¡Apoya nuestra recaudación de fondos del Sagrado Corazón!
Without your help, this ministry won’t survive much longer.
Reflexiones de las Buenas Nuevas:
Haciendo que las escrituras sean significativas
para tu vida diaria.
por Terry Modica

Como hijos de Dios tenemos su amor y preocupación, lo merezcamos o no.
Reflexión de las Buenas Nuevas para:
Martes de la 18va. Semana del Tiempo Ordinario
Memorial de San Juan María Vianney, Presbítero
Agosto 4, 2026
Oración para hoy:
Amado Jesús: dame un encuentro personal contigo que transforme toda mi existencia. Sostenme con tu mano, mientras recorro este camino hacia ti. Amén.
¡MEJORA TU DÍA!
Poderosas oraciones católicas con la reflexión diaria están disponibles en nuestro canal de YouTube en español.
Lecturas de hoy:
Jeremías 30, 1-2.12-15.18-22
Salmo 102, 16-23.29
Mateo 14, 22-36 (o Mateo 15, 1-2.10-14)
bible.usccb.org/es/bible/lecturas/080426.cfm
Cómo caminar sobre el agua o volar como una mariposa
La lectura de Mateo 14, 22-36 nos enseña que para mantenernos sobre el agua debemos mantener nuestros ojos en Jesús en lugar de ponerlos en los problemas que están ahogándonos. ¿Te has preguntado alguna vez por qué no es suficiente sólo con creer en Jesús?
El problema radica en no saber quiénes somos realmente. ¿Cómo podemos seguir a Jesús por encima de las olas sacudidas por la tormenta si no nos damos cuenta que somos los hijos amados del Padre? Nos hundimos porque dudamos de que Dios nos va a proteger y la duda surge de no estar seguros de este amor por nosotros, de su generosidad o de sus sueños para nosotros. Pensamos que, como no somos lo suficientemente buenos como para merecer este cuidado amoroso, él retira su compasión de nosotros. Las tormentas y las olas parecen ser la evidencia de que él no se preocupa por nosotros o de que no nos aprueba.
Entonces, ¡por supuesto que nos hundimos en aguas problemáticas!
De lo que no nos damos cuenta es de que, como hijos de Dios, tenemos su amor y preocupación, lo merezcamos o no y, como seguidores de Jesús, vamos por encima de las olas. Como seguidores de Jesús, debemos salir del bote y caminar sobre el agua, siguiéndolo donde él vaya, haciendo lo que él nos diga. Para los cristianos, la vida es toda una aventura.
Permíteme que explique esto con una pequeña parábola sobre la tierra seca.
Parábola de la Pequeña Oruga Marrón
Había una vez, en un gran bosque, al pie de un árbol muy alto, se deslizaba sobre la tierra blanda, sucia y oscura, una oruga marrón, gorda y blanda. Su nombre era Bumpadú.
Lo extraño de Bumpadú era que él no sabía que era una oruga. Él creía que era un gusano. Por eso es que se deslizaba al pie de un árbol muy alto en vez de trepar ese árbol, seguir por sus ramas hasta las yemas, saliendo al brillante sol para disfrutar del banquete de verdes y abundantes hojas.
Bumpadú no siempre vivió en la suciedad. Mucho tiempo atrás, había seguido su verdadera naturaleza desde el árbol hasta las hojas y había comido al sol, había crecido, engordado y se había vuelto más feliz, tal como debía suceder al comer mucho, mucho alimento verde y bueno. Pero vino un viento, sopló por las ramas del árbol y sacudió las hojas poderosamente. Bumpadú creyó que se iba a caer. Bumpadú pensó que iba a morir, entonces, salió corriendo por las hojas, por las ramas y bajó por la corteza del árbol, hacia la seguridad de la tierra quieta, tranquila y sucia.
En la tierra se encontró con otras criaturas que se deslizaban por donde a él le gustaba. Se llamaban gusanos y, ya que a Bumpadú le gustaba la tranquilidad y la quietud de la tierra sucia, comenzó a pensar que él también era un gusano. Con el tiempo olvidó cómo habían sido de sabrosas las abundantes y verdes hojas. Olvidó lo hermoso que lucía el bosque cuando lo veía desde la altura de un alto árbol y olvidó que la vida era más que desplazarse por la sucia tierra como un gusano.
Un lúgubre y lluvioso día, en la tranquila y barrosa tierra, Bumpadú escuchó, repentinamente, que algo rebotaba con un pequeño ruido. Sacó su cabeza de la tierra para ver qué había sucedido y se encontró, cara a cara, con un gran gusano que lucía exactamente como él — marrón, gordo y blando.
“¿Quién eres?” preguntó Bumpadú.
“¡Oh no! ¿Dónde estoy?” exclamó la extraña. “Estaba mascando mi cena,” dijo ella, “colgándome como podía de la hoja mojada y resbalosa, un viento vino, me sacudió, caí y aquí estoy, ¿dónde estoy?”
“¡Estás conmigo!” dijo Bumpadú. “Pero no sé tu nombre. ¿Me lo podrías decir? Soy un gusano llamado Bumpadú.”
“Oh, mis disculpas, olvidé mis modales,” dijo la extraña. “Es un placer conocerte. Mi nombre es Faddawolladee. Soy una oruga y debo trepar nuevamente al árbol hasta el lugar donde vivo.” Miró hacia arriba, arriba, arriba de su árbol muy alto.
Bumpadú se rió. “¿Una oruga dices? Pero te pareces a mí. Debes ser un gusano como yo.”
Faddawolladee volvió su mirada a Bumpadú. Lo miró detenidamente. “Sí, nos parecemos mucho. Eso significa que tú no eres un gusano. Eso significa que tú eres una oruga.”
Bumpadú sacudió la cabeza de su cuerpo gordo y blando y dijo: “Tú y yo no podríamos ser orugas. Las orugas son criaturas gloriosas que viven en los árboles en lugar de la tierra y que construyen capullos en las hojas, transformándose así en hermosas mariposas. Tú eres sólo un gusano como yo. Ven, sígueme y te mostraré dónde puedes encontrar un poco de mugre riquísima para revolcarte.”
Faddawolladee contestó: “¡Oh no, mi amigo! Yo soy verdaderamente una oruga. En realidad justo iba a comenzar a construir mi capullo cuando vino esta tormenta de lluvia con sus vientos y no pude sostenerme lo suficiente, entonces me caí.”
Su actitud sorprendió a Bumpadú. “¡Qué arrogante de tu parte pretender ser una oruga!” dijo. “Me estás diciendo que eres mejor que yo, sin embargo somos iguales.”
Faddawolladee suspiró. “Tú no eres un gusano, mi amigo. Tú eres una oruga como yo. Deberías estar disfrutando el banquete de abundantes hojas verdes que hay allá arriba en el árbol alto. Comenzaré el largo camino hacia arriba exactamente ahora. ¿Por qué no vienes conmigo?”
“¿Cómo puedes decir que no soy un gusano?” insistió Bumpadú. “¿No puedes ver que vivo y me desplazo y como en la tierra blanda y sucia? Y tú, ciertamente, no eres mejor que yo. ¡No tienes derecho a decir que tú eres una oruga y, con esa expresión, querer decir que algún día tú te convertirás en una hermosa mariposa!”
Faddawolladee miró intensa y silenciosamente a Bumpadú. Luego, se volvió y comenzó a trepar el árbol. “Es una escalada larga hasta las hojas,” dijo ella, “pero es un camino que debo tomar. No puedo forzarte a que vengas conmigo, no puedo hacerte creer que yo soy una oruga y que tú también lo eres. Sí puedo decirte que arriba, en el árbol, un largo camino desde aquí, hay abundantes hojas verdes y deliciosas bajo el brillante sol, pero no puedo hacerte entender cuán deliciosas que son. Vale la pena todo el esfuerzo desde aquí. Te invito a que vengas — pero la elección es tuya.”
Bumpadú miró hacia arriba, arriba, arriba hacia el techo del bosque. “¿No tienes miedo de caer nuevamente cuando regrese el viento?” preguntó. “Un gusano que piensa que puede vivir allí, comer y no caerse está viviendo una ilusión.”
Faddawolladee apoyó su pie en la base del árbol. “La caída no es lo que deberíamos temer,” dijo. “Quedarnos en la suciedad después de la caída – eso sí que debería hacernos temblar como para movernos a hacer todo lo que sea necesario para convertirnos en las mariposas para las que fuimos creados.” Y con una última mirada hacia Bumpadú, dijo: “Tú no puedes ver quién soy realmente, tampoco puedes ver quién eres realmente, a menos que lo intentes con este árbol.”
Puedes alabar al Señor con nuestra canción: “Tan grande es su fidelidad” en https://www.youtube.com/watch?v=xgPj1ZOXkY0
© Terry A. Modica, Good News Ministries
Por favor, compártelo con los demás invitándolos a visitar esta página. También podrías imprimirlo para tu uso personal y compartir la impresión con otras personas.






El documento en PDF gratuito está disponible para tu uso personal. Para compartirlo con otros, por favor, invítalos a esta página.