atrás, ha aprendido a enterrar la voz persistente de que su feto era un niño real. Temiendo que sería incapaz de vivir con la conciencia de que realmente había matado a alguien, especialmente a un niño al que podría haber amado, se cierra a todos los pensamientos que tengan que ver con este tema. En esta condición, no hay manera que pueda escuchar a Jesús invitándola a la sanación y el perdón que su alma secretamente anhela. Ella piensa que tiene paz, pero no es nada más que negación, que es una paz superficial. Si logra mantener por el resto de su vida esta falsa paz autoimpuesta, será descubierta al momento de su muerte, cuando el hijo que abortó venga con Jesús para darle la bienvenida a la otra vida.

Sólo centrándonos en la realidad del amor de Dios por nosotros, que es inagotable e incondicional y lleno de misericordia, es que podemos arriesgarnos a escuchar lo que nuestros temores nos dicen que ignoremos. El miedo nos dice que Dios no se preocupa tanto por nosotros como lo necesitamos que lo haga. El miedo nos dice que Dios quiere hacer nuestras vidas miserables. El miedo nos dice que lo que hicimos mal es más grande que la misericordia de Dios.

Para silenciar nuestros miedos, tenemos que recordar que el miedo nunca dice la verdad. El Temor es un mentiroso – TEMOR: Tu Enemigo Miente Ocultándote la Realidad. Sólo Dios dice plenamente la verdad, y cuando recordamos que con Dios nada es imposible, podemos soportar oír la verdad. Cuando recordamos que Dios quiere sacar algo bueno de todo, podemos atrevernos a encarar las verdades que más tememos.

Si conoces personas que son lentas para aceptar una verdad que estás tratando de compartir con ellas, concéntrate primero en ayudarles a ver lo mucho que Dios los ama y que les ofrece el perdón y la sanación. Muéstrales lo maravilloso de esta verdad amándoles de la misma manera. Entonces será más fácil ayudarles a darse cuenta de que su crisis interna se puede remediar.

© 2023 por Terry A. Modica

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